A Carlos Monzón lo conocí de muy chico. Yo vivía en Mar del Plata y mi papá miraba las peleas en un televisor blanco y negro. Fue en esos años en que salió campeón, a fines de los 60. Mi padre lo adoraba, era aquel personaje del boxeo, y su nombre sonaba. Yo tendría 13 años, recién incursionaba en la secundaria, no es que fuera fanático de él, pero todo el mundo hablaba de Monzón y se transformó en el personaje del año.
Cuando me fui a Buenos Aires, a los 23 años, empecé a trabajar en la Editorial Perfil, y en la época en que Monzón salía con Susana Giménez me enviaron a hacer una producción con Susana y Monzón en la casa de ella en Belgrano –estaba toda decorada como de leopardo, era muy loco–, y en esa oportunidad conocí personalmente a Monzón. Recuerdo que le hice una foto que hoy no haría: estaba tirado en la bañera llena de espuma.
Ellos eran pareja, se querían. Durante la producción Monzón fue una excelente persona conmigo. Esa fue la primera vez que tuve contacto con él y me pareció un tipazo. Él estaba en el auge total. Hasta lo habían llamado de París para que hiciera de modelo en una publicidad de una marca de primera línea, como si fuera Giorgio Armani en Italia. Y Alain Delon tenía devoción por él como boxeador, por su campeonato del mundo. El tipo además tenía aquella cara, una altura de dos metros, era altísimo, tenía una presencia que para Europa era tremenda. Esos rasgos, esa cara de latinoamericano, le daban una facha terrible. Y lo acompañaba lo buena persona que era, simpático, alegre. No demostraba ser un tipo agresor, al menos en ese momento me pareció un tipo súper simpático.
No tuve la posibilidad de cubrir peleas de él, ni en el exterior ni acá en el Luna Park. Sí hemos hecho notas con Tito Lectoure en el Luna Park. Pero cubrí otro tipo de notas. La producción con Susana Giménez, por la que estuve varias horas en su casa, y posteriormente le hice toda una producción a él. Y después lo hice con Alicia Muñiz, cuando se conocieron en Regine, una foto en la que se los ve bailando juntos, que no sé dónde está porque yo no me llevaba fotos de Perfil, las dejábamos ahí, eran diapositivas. Me acuerdo de que él llevaba una chalina y un saco. Yo conocía a los dueños de Regine, que me avisaron “está Monzón con Alicia”, y el romance de Alicia Muñiz y Carlos Monzón fue tapa de La Semana. Lo veía seguido porque él ya era muy de la farándula cuando dejó el boxeo.
CASO BISAGRA
Pero hubo una foto emblemática que le saqué a Monzón. La recuerdo muy bien. Con Editorial Perfil hacíamos temporada de verano todos los años y ya estábamos sobre mediados de febrero, por lo cual se había vuelto la mayoría, y quedamos Rubén Giordano, un periodista excelente, y yo, que estábamos durmiendo en el Hotel Hermitage. Nos habíamos acostado tarde esa noche. Habíamos pasado por el club Peñarol, que estaba muy cerca del Hospital de Niños de Mar del Plata. Era un restaurante donde iban Alberto Olmedo y casi toda la gente de teatro que hacía temporada en Mar de Plata. Y Monzón y Alicia Muñiz habían pasado por ese lugar a saludar, a tomar algo, a ver si estaba Olmedo, y creo que se encontraron con él.
Por eso nos habíamos acostado tarde. Recuerdo el sonido del teléfono en la habitación del hotel. Desde Buenos Aires nos avisaban lo que había pasado. Nos levantamos corriendo, me acuerdo de que yo me iba poniendo los pantalones en el ascensor. Fue tremendo.
Llegamos a la casa, que conocíamos muy bien porque el Facha Martel, al comienzo de la temporada, había organizado una especie de agasajo para la prensa en el que, recuerdo, a las revistas Gente y La Semana nos hizo jugar al ping pong, a los jueguitos, al metegol, nos invitó a la pileta, nos ofreció sanguchitos… Todo para apaciguar y decir “no me molesten acá”.
La casa estaba en el barrio de La Florida, apenas entrando a Mar del Plata, antes de donde está el puesto policial. Era un barrio muy bonito. Con Rubén nos preguntábamos de dónde el Facha habría sacado tanta plata para pagar eso.
