Teresa Parodi habla con voz calma y alegre, profunda, como cuando canta. Celebra que Caras y Caretas dedique una edición a Hebe de Bonafini, y la conversación tiene casi como un gesto performático al recordarla, momentos de análisis preciso junto a largos pasajes de íntima emoción. Así la palabra de la gran cantora trae, en esa dialéctica, un vívido recuerdo de Hebe, la mujer de ojos húmedos que fue también una montaña.
–¿Cómo conoció a Hebe y cómo fue creciendo esa relación?
–Las Madres impactaron en la vida de todos nosotros desde el primer momento. Yo hacía poco que vivía en Buenos Aires y, cuando aún no era conocida por mi trabajo con la música, muchas veces las acompañaba. Años después, ya siendo conocida, recibí un llamado de Hebe invitándome a cantar en el acto en el Luna Park por sus diez años de lucha. Fue muy emocionante para mí esa invitación. Desde ese momento hablé con ella como si lo hubiéramos hecho toda la vida. Sentí esa afinidad inmediata, esa empatía, y así fue hasta el último día de su vida. Hebe no solo fue muy importante para la vida de todos los argentinos, sino también para mí en lo personal. Hablábamos a diario y estuvimos muy unidas en todas las luchas y en momentos muy duros para las Madres.
–¿Cómo surgió el ECuNHi?
–Años más tarde, antes de una marcha del 24 de marzo en la que yo cantaba, me contó que Néstor Kirchner les había entregado la ex ESMA a los organismos de derechos humanos. Ellas habían elegido una locación donde querían hacer un espacio cultural y me propusieron estar al frente. Nuevamente sentí una enorme emoción y un gran compromiso. Bajo las instrucciones de ellas hicimos el Espacio Cultural Nuestros Hijos, popularmente conocido como ECuNHi, que nunca dejó de funcionar, ni en los momentos más difíciles como este que estamos viviendo.
–¿Cómo diseñaron el proyecto del ECuNHi?
–Lo primero que me dijo fue que le presentara un proyecto, que escribí a partir de lo que ellas querían. Era fundamental que fuera escuela y espacio de arte, donde nos encontremos celebrando la vida, la lucha y la memoria, dejando claro por qué estábamos allí y en nombre de quiénes. ¿Qué mejor manera de celebrar la vida que con las herramientas del arte? Hebe me decía “esto lo vamos a ir ocupando con las actividades y con la gente”, así que lo primero fue convocar a pintar en esos muros que guardaban sonidos metálicos, porque ahí se armaban prototipos de barcos. Vamos a pintar soles y flores, decía. Así creamos un espacio que a través del arte llama a pensar y participar. En ese momento entendí que teníamos que lograr que en ese espacio del horror se encuentren los adultos mayores y los niños que venían por primera vez. Para plantar vida en ese lugar era importante que se encontraran en actividades diversas todas las generaciones. El ECuNHi creció gracias a ese fervor y ese amor que tienen las Madres. Fueron muchos los pasos que dimos para que se conozca, pero sobre todo para que la gente se anime a entrar. Porque llegaban a la puerta, veían un lugar oscuro, y no se atrevían a entrar. Es el espacio de lo vital y de la libertad, que es lo que las Madres querían hacer. Se logró gracias a la energía maravillosa de ellas y la convicción de todos y cada uno de los integrantes del conjunto de personas con que lo hicimos. Se trabajó con la conciencia colectiva del mandato que recibimos de las Madres para cambiar el sentido de ese lugar y hoy allí se sigue construyendo memoria.
–Si tuviera que elegir un recuerdo de lo que hicieron allí, ¿cuál elegiría?
–Siempre recuerdo ese taller maravilloso que se llamaba “Cocinando Política”, donde Hebe compartía recetas y hablaba de política con la gente, mientras enseñaba a cocinar lo que aprendió de su madre y su abuela. Se cocinaba y se comía, compartiendo esa comida entre todos. Ella mezclaba una cosa con la otra, porque en la política se metía lo cotidiano a través de la comida. Gracias a esta concepción de vida, Hebe construía todo el tiempo. Eso era lo extraordinario en ella. Ahí éramos una comunidad, nos reuníamos para hablar de política, después cantábamos y nos reíamos, y volvíamos a meternos en la discusión política. Ella interpelaba a todos, le preguntaba a cada uno qué andaba haciendo o qué pensaba sobre determinada cuestión.
–¿Cómo era Hebe?
–Contestataria y a la vez era la sensibilidad en estado puro. De golpe todo era blando, sobre todo cuando recordaba momentos de su vida. Entonces se llenaban sus ojos verdes, que tenían una mirada hermosa. Se secaba disimuladamente con la mano y seguía hablando con pasión y vehemencia, por encima de ese llanto contenido. Y de golpe era muy graciosa, podías reírte muchísimo con ella. Pero guarda cuando se enojaba, cambiaba la actitud y aparecía la potencia de esa voz que tenía, una voz con un color maravilloso, que parece siempre joven. Era brillante, con una capacidad de análisis increíble. Utilizaba las palabras con impacto y emoción. Todo eso que vivía en Hebe, eso que adentro estaba en permanente ebullición, es lo que la hace única y viva siempre. Soñó y logró tres cosas que ella deseaba dejar: el espacio cultural, la radio y la universidad. Las tres siguen estando vigentes.
–Usted fue la primera ministra de Cultura de nuestro país, además de artista popular. ¿Cómo está viviendo este momento de ajuste y violen- cia en general y en relación con la cultura en particular?
–Era de imaginar que los ataques a la cultura iban a ser fuertes, porque es el alma del pueblo, y porque cada proyecto político es un proyecto cultural. Ahora hay una mirada absolutamente diferente a la que tiene nuestro proyecto político. Nosotros sabemos que la cultura también es qué lugar ocupan los mayores y los niños; qué lugar tiene la educación y la salud. Esa concepción del mundo que tenemos es diametralmente opuesta a la que tiene el gobierno. Entonces, ¿qué tienen más a mano para atacar?: el quehacer cultural del país, porque es intentar borrar la memoria. Por eso avanzan en la persecución. Ahora no amordazan, ni encarcelan, pero cuentan con la inefable herramienta de la redes, que permiten instalar discursos de odio y perseguir a cualquiera que ose elevar su voz contra la mirada del gobierno. Creo que primero tuvimos un sacudón muy grande, un estupor. Pero siento que hay por abajo una movilización que, como todas las movilizaciones, para que sea válida tiene que empezar desde abajo. Siento que hay un pueblo que está reaccionando cada vez más ante los ataques. Y que, por más que insistan, es como tapar el sol con las manos. Igual vamos a seguir diciendo y pensando, cantando y opinando. Manifestándonos pacíficamente para decir basta.

