Es la referente actual de la organización Madres de Plaza de Mayo. Es hermana de un desaparecido, pero es Madre por derecho propio. “Yo no tuve hijos. Mi hermano y las Madres, me hicieron Madre”, señala con humildad y emoción. En octubre de 2017 Hebe la ungió como su sucesora al entregarle su pañuelo y, desde entonces hasta su muerte, no cesó de prepararla para conducir la organización de las madres más valerosas y corajudas que conozca la historia argentina.
–¿Cuál es el primer recuerdo que tenés de Hebe?
–Tengo recuerdos de Hebe desde siempre. Yo acompañaba a mi mamá desde que desapareció mi hermano. En ese tiempo eran muchas las Madres. Pero desde el primer momento, Hebe fue una figura para todas nosotras porque ella era la que hablaba. Las marchas comenzaron el 30 de abril y mi hermano desapareció en mayo. Mi madre presentó un Habeas Corpus y se encontró con una Madre que se llamaba Elisa, quien le contó que había un grupo de Madres que todos los jueves marchaban. En junio se incorporó al grupo. Yo venía todo lo que podía, pero los jueves trabajaba en una peluquería. En esa época se hacían reuniones también en distintos lugares que nos prestaban, y en iglesias como la de Santa Cruz y otras de Quilmes donde el obispo era Jorge Novak. Cuando esas reuniones se hacían domingo o lunes yo seguía acompañando a mi mamá. Y Hebe siempre iba al frente.
–¿Cuándo se vuelve más estrecho el vínculo con Hebe?
–Mi mamá fallece en el 2006 y mi esposo en el 2007. A partir de ahí, sola y jubilada, no falté un solo jueves a la plaza y a la organización. Y fui teniendo más contacto con Hebe. Al punto que, en octubre de 2017, con motivo del cuarenta aniversario en que las Madres se pusieran por primera vez el pañuelo blanco, me invitó a ir a Luján en el minibús que iba ella. Cuando llegamos a Luján, Hebe, que estaba sentada en el primer asiento me llamó, se sacó el pañuelo de la cabeza y me dijo: “Tomá Carmen, esto es para que lo uses siempre con nosotras”. Yo no le pude contestar nada, me puse a llorar. Lo único que le dije fue: “Yo tengo el pañuelo de mi mamá”. Porque yo el pañuelo de mi mamá lo llevo como si fuera mi seguridad y mi amuleto. Hebe me dice: “Sí, pero este es tuyo”. Después de un tiempo ella me preguntó: “¿Qué sentiste cuando te di el pañuelo?” Le digo: “Hebe, fue el mejor premio de mi vida”. Y lo sigo diciendo. Es un honor. Me cuesta mucho a veces soportar todo lo que estamos soportando bajo el gobierno del innombrable. Pero sigue siendo el mejor premio de mi vida.
–Tendrás decenas de anécdotas de ella. ¿Cuáles gustarías evocar?
–Recuerdo cuando me contó su primera cita con el Papa y que ella se quiso disculpar porque lo había puteado mucho siendo Bergoglio y él le dijo: “No hay nada que disculpar, eso está borrado”. El Papa la llamaba muy seguido. Y también Fidel Castro. Cuando ganó Kirchner, todas teníamos mucha desconfianza porque creíamos que era la marioneta de Duhalde y sin embargo, Fidel Castro la llamó y le dijo: “Tené paciencia con Néstor. Es un diamante”. Cuando a Hebe la quisieron meter presa, estaba el edificio rodeado de militares y policías, y ella le dijo al minibús que viniera a buscarla a la vereda y se escapó por ahí y salió a la Plaza. Y cuando vino el juez y le invitó un vaso de caña con ruda. Cuando Macri mandó a sacar el piso de la Plaza de Mayo, Hebe fue a la madrugada y le pidió a los obreros que le traigan las baldosas donde estaba dibujado el pañuelo. Así se conservaron y hoy forman parte de maquetas y monumentos en diferentes universidades. A mí me gusta recordarla así: con esa fuerza, con ese ímpetu, con esas puteadas que se mandaba cuando correspondía y si no correspondía también. “Yo sé que digo malas palabras y en la televisión me ponen el pitito”, decía jocosa. ¿Cómo alguien le podía reprochar que puteara tanto? Le llevaron dos hijos, la nuera y un bebé. ¿Qué va a hablar? ¿De flores?
