Había comenzado a llover y un viento fresco agitaba las ramas de los árboles cuando Estela de Carlotto contestó el teléfono desde su casa de La Plata. Los primeros comentarios de la conversación con Caras y Caretas giraron en torno al alivio que traerá la lluvia luego de varios días de calor sofocante.
La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo es una de las figuras históricas de los organismos de derechos humanos de la Argentina y del mundo. Habló sobre otra figura emblemática, que dejó una marca imborrable: la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini. “Empezamos más o menos al mismo tiempo”, dijo Estela, al referirse al inicio de la lucha de ambas por conocer el paradero de sus hijos.
Las dos eran de La Plata. Sus hijos desaparecieron en el mismo año, en 1977, en el momento más cruento del plan de exterminio desplegado por la última dictadura cívico-militar. Jorge Omar y Raúl Alfredo eran los hijos de Hebe; Laura, la hija de Estela, que también había comenzado a buscar a su nieto porque Laura estaba gestando un hijo cuando la dictadura la desapareció.
LOS COMIENZOS DE UNA LUCHA EN COMÚN
“La primera reunión que tuve fue con Madres y Abuelas, con esa doble búsqueda. Fue en La Plata. Ahí estaba (María Isabel) Chicha Mariani. Ese día todavía no había conocido a Hebe”, contó Estela. Luego afloraron más recuerdos. “En aquellos primeros momentos de lucha contra la dictadura estuve en más de una ocasión en la casa de Hebe, acá en La Plata. Fue cuando no sabíamos qué hacer. Nosotras buscábamos nietitos. Recuerdo que en aquellos primeros momentos nos reunimos en su casa de City Bell. Chicha Mariani era vecina de Hebe.”
La fecha clave en la historia de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo fue el 30 de abril de 1977. Era un sábado y catorce mujeres, entre las que todavía no estaban Hebe y Estela, se reunieron por primera vez para reclamar por el destino de sus hijos frente a la Casa Rosada, habitada por el dictador Jorge Rafael Videla. Era el nacimiento de un David que terminaría derrotando a Goliat.
La memoria tiene recuerdos nítidos y otros son más imprecisos, como diapositivas que se entremezclan. “Desde La Plata hacíamos actividades grupales –señaló Estela–. Venían otras madres y abuelas de la zona. Cuando decidimos ir por primera vez a la Plaza de Mayo fue para protestar contra el gobierno. Todavía no hacíamos rondas. La primera vez para mí fue enfrentar algo muy duro y aprender también de estas personas que habían empezado antes. Al principio íbamos todas juntas a la Plaza. Iban los hombres, que después dejaron de ir.”
Los varones dejaron de asistir, según Estela, porque los dictadores los consideraban peligrosos. “Para ellos nosotras éramos las tontas, así que corríamos menos riesgos que nuestros maridos si protestábamos en la calle.”
Se sabe que con los años afloraron diferencias profundas entre los distintos organismos de derechos humanos. Las más fuertes surgieron luego del final de la dictadura, respecto de la búsqueda de los restos de los desaparecidos, también acerca de aceptar o no las indemnizaciones que otorgó el Estado para los familiares.
VISIONES DIFERENTES
Antes de todo eso había diferencias solo por los objetivos que se tenían. “Nosotras no hacíamos con Hebe muchas actividades porque buscábamos a los nietos además de a los hijos. La diferencia inicial fue esa”, destacó Estela. “Luego nos distanciamos y aparecieron diferencias más profundas. Las actitudes y actividades de Hebe y su grupo eran muy distintas de las nuestras. Cada una trabajó en lo suyo. Cada una hacía lo que podía y tratamos de llevarnos lo mejor posible.”
Las nubes grises seguían viéndose apretadas unas con otras a través de la ventana. Las gotas de la lluvia comenzaron a caer con más fuerza. Era posible imaginarlas mojando la avenida 7 de La Plata y la Plaza Italia, con su forma circular, sus árboles de pino, su monumento con el águila en la cima. Era posible imaginar aquella primera vez en que estas dos mujeres que hicieron historia se encontraron en alguna casa de City Bell, a lo mejor también llovía esa tarde. Ambas ya eran víctimas del terrorismo de Estado en ese momento, quizá sin poder dimensionar todavía el horror que las rodeaba.
“Fue una luchadora –señaló ahora Estela sobre Hebe– y murió luchando. Hizo lo que le parecía que estaba bien, a pesar de las diferencias que tuvimos. Tuvo una actividad muy fuerte también en el área social. Luchó a su manera. No coincidíamos en muchas cosas. Tuvo su forma. Y nosotras habíamos aceptado ya que ella tenía esa modalidad. Era una mujer con un carácter muy fuerte. Yo soy una mujer mayor también y quiero seguir luchando para que las palabras memoria, verdad y justicia sean una realidad.”
