Quien pase por el Cementerio Británico, en el barrio porteño de Chacarita, verá en su fachada externa el colorido mural: una biblioteca colmada de libros, el retrato de Cecilia Grierson y el título “Res Non Verba”. Hechos, no palabras. El mural de dos metros de alto por doce de largo fue realizado hace un puñado de meses por la artista irlandesa Friz y la argentina Mabel Vicentef, quien comentó a la Revista Ñ: “No sabía de ella y me volví fanática porque era como siete mujeres en una”.
Durante su inauguración destacaron que Grierson no solo fue la primera médica: fundó la primera escuela de enfermería del país, instaló el servicio público de primeros auxilios en Buenos Aires, estableció un consultorio-escuela psicopedagógico para niños con problemas de conducta, fonación y aprendizaje; también abarcó obstetricia y ginecología, fue maestra rural y profesora universitaria. Iba a ser docente y lo dejó para estudiar Medicina en 1882, a partir de la enfermedad de una amiga, Amalia Kenig. Notaba que los médicos no estaban haciendo lo suficiente para curarla.
El del Cementerio Británico no es el único mural que la homenajea en la Argentina. En Los Cocos, norte de la provincia de Córdoba, los artistas Luciano y Ricardo López concluyeron a principios de junio una pintura que cubre toda la pared del frente del jardín que funciona junto a la Escuela Doctora Cecilia Grierson, a propósito del centenario de la institución que la médica pensó para la comunidad.
“El mural gigante es en homenaje a la primera médica argentina y principal benefactora de este hermoso pueblo del norte cordobés”, destacan en la pintoresca localidad de 1242 habitantes del Departamento de Punilla, que se desarrolla a lo largo de la ruta provincial E-76, la cual también toma el nombre de Avenida Cecilia Grierson. Los nombres tienen una razón: allí fue donde la homenajeada decidió asentarse luego de su retiro. Su presencia en Córdoba fue esencial. Incluso en Río Cuarto la Escuela de Enfermería lleva su nombre. Según afirman desde la Comuna de Los Cocos, en Punilla su casa llamada El Espinillo sigue siendo hoy “uno de los símbolos del lugar”.
MUSEO DE LA CUMBRE
En el Museo de Motos y Bicicletas de La Cumbre se conserva el Oakland americano 1929 phaeton que usaba en Buenos Aires para pasear y se llevó al valle cordobés en 1927 para que sea ambulancia y servicio médico en la región. En El Espinillo aún está enmarcada una fotografía de Grierson junto a las feministas que fueron al histórico Congreso Internacional de Mujeres de Londres, en 1899.
De madre irlandesa y padre escocés, fundó el Club de Fútbol Santa Teresita y se desvivió por la ornitología: hasta hoy es una condición impuesta en la escuela que se preserven los árboles nativos que rodean el edificio.
El 21 de febrero de 1923, donó una de sus casas de veraneo al Consejo Nacional de Educación. Fue la primera escuela primaria pública del distrito. Comenzó el año con cinco estudiantes y terminó con 66. Hoy, el flamante mural reza una frase suya con fecha de 1903, 31 años antes de morir de cáncer de útero en la Ciudad de Buenos Aires: “Eduquemos y curemos: son las tareas más nobles sobre la tierra”.
Juliana Cassataro y su equipo llevaban más de un año desarrollando el proyecto de una vacuna nacional contra el Covid–19, y todos les eguían preguntando: “¿Cómo se va a llamar?”. El nombre comercial de las dosis es ARVAC. “Pero solo porque no podés poner únicamente el nombre de una persona por posibles problemas que pueden surgir después con los familiares, toda la historia de la cuestión comercial es un lío”, aclara la investigadora del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas (Unsam-Conicet), encargada de liderar un equipo multidisciplinario de científicos y médicos de diversas instituciones, públicas y privadas.
SU NOMBRE
Junto a Arvac, emerge el nombre verdadero. “Cuestión que nos preguntaban, nos preguntaban, entonces estábamos en reunión, empezamos a buscar, nos parecía que estaba bueno el nombre de una mujer. Me acuerdo que hablé con una chica que hizo el libro Científicas de acá (Juli Alcain). Me mandó un mensaje con todas las historias de las distintas mujeres pioneras de la salud y la ciencia nacional, y la primera médica argentina nos pareció que cerraba con todo lo que había pasado en la pandemia, cómo habían puesto el cuerpo los médicos y las médicas y las enfermeras. Creó la escuela de enfermería, toda la historia está buenísima. Y le pusimos ese nombre”. Así se constituyó la vacuna Arvac Cecilia Grierson, que ya se encuentra en cualquier farmacia del país y centros como Vacunar, tras superar en menos de dos años las distintas fases del proceso de aprobación, que incluyó ensayos clínicos a miles de personas. Su eficacia y seguridad fueron destacadas por revistas de prestigio mundial como Nature. Un antes y un después en la historia de la infectología y la biotecnología nacional.
Dos mil pesos. Eso vale el billete que empezó a circular hace apenas un año en el país, bajo el gobierno de Alberto Fernández. En ese momento servía para comprar tres litros de leche, hoy apenas uno. Salvando la digresión económica, ahí está Cecilia protagonizándolo junto a Ramón Carrillo, otra figura clave de la salud pública nacional. Con el edificio del Instituto Nacional de Microbiología Dr. Carlos G. Malbrán en su reverso, el billete “conmemora el desarrollo de la ciencia y de la medicina en la Argentina”.
Según releva la Fundación Cecilia Grierson, hay al menos 65 espacios que la homenajean en todo el país: boulevares, escuelas, estaciones de trenes y premetros, calles, mutuales, plazoletas, centros de salud y de formación profesional. Hasta puentes. De Villa Lugano, Tandil, Paraná, Santa Fe, Mendoza, Chaco a Santa Fe, Santa Cruz y Puerto Iguazú. Incluso en La Serena, Chile, hay una Carretera Doctora Cecilia Grierson; y en Quito (Ecuador) yace un Jardín de Infantes