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“La historia oficial, abierta o encubiertamente, adjudica la muerte de Quiroga a Rosas”

Francisco Pacho O’Donnell, podría decirse, no necesita presentación. Su recorrido es conocido. Se ancla en la tradición argentina de quienes transitan entre dos mundos, que ciertamente se tocan: la cultura y la política. Se recibió de médico, se especializó en psiquiatría y psicoanálisis. Estuvo exiliado durante la última dictadura. Con la restauración de la democracia retornó al país y fue secretario de Cultura de la entonces Capital Federal, durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Luego ocupó el mismo puesto, a nivel nacional, en la gestión de Carlos Menem, y entre otras cosas puso en marcha el INCAA.

–¿Cuáles eran los rasgos distintivos de Quiroga?

–Integra el grupo de los caudillos del interior, mediterráneos, con Bustos, Güemes, Ibarra, Heredia, a diferencia de los litoraleños Rosas, Artigas, López, Ramírez. La lucha de aquellos era por la subsistencia, por el respeto a sus precarias industrias, por sus derechos a las rentas de la aduana, por la justicia social para su paisanaje empobrecido, mientras estos bregaban, además, porque se les permitieran los mismos privilegios que Buenos Aires, con la que compartían la riqueza de sus campos y los puertos fluviales con acceso al mar.

–¿Cuál era el origen familiar de Facundo?

–Nació en La Rioja, en San Antonio de los Llanos en 1788. Sus padres fueron José Prudencio Quiroga y Juana Rosa de Argañaraz, de desahogada posición económica y de abolengo familar, pues don José Prudencio era descendiente de los reyes visigodos Reciario II y Recaredo I. Doña Juana Rosa, por su parte, era descendiente de Francisco de Argañaraz y Murguía, fundador de San Salvador de Jujuy en 1593. Son datos genealógicos que contradicen la falacia histórica de que los caudillos eran de baja extracción social, ignorantes, primitivos. También Artigas, Güemes, Bustos, Heredia tuvieron cuna “decente”.

–¿Cómo fueron sus primeros pasos en el terreno militar?

–El 31 de enero de 1818 es nombrado comandante militar de Malanzán y dos años más tarde comandante interino de Los Llanos. Por esos tiempos el prestigio de Quiroga va en aumento en toda la región. Demuestra condiciones de liderazgo, mimetizado con las vestimentas y los hábitos de los gauchos y estos acuden a él cuando necesitan algo: solución de diferendos, ayuda pecuniaria, protección contra una injusticia, recomendación para el gobierno, certificación de hombría de bien. En ese escenario y con esas virtudes, en su condición de hombre más rico de Los Llanos y de comandante militar de las Milicias, pronto comenzaría a actuar abiertamente en política.

–¿De qué forma se da esa incursión?

–En 1823 fue elegido gobernador de su provincia, aunque renunciaría prontamente pues siempre rehuyó a los cargos públicos, que no le hicieron falta para hacer sentir su poderío. A favor de la fama que va extendiéndose de su coraje y generosidad influye también en las provincias vecinas. Hasta entonces Facundo no se ha definido claramente entre el unitarismo y el federalismo. Lo hará a raíz de un grave conflicto con Rivadavia, que en 1826 se había proclamado presidente de la república, contradiciendo la voluntad de las provincias federales. Ello le daba jurisdicción en todo el territorio y facilitaba los negocios que anudaba con agentes extranjeros. Con empresarios londinenses, don Bernardino, a pesar de su importante cargo público, participó de entidades comerciales privadas creadas con el objetivo de explotar las minas de plata de La Rioja, una de las pocas fuentes de recursos para la administración riojana y en las que Quiroga tenía intereses personales. Una de esas compañías era la River Plate Mining Association cuyos representantes, cuando pretendieron tomar posesión de las minas exhibiendo un contrato firmado por Rivadavia, fueron expulsados con brusquedad de la provincia.

–¿Cuáles eran las ideas, a grandes rasgos, de Quiroga respecto de la organización nacional?

–Puso de relieve Alberto González Arzac las ideas fundamentales que Quiroga quería que quedasen sancionadas en la letra del “cuadernito” (como gauchescamente llamaba a la Constitución) y pueden sintetizarse así: 1) régimen republicano, rechazo a las monarquías; 2) sistema federal, rechazo al unitarismo; 3) regionalismo, rechazo a la desintegración reconociendo las realidades culturales del Noroeste y el Litoral; 4) sufragio universal, rechazo al voto calificado o discriminatorio, implantando lo que llamó “voto libre de la República”.

–Hay un momento, antes de su asesinato, en que se instala en Buenos Aires…

–En 1834 se instaló con su familia en Buenos Aires y frecuentó la sociedad porteña, trabando una gran amistad con Encarnación Ezcurra, la esposa de Rosas y activa partidaria del federalismo, quien sería su apoderada. Desarrolla también una intensa actividad política, seduciendo tanto a federales como a unitarios, con la idea de proponerse como la figura clave para la, por todos ansiada, reorganización nacional, en competencia con el gobernador porteño, siempre remiso a ello.

–Ahí aparecen entonces las distintas hipótesis sobre su muerte…

–La historia oficial, abierta o encubiertamente, adjudica la muerte del “Tigre de Los Llanos” al Restaurador. Los argumentos más fuertes son: Rosas es el gran beneficiado por el asesinato, no solo porque consigue ser designado gobernador con las condiciones por él impuestas sino también porque queda afuera un serio competidor por la jefatura del campo federal. Facundo comenzaba a ser visto como el probable eje de una concertación nacional entre unitarios y “lomos negros” (federales no rosistas) que desembocaría en la sanción de una Constitución, algo a lo que el Restaurador se oponía encarnizadamente. Además, pocos instantes antes de morir, ya en el cadalso, el confeso asesino Santos Pérez gritará: “¡Rosas es el asesino de Quiroga!”. Lo cierto es que no es fácil mentir cuando se está en presencia de la muerte. Se suma que Rosas envía a Quiroga a una misión, que podría haberla encargado otro, a mil kilómetros de distancia que debía atravesar una provincia, Córdoba, gobernada por quienes eran sus enemigos.

–¿Cuáles son los argumentos que exculparían a Rosas?

–Se basan en que para muchos el principal sospechoso es el gobernador de Santa Fe, Estanislao López. Su relación con el difunto había sido muy mala, entre otros motivos porque Rosas, sibilinamente, se había ocupado de sembrar sistemática cizaña entre ellos para impedir una eventual alianza que pudiese dejarlo en situación de debilidad. En Santa Fe fue general el regocijo por la muerte de Quiroga y poco faltó para que se celebrase públicamente. Quiroga era el hombre a quien más temía López y de quien sabía que era enemigo declarado. Caben pocas dudas de que tuvo conocimiento anticipado, y acaso participación en su muerte. Sus relaciones con los Reinafé eran íntimas. Francisco Reinafé lo había visitado un mes antes, habitado en su misma casa y empleado “muchos días en conferencias misteriosas”, según José María Paz. Nunca se esclarecerá un hecho de tanta trascendencia histórica, pero es funcional para la demonización del Restaurador que la culpa recaiga sobre él. Es una acusación que no compartiría el hijo de Quiroga, que combatió a las órdenes de Rosas como jefe de las montoneras en la batalla de Obligado, donde le cupo destacada actuación. Tampoco la esposa del Tigre de Los Llanos, quien dirigirá una airada carta al gobernador riojano Tomás Brizuela, quien fuese estrecho colaborador del difunto, cuando defecciona del campo federal para integrar la Coalición del Norte en contra de la Confederación.

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