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“Quiroga fue árbitro de las luchas internas del federalismo”

Foto: Lucía Coria

Es investigadora del Conicet y docente de Historia Argentina I en la Universidad de Mar del Plata. Valentina Ayrolo lleva tres décadas de trabajo como historiadora. La última, abocada al devenir político de la provincia de La Rioja. En ese marco analizó el fenómeno de las montoneras y su incidencia en la figura de Facundo Quiroga. “Hasta 1820 va construyendo su liderazgo y su importancia en la región. Empieza a tener relación y vínculo con todos los tenientes o capitanes de milicias del interior de Los Llanos. Y esto le da poder. Uno de los elementos más importantes de la construcción del poder de este tipo de líderes es justamente tener buen vínculo y poder sobre los líderes menores. Esto le permite articular después”, analiza.

–¿En qué consistía el fenómeno de las montoneras a principios del siglo XIX?

–Originalmente, las montoneras tienen que ver con una forma de hacer la guerra. Se aplica a diversas formas de acción militar que, en el período de las independencias, tienen una base popular importante. Hay una asociación directa con la idea de algo fuera de la ley, pero es una especie de trampa, porque como acción militar las montoneras se aplicaban cuando no había posibilidad de mantener un ejército de línea formal y se apelaba a esta forma de hacer la guerra. Muchas se constituían en base a ejércitos en desbandada o sublevados. Conservaban su estructura militar y respondían al proyecto político de sus jefes. Otras, deambulaban en busca de recursos, hasta diluirse por las deserciones o incorporarse a fuerzas políticas con las que en general guardaban identidades facciosas. Estudié las montoneras en sí mismas, como grupo de salteadores, y muchas veces, cuando los toman presos y les hacen interrogatorios, dicen ‘es mi forma de vida’. Porque les proveía materialidad, comida.

–¿Qué particularidad tenían las montoneras riojanas?

–En La Rioja, las montoneras tuvieron ese doble carácter. Por un lado, luego de la independencia de la provincia en 1820 y durante el período en que Quiroga estuvo a cargo del ejército provincial, eran la forma de movilización de esa fuerza guerrera provincial. Pero también estaban constituidas básicamente por los hombres que se lograba movilizar en los departamentos rurales de La Rioja: en general muchos formaban parte de las milicias, ofrecían a distintos caudillos la posibilidad de intervenir tanto en la política a nivel local, como provincial y supraprovincial. Hay muchos ejemplos de la actuación de las montoneras de La Rioja en territorio cordobés y viceversa.

–¿Qué incidencia y qué relación tuvo Facundo Quiroga con esas montoneras?

–En 1816 Juan Fulgencio Peñaloza (tío de Chacho), comandante de milicias del departamento de Los Llanos, le comunica que queda como teniente de las pedanías de Ñoqueve y San Antonio, en reemplazo de su hermano Claudio Quiroga –que parece que no era muy bueno con las armas–. Fulgencio le delega en distintos momentos la comandancia de milicias de todo el departamento, cuando por distintos motivos se tenía que ausentar. Así Quiroga empieza a tener relación y vínculo con todas las personas importantes, tenientes o capitanes de milicias del interior de Los Llanos. Y esto le da poder. La construcción de su mando tiene que ver sobre todo con el tiempo transcurrido entre 1816 y 1820, años en los que la guerra atravesó el territorio riojano. Su rol en el reclutamiento y dirección de hombres para la constitución de distintos batallones del ejército, las movilizaciones que le fueron solicitadas por los gobernadores de ese período, las requisas y donaciones que recolectó en Los Llanos sumados a sus actividades ligadas a la ganadería y luego a la minería le permitirán conocer gente, afianzar lazos heredados, pero también construir nuevos. En 1818 Quiroga queda a cargo de la comandancia de forma interina de Los Llanos y después de 1823 ya es la cabeza del ejército de la provincia.

–¿Cómo se entrelazaban las disputas y contiendas de la política riojana en el marco de la puja unitarios-federales?

–Las luchas de unitarios y federales están indefectiblemente unidas a la historia riojana. El faccionalismo como forma de hacer política fue un elemento nuevo –que aporta la Revolución de Mayo– y es la manera que encuentra La Rioja (unirse a un bando u a otro) de integrarse a proyectos políticos mayores que le dieran viabilidad a la provincia. Desde 1826 –cuando La Rioja retira sus diputados del Congreso nacional en desacuerdo a las posturas que tomó sobre el banco nacional y la casa de amonedación– hasta su muerte, Quiroga fue el referente del federalismo del interior. Sus estrechos vínculos con gobernadores, ganaderos, mineros, financistas y militares le proveyeron poder y credibilidad. Si bien el federalismo tuvo muchos referentes, Quiroga logró imponerse en el interior como representante de todos y, sobre todo, en el marco de la lucha contra los unitarios, en particular Gregorio Aráoz de Lamadrid. En este sentido la batalla de la Ciudadela en Tucumán en 1831 fue célebre, y de alguna manera resarció las derrotas que había sufrido en manos del ejército de José María Paz.

–¿Cómo logró Quiroga su proyección e influencia en otras provincias? ¿Qué peso tuvieron en esos casos las montoneras locales?

–Estudié levantamientos montoneros entre 1832 y 33 para derrotar a los hermanos Reynafé –que disputaban el liderazgo del federalismo del interior– y cuando son apresados dicen que Quiroga estaba detrás de esos desestabilizadores. Esto decían algunos hombres. La idea de que Quiroga estaba detrás de ese movimiento es importante y puede haber sido así. Son varios federalismos disputando el poder hasta que se impone el rosismo, más adelante. Si bien el carisma de Quiroga es innegable, también lo es su arbitrariedad. Sin embargo, tenía hombres de su confianza en los que encontró apoyo y solidaridad a la hora de movilizar recursos y gente. Me parece que algunos condimentos de su perfil se trasparentan en la coyuntura de su muerte, en 1835. Primero, el de su liderazgo indiscutido en el interior. Hubo una disputa abierta dentro del federalismo del interior que, hasta 1829, había tenido en el gobernador de Córdoba Juan Bautista Bustos a su representante. Desaparecido Bustos, ese lugar se disputó y los Reynafé quedaron afuera. Rosas prefirió apoyar a Quiroga, a quien hizo su aliado apenas el riojano perdió contra Paz (hay una novela de Manuel Gálvez que describe esto: es recibido como un héroe pero acaba de ser derrotado). Desde ese lugar, ungido por Rosas, Quiroga fue árbitro de las luchas internas del federalismo. Segundo, con el propio perfil de ese liderazgo bastante arbitrario o sesgado y díscolo.

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