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“Se abrió camino en un mundo masculinizado e inspiró a muchísimas mujeres”

Es investigadora adjunta del Conicet y profesora de Metodología de la Investigación Histórica en la carrera de Arqueología de la Facultad de Ciencias Naturales e Instituto Miguel Lillo de la Universidad Nacional de Tucumán. Las investigaciones de Marcela Vignoli se enfocan en la historia de los feminismos argentinos durante el período de entreguerras, desde una perspectiva de historia regional y transnacional. En ese marco trabajó particularmente sobre la insoslayable figura de Cecilia Grierson.

–¿Cuándo y por qué surge tu interés en Cecilia Grierson?

–En 2017 comencé a investigar sobre los orígenes del Consejo Nacional de Mujeres (CNM). Por una parte, me centré en su dimensión transnacional, es decir lo que significó para la Argentina la inserción en una comunidad femenina y feminista, ya que el CNM estaba asociado al International Council of Women (1888), con el que intercambiaba información y al que rendía cuentas. Por otra parte, me enfoqué en la conformación interna del Consejo. En este sentido, mi pregunta fue por la alianza establecida para crear este espacio entre Grierson, que era la primera médica de la Argentina, y Alvina Van Praet de ala, una mujer que había presidido la poderosa Sociedad de Beneficencia (SB) de la capital. Se asumía que estos mundos eran incompatibles entre sí, pero lo cierto es que no se había explicado cómo convergieron ambas figuras en torno a ese proyecto, por qué crearon el CNM y cómo se distribuyó el poder para convivir durante casi diez años.

–¿En qué aspectos de la obra de Cecilia Grierson se centra tu investigación?

–Mi investigación se enfocó en los vínculos que Grierson y las distintas comisiones directivas de la SB entablaron por lo menos quince años antes que se creara el CNM. Esas relaciones se establecieron en el último cuarto del siglo XIX porque Grierson, siendo estudiante avanzada de la carrera de medicina, solicitaba pasantías en el Hospital de Mujeres y otras instituciones, y la Sociedad de Beneficencia –que tenía a su cargo los hospitales y que había cedido a la Facultad de Medicina una sala del mencionado hospital para dictar cursos y llevar a cabo prácticas médicas– mediaba con la corporación de médicos, teniendo en algunos casos la última palabra sobre estos contratos, incluso en los concursos. Es así que se entabla un vínculo genuino de admiración comprobable en la correspondencia de Grierson, que se dirigió en varias ocasiones directamente a la presidenta de la SB de turno solicitando estos cargos, fundándolo en que estas damas eran quienes estaban en mejores condiciones de entender la importancia que tenía que una mujer se ocupara de las cuestiones médicas femeninas como el parto y la maternidad, por ejemplo. Así se fue configurando una trama de relaciones que será fundamental a la hora de crear el CNM.

–¿Con qué facilitadores y obstáculos se tuvo que enfrentar para estudiar medicina?

–En su archivo personal, que aloja la biblioteca Max Von Buch de la Universidad de San Andrés, pude leer una carta que Grierson dirige al decano de la Facultad de Medicina solicitándole que le eximan de presentar el certificado que acreditaba sus conocimientos de latín, ya que la única institución que lo otorgaba era el Colegio Nacional, reservado exclusivamente a los varones. Ella menciona algo muy interesante y es que esto ocurría –a pesar de que ninguna ley ni reglamento prohibía expresamente el ingreso de mujeres a este establecimiento educativo– porque los “hábitos y preocupaciones sociales son la ley suprema que nadie puede eludir”. Esta mención a los abusos o excesos que se cometían bajo el amparo de un código que reducía a las mujeres a la condición de menores de edad es un argumento que algunos legisladores y las feministas utilizarán a lo largo del siglo XX en cada intento de reformarlo. Considero que la SB actuó como facilitador en su etapa de estudiante avanzada y luego como médica egresada. Su trabajo en el Hospital de Mujeres, en la tercera sección de sala cunas y asilos maternales, están avalados por esa asociación.

–¿Cuál fue la importancia y los alcances del Consejo Nacional de la Mujer Argentina?

–La fundación del CNMA en 1901 generó grandes expectativas dentro y fuera del país. Se esperaba con entusiasmo que otros países lo imitasen, ya que esta primera experiencia en América del Sur abría posibilidades de acercamiento a una región en gran medida desconocida y exótica para esa comunidad internacional. Algunas de las integrantes locales miraban con ilusión la posibilidad de entrar en contacto con las problemáticas femeninas y feministas del resto del mundo, aunque muy pocas pudieron viajar en representación del Consejo para participar en encuentros internacionales. De todos modos, conocer a través de la correspondencia y las revistas internacionales que comienzan a circular que mujeres de otras latitudes luchaban por conquistar derechos, otorgaba una perspectiva comparativa que tenía gran valor en un contexto de subordinación jurídica femenina como era el caso de la Argentina desde la sanción del Código Civil Vélez Sarsfield.

–¿Cuál es la importancia histórica de la vida y obra de Grierson en la lucha de las mujeres?

–Cecilia Grierson desbrozó el camino para las mujeres que se interesaban por los estudios superiores en la Argentina en el fin de siglo XIX. A partir de 1889, contaban con su ejemplo y con los precedentes que sus pasos por la universidad habían generado. El interés por crear el CNM la asocia con un clima internacional de debate a propósito de los derechos de las mujeres, siendo el acceso a la educación superior uno de ellos. Desde el Consejo abogó por mejorar la educación femenina, no solo a nivel universitario, sino también en su interés por instalar la idea que era necesario perfeccionarlas en la administración del hogar. A partir de las primeras experiencias promovidas por Grierson la economía doméstica formó parte de una currícula para la que se escribieron manuales, se dictaron clases e incluso se crearon establecimientos exclusivos para impartirla. La economía doméstica se constituyó en el saber femenino por excelencia durante las primeras décadas del siglo XX, dando lugar a la conformación de una “nueva mujer”, que podía salir a trabajar, pero que no se olvidaba que el manejo del hogar y de las tareas domésticas formaban parte de su mundo. Cecilia supo abrirse camino como profesional de la medicina en un mundo masculinizado, utilizando las herramientas que tenía a mano, e inspiró a muchísimas mujeres. A su vez, la lacerante realidad de las mujeres pobres y trabajadoras de las que debía ocuparse en el hospital transformó su visión del mundo.

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