Comprender el significado y la relevancia de las primeras profesionales en la Argentina nos lleva a considerar el acceso de las mujeres a la universidad y sus elecciones en el contexto mundial y más específicamente en Latinoamérica.
Algunas pocas mujeres accedieron tempranamente a la universidad de modo “excepcional”. El inicio del proceso, lento pero ininterrumpido, de acceso “sistemático” puede situarse en el siglo XIX. Comenzó en Estados Unidos, en la década de 1830 (en escuelas médicas exclusivas para mujeres, que no necesariamente dependían de universidades), continuó en las décadas siguientes en Europa y llegó a América Latina hacia fines del siglo XIX.
Dicho acceso estuvo enmarcado en un contexto de debate sobre las posibilidades de las mujeres para acceder a los estudios universitarios y al ejercicio profesional, y de crecientes reclamos y luchas feministas, y jalonado por una actitud activa por parte de las jóvenes que aspiraban a los estudios universitarios, así como de resistencias por parte de los que no estaban dispuestos a ceder ese espacio. La lucha se libró no solo en el plano de las ideas sino también en el de la acción.
Ellas debieron saltar una y otra barrera para estudiar en la universidad: ingresar, obtener el título y acceder al ejercicio profesional, ya que cada una de estas cosas no implicaba necesariamente la otra, como ocurría con los varones. La elección de carrera, los viajes para acceder a estudios universitarios o para ejercer la profesión, los recursos judiciales, constituyeron estrategias que les permitieron aprovechar los intersticios que el sistema de género de la época les dejaba.
Estas estrategias fueron exitosas, ya que les posibilitaron estudiar, ejercer una profesión y participar del mundo social de la época. Este acceso estuvo marcado desde el inicio con elecciones diferenciales, acorde con una división socio sexuada del saber. Fueron muchos los factores que hicieron que la puerta de entrada de las mujeres a los estudios universitarios fuera Medicina.
EN MEDICINA
La Argentina no fue la excepción. La primera mujer que en nuestro país obtuvo el título de una carrera superior fue Cecilia Grierson (1889), quien ingresó a la carrera de Medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA), poco tiempo después de que Élida Passo lograra hacerlo con un recurso judicial, aunque falleció poco antes de recibirse. La siguieron Petrona Eyle (recibida en 1891 en la Universidad de Zurich, quien revalidó su título en Argentina en 1893) y Elvira Rawson Guiñazú (1892, UBA).
En el siglo XIX también ejercieron medicina en nuestro país dos extranjeras, ambas recibidas en el exterior: Rosa Pavlovsky (rusa) y Margarita Práxedes Muñoz (peruana). Rosa estudiaba el segundo año de Medicina en París cuando fue convocada por Sarmiento a colaborar en calidad de enfermera en la epidemia de cólera que hubo en Mendoza. Finalizada la epidemia, en la que tuvo una importante actuación, solicitó su inscripción en el tercer año de Medicina en la UBA para continuar sus estudios, solicitud que le fue denegada. Rosa regresó a París, donde continuó la carrera y se recibió de médica en 1891. Volvió a la Argentina y revalidó su título en 1893, junto a Petrona Eyle.
En 1896 se creó en la UBA la Facultad de Filosofía y Letras, y se permitió a las maestras matricularse sin más requisito que su título. Esto produjo una reorientación en las elecciones universitarias femeninas. Es así como a principios del siglo XX fueron más las que se graduaron en esta Facultad que las que estudiaron Medicina (que constituyó una opción predominantemente masculina hasta casi mediados de siglo), iniciándose un período caracterizado por la concentración de mujeres en carreras ofrecidas por Filosofía y Letras. En la primera camada de egresados, en el año 1901, de un total de nueve graduados, cuatro eran mujeres (María Canetti, Ernestina López, Elvira López y Ana Mauthe). Es importante destacar que Elvira López se recibió con la tesis titulada El movimiento feminista, sumándose a las primeras médicas que en diferentes países abordaron en sus tesis reivindicaciones hacia el acceso de las mujeres a la educación, al ejercicio profesional y a la igualdad de las mujeres en diferentes espacios.
OPORTUNIDADES Y SEGREGACIÓN
La creación de esta facultad, al orientar a las mujeres a esos estudios, a la par que les brindó la posibilidad de acceder a la universidad, funcionó como un espacio segregado para ellas, y como una elección acorde con la “naturaleza femenina”.
La historia de la educación universitaria de las mujeres muestra mecanismos de exclusión-inclusión. La socióloga e investigadora Dora Barrancos afirma que “la subordinación de las mujeres –perfeccionada a lo largo del siglo XIX– no puede comprenderse si no se tiene en cuenta el juego pendular de inclusión-exclusión. Un término convoca al otro.
Las primeras tres décadas de siglo XX, aún con pocas mujeres en las aulas universitarias, muestra la participación de ellas en debates, congresos, publicaciones, de tal modo que podemos decir que desarrollaron un importante movimiento a favor de las demandas feministas e incluso afirmar que constituyeron un antecedente de los estudios de género en el ámbito universitario.
Si Medicina fue la puerta de entrada por la que las mujeres accedieron en el siglo XIX a los estudios universitarios, esto tuvo una doble significación: desde el punto de vista del orden instituido, fue una puerta angosta, por la que ingresaron pocas y con muchas dificultades. Pero desde el punto de vista de las propias mujeres fue una puerta amplia, que supieron aprovechar para obtener educación superior y ejercer una profesión y porque, al pasar por esa puerta y llegar al otro lado, participaron de modo activo de la vida profesional, social y cultural de la época.
Las primeras universitarias estudiaron carreras y se ubicaron en ámbitos profesionales que no representaban una ruptura brusca con las concepciones de género de la época. De este modo, sus elecciones y sus trabajos profesionales reflejaban el interjuego entre sus propios deseos y lo “permitido” según el contexto socio cultural del momento histórico en que vivieron. Sin embargo, muchas de estas primeras universitarias percibieron claramente las discriminaciones hacia las mujeres y se preocuparon y lucharon de modo activo por cambiar esta situación.
Si como dice, “debéis aprender a usar vuestra experiencia de la vida en nuestro trabajo intelectual: para examinarla e interpretarla continuamente”, indudablemente estas jóvenes pioneras hicieron eso.

