Que Carlos Monzón era mujeriego y que, incluso, ese era un permiso que se daba estando en pareja, es bastante conocido. Sin embargo, sus relaciones amorosas fueron bastantes. Amantes, novias, esposas. La vida afectiva del campeón que no pudo ganarle a la violencia.
En 1958, cuando tenía 16 años conoció a Zulema Encarnación Torres, un año menor que él, en Villa del Parque, Santa Fe. Tuvieron un romance que duró dos años y medio y tuvieron también, un hijo, Carlos Alberto Monzón. Un año después de conocer a Zulema, comenzó a pelear. Estuvieron juntos hasta 1961; al año siguiente, Monzón se casó con Mercedes Beatriz García, más conocida como Pelusa.
“Era un negro pintón”, dice Pelusa. Su ex esposa usa esa frase para describir la primera impresión que tuvo de Monzón, y enseguida arremete: “Eran 14 hermanos entonces desde chico tuvo que salir a trabajar, así que prácticamente se crio en la calle”. Está sentada en el living de otra Susana, el de Susana Yoverno, tiene los lentes de sol en la cabeza que contrastan con unas mechas rubias cuidadas. Los ojos oscilan entre vagar por el estudio y mirar a su entrevistadora, mientras, sigue: “Vemos ahora que él no nació en cuna de oro, como los chicos del boxeo, del fútbol que salen de los potreros y después no están preparados para la fama”. Pelusa cuenta que los dos venían de un hogar pobre y que ella, además, venía de un hogar violento. En esa mirada que revolotea buscando las palabras más justas para describirlo, está también su redención, la propia. Ella vivió agresiones de parte de Monzón, golpes, maltratos e infidelidades mientras estuvieron juntos, sin embargo, lo que más le molestaba o lo que quizás no podía dejar pasar eran las faltas contra sus hijos.
En otro programa, Pelusa cuenta cómo fue que le disparó a su marido: “Vamos al corso porque Silvia había salido reina en la comparsa, él estaba de novio con una chica ahí en el barrio, entonces las cosas cada vez se iban agravando más… y bueno, yo me bajé, ya estaba cansada, uno por eso a veces no piensa las cosas, entonces bueno, me descontrolé. Le tiré para asustarlo, todos se ríen porque no era para matarlo sino para asustarlo”. Una bala le entró al campeón en un brazo, la otra fue directo al omóplato derecho y quedó en su cuerpo para siempre. Carlos y Pelusa siguieron juntos un tiempo más hasta que la relación llegó a su fin, en 1974. Para ella fue muy doloroso, pero reconoce que la decisión de separarse fue la mejor. Se separaron por celos y violencia, pero siempre resalta que hubo amor. Incluso, cuando ya no estaban juntos como pareja, su relación mejoró: “Con Carlos nos amábamos pero no podíamos vivir juntos. Los dos éramos de carácter muy fuerte. Entonces él levantaba la mano y yo le revoleaba lo que tenía. Por eso creo que fue muy buena la decisión de separarnos que tomamos”, dijo a la revista Caras.
Monzón agredió muchísimas veces a Pelusa durante la relación. Una vez tuvieron que darle once puntos de sutura arriba de su ceja derecha producto de los golpes del boxeador. En reiteradas ocasiones su entonces esposa denunció los maltratos. La violencia que vivieron ambos, la pobreza de donde salieron los dos y al barro al que no querían volver fue un camino que transitaron juntos. De allí el intento de la propia redención, los matices con los que defiende al hombre con quien tuvo tres hijos: Silvia Beatriz, Abel y Carlos Raúl.
En 1973, Monzón y Susana Giménez se conocieron en la mesa de Mirtha Legrand, donde se anunció que protagonizarían la película La Mary, dirigida por Daniel Tinayre. Al año siguiente, el rodaje comenzó y el romance también. Susana y Pelusa se superpusieron en la vida del boxeador que finalmente dejaría a su esposa por la diva de los teléfonos, que a su vez mantenía una relación con el productor de la película, Héctor Cavallero. A Pelusa le costó perdonarlos por eso y treinta años después fue al famoso living, donde pudieron tener una charla.
En su propio living y en diálogo con el Negro González Oro, Susana habló de Monzón en el 2008: “No sé cuándo me di cuenta que nos enamoramos, pero me gustaba mucho verlo, era una cosa como muy animal, como una pantera. Físico perfecto y nada más porque por otro lado era un boxeador, yo trataba de educarlo, de cultivarlo. Le ponía profesoras de dicción para que pronunciara las eses. Carlos era violento solo cuando tomaba, tomaba y era Dr Jekyll and Mr Hyde, y no es que tomara mucho… dos whiskys y rompía el lugar”. La relación de ambos duró cuatro años y atravesó el ocaso de la vida de Monzón como boxeador. En algún momento, Susana no soportó más la violencia y se separó. Años después de haber finalizado el vínculo, contó que él le pegaba.
FINAL ANUNCIADO
Ya retirado del deporte que lo llevó a ser gloria internacional, en 1978, comenzó una relación con Alicia Muñiz, a quien diez años después, el 14 de febrero, asesinaría tirándola desde un balcón al jardín de la casa que habían alquilado en Mar del Plata. Antes, la había golpeado y ahorcado.
La relación entre la modelo uruguaya y el ex boxeador fue muy tortuosa, se separaron muchas veces por los celos, la posesividad y la violencia de Monzón sobre Alicia, que poco a poco, fue alejándose de sus sueños. Ella lo denunció reiteradas veces pero nunca pasó nada. En 1981 se casaron en Miami y ese mismo año nació su hijo, Maximiliano Roque. En 1984, Alicia declaró: “Monzón es como un chico que lo quiere todo. Es un hombre que no admite la verdad de los otros. Tapa los problemas, no los quiere ver. Y
cuando tiene uno, reacciona agresivamente”. En 2019 se estrenó la serie Monzón, una biopic sobre la vida del campeón. Las repercusiones fueron varias, una de ellas fue que la modelo Vicky Antille eligió contar que durante muchos años mantuvo una relación con Carlos. “Fui su mujer secreta, era de común acuerdo. Carlos siempre fue infiel, a todo el mundo le decía que siempre estaba separado, a mí también, era muy pasional con Susana. Después nos seguimos viendo en Santa Fe. Yo a Pelusa la respeto mucho como mujer, ella pasó lo peor con él, peleaban y peleaban, de celos de parte de ella, de celos de parte de él, había intereses creados, había un hijo, entonces era muy difícil”, contó en el programa Incorrectas, conducido por Moria Casán.
Al parecer se conocieron en 1971 y comenzó una relación que tácitamente decidieron mantener en secreto, sin embargo, el fuero íntimo de ambos tenía conocimiento de la existencia. Cuando Monzón llamaba a su casa y atendía la madre de Vicky, le decía: “Decile que habla el macho, que me atienda”.

