Icono del sitio Caras y Caretas

The Jesus Lizard, los bastardos regresan con gloria

El misterio, la distancia y sobre todo la nostalgia suelen darle un halo mágico a las bandas y a la vida misma. Nada peor que un reencuentro para pulverizar las imágenes idealizadas. Pero después de más de un cuarto de siglo, los Jesus Lizard volvieron a grabar un disco de estudio con la misma energía y acaso más audacia que la que marcó su ADN en los 90. Rack comienza con “Hide & Seek”, un gancho a la mandíbula que dejaría en la lona al mismísimo Mike Tyson de sus años dorados. Se trata de un “hit” a la medida de Jesus Lizard: un riff afiladísimo de Deninson –no es casual que sea amigo de Mike Patton y compartan aventuras en Tomahawk–, una base que no para de tirar para adelante, un fragmento psicodélico y la explosión de Yow en el estribillo. Todo en su lugar exacto. “Armistice Day” resuena, casi, como Black Sabbath a la Jesus Lizard, con un bajo penetrante y un medio tiempo que le da lugar al cantante para advertir que “ahora el dolor está regresando”.

“What if?” funciona como una larga textura que por momentos zigzaguea, mientras Yow toma un respiro y apuesta a un spoken words donde desanda obsesiones y miedos. La hipnótica “Alexis Feels Sick” se sostiene en una línea de bajo excepcional, a la que Denison orquesta para dar paso a las locuras de Yow y su preocupación por el estado de salud distante de lo recomendable de un/una tal Alexis. Ojalá se recupere. “Swan the Dog”, por su parte, comienza con un tejido intrincado de guitarras que pronto pasa a la distorsión, curvas y contracurvas, desde las que el cantante grita desaforado: “Estoy harto de estas falsedades, ¡quiero volverme loco y emprender una matanza!”. Nos pasa a casi todos, pero por favor no intenten esto en sus casas.

Tampoco conviene pasar por alto el riff saltarín e inclemente de “Grind”, que el buen Yow corona con “Me vendieron y me compraron, me dijeron que me enseñaron y cuando era viejo me olvidaron”. El resto del disco, claro está, tampoco tiene desperdicios.

Le importará a pocos, es muy probable. Se enterarán menos, casi seguro. Pero The Jesus Lizard demuestra que el rock está vivo, que después de los 50 se puede aspirar a mucho más que la dignidad y que no es necesario disfrazarse de joven para lograrlo.

Salir de la versión móvil