–¿Y algunas anécdotas más personales que tengas con ella?
–Terminando el 2017 yo había aprobado todas las materias de la licenciatura en Trabajo Social en la Universidad de las Madres. Cuando quise defender la tesis, Bujan, el rector impuesto por Macri, me dijo que yo debía un cuatrimestre. Él no me recibía y yo solo reclamaba a las chicas del departamento de alumnos. Me mandaron a recursar. Cuando estaba por volver a la universidad, Hebe me dice: “¿Dónde vas, Carmen?”. “A recursar porque me pasó esto”. “Mandalos a la mierda, no vayas nada”, me aconsejó ella (risas). Pero también tengo recuerdos del último tiempo de su vida. Me di cuenta de que Hebe me estaba preparando. Mi miedo mayor es no estar a la altura porque Hebe es irreemplazable, nadie pretende eso. Demetrio (Iramain), el gran amigo de todas nosotras, me dice: “Hebe te eligió y por algo te eligió a vos”. Hebe no se equivocaba nunca, ni cuando puteaba. En los últimos tiempos, ella me traía mucho acá a su escritorio, frente a esta misma silla que me cuesta tanto ocupar, y me hablaba de otros tiempos de las Madres, de su vida personal. Cuando ella partió, mi cabeza no lo aceptaba. Tenía idea de que iba a ser eterna. Yo estuve la última noche con ella y me fui de su casa pensando que al otro día la vería otra vez.
–¿Cómo era la Hebe más íntima?
–Ella no era fácil, de ninguna manera, pero era una mujer extraordinaria. También era explosiva. A todas nos retó alguna vez, aunque a mí no tanto. Cuando estábamos a solas, solía preguntarme cosas de mi familia, si sabía la militancia de mi hermano… La gente la veía así brusca, pero podía ser muy dulce, amorosa y cariñosa. Por otro lado, no habrá otra igual. Nadie podía creer que Hebe no tenía más estudio que la escuela primaria y pudiera articular tremendos discursos políticos y académicos. Incluso escribía bellos poemas. Siempre en papeles sin renglones. Ella decía que todo eso lo había aprendido de sus hijos. Tenía una profunda inteligencia y era sumamente avanzada para su época. La Universidad de Madres de Plaza de Mayo fue pionera en inscribir a un hombre trans, Kalym Soria, con el nombre elegido y no con el que figuraba en el DNI, muchos años antes de la Ley de Identidad de Género. Y eso gracias a Hebe.
–¿Cuál es su legado?
–Hebe es una presencia constante y una palabra continua en Madres. Cada vez que voy a decir una palabra en la Plaza, pienso: “¿Esto lo diría Hebe? ¿Qué haría Hebe?” ¡Cómo estaría puteando Hebe en este momento! ¿Cómo se enfrentaría a estos que tenemos en el gobierno?
–¿Cuáles son los desafíos frente a las embestidas y a las políticas negacionistas del gobierno nacional?
–Seguir defendiendo nuestros archivos que tanto ansía la ultraderecha y que quisieron arrebatarnos desde la época de Macri. Los militares no entregan las listas de desaparecidos, pero quieren nuestros archivos para borrar la memoria. Nos persiguen de todos lados, pero el problema más acuciante es la Universidad. Estamos a punto de perderla. Y eso también decimos, ¿qué haría Hebe en este momento con esto? No nos aceptan a Cristina Camaño como rectora y quieren imponernos un rector. Hay noches que no duermo pensando en la Universidad, con lo que costó este otro gran invento de educación nacional y popular de Hebe.