Pero eso es anecdótico. Cuando llegamos, quería identificar el lugar donde ellos dormían porque ahí –según la policía, que nos pasaba información– lo iban a llevar a Monzón. Pero previamente lo habían llevado a una clínica a ponerle un yeso porque se había fracturado el brazo porque, según él, se había caído del balcón con Alicia. Esa fue la primera versión. Después en el juicio salió la verdad. Así que nos fuimos corriendo para la clínica –yo ya tenía más o menos ubicada la habitación donde iba a ir con el fiscal– y cuando salió el camión celular de la policía con él adentro, lo esperé y no sé cómo llegamos primero con Rubén y abrieron ese portón de la policía y lo vi a él como un león, esa fue la imagen, como un león enjaulado, y gritó. Y disparé la cámara. Me dio cosa, porque se me venían todas las imágenes de él y de que era un caballero, y de pronto aparecía como un animal, gritando, harto de todo, de los periodistas, de la policía y de la que se le venía. Esa fue una foto tremenda, me impactó.
Y después fuimos a la casa, donde él tenía que hacer el reconocimiento con el fiscal de cómo había sido que Alicia se había caído del balcón. El hijo dormía en una habitación cercana a la suya. Monzón había ido de vacaciones a Mar del Plata junto con su hijo, y Alicia había llegado dos días antes, a lo último, después de unos cuantos días, y se quedó a dormir ahí, y entonces pasó lo que pasó. Y esa foto.
UN DESAFÍO PERSONAL Y PROFESIONAL
Cubrir la muerte de Alicia fue tremendo. Implicó no dormir, correr… Veníamos de una temporada bastante agitada y teníamos que seguir y seguir y seguir. Después la editorial mandó a más periodistas y fotógrafos para cubrir la noticia. Nadie sabía con certeza qué había pasado, eran todos rumores. La gente lo insultaba mucho: “Asesino, asesino”. En un momento apareció el cartonero Báez, que inventaba historias, y uno se agarraba de cada cosa que aparecía porque tenía que cubrir y escuchar todas las campanas. Recuerdo cuando él salió al balcón. Yo le había pedido a una señora vecina que me dejara pasar y me subí a un árbol, parecía un mono. Estaba muy cerca del balcón y cuando salió Monzón no pude usar el tele largo que tenía porque estaba a dos metros, solo podía sacarle a la cara. Entonces saqué la otra cámara con un tele más chiquito. Lo tenía tan cerca que no lo podía creer. Señaló el lugar, el fiscal hizo todos los movimientos de lo que había pasado y el gesto de cómo se cayó Alicia del balcón. Fue tremendo. Después hicimos a Maxi, el hijo. Nos habían tirado el dato de que el abuelo lo había sacado de la casa y cruzaba con él la avenida Colón, y cuando llegó a la vereda, disparé. Me dio mucha ternura el nene, pero me salió inconscientemente: “Uy, está el hijo de Monzón y de Alicia”. Y fue tapa de La Semana.
Esa cobertura se hizo eterna. Después fuimos hasta la cárcel de Batán. Una de las fotos que hice fue el lugar donde iba a dormir Monzón. Un carcelero me dejó entrar y me mostró la celda. Era de dos por dos, con una ventanita pequeña, una cama de cemento y una abertura chiquita de hierro. Esa fue la primera cárcel. Y me quedé encerrado ahí haciendo fotos con un gran angular tipo ojo de pez para que se viera bien todo el ambiente. Al salir me agarró una angustia tremenda. Y seguimos cubriendo hasta que lo detuvieron y lo llevaron preso.
En Mar del Plata lo tenían a Monzón como un tipo bueno, pero a medida que pasaba el tiempo se avanzaba con todas las conjeturas: que la había matado, que le gustaba tomar, que era muy celoso, que era boxeador y golpeador. Salió la primera mujer diciendo que también a ella varias veces le había pegado. Entonces la gente empezó a cambiar la imagen de él. También en el invierno tuve que cubrir el juicio. La jueza era una mujer. Entrábamos de a pocos, los fotógrafos nos íbamos turnando, y él siempre estaba ahí seriecito, calladito. Pero la jueza era bravísima y la historia terminó como ya todos saben. La asesinó.
Cuando lo trasladaron a Santa Fe a pedido suyo y de su familia, yo ya era editor general de fotografía de la revista Caras. Como tal, mandé a un equipo grande a cubrir la muerte de Monzón, el accidente que había tenido en la ruta. Tuve en mis manos muchísimas fotos del cuerpo, impresionantes. En ese momento Caras vendía muchísimo y teníamos acceso a mucha información y a muchas imágenes que siempre nos ofrecían. Tuvimos imágenes muy fuertes. Fue un operativo tremendo, ya habían pasado muchos años de él detenido y murió en ese accidente en la ruta.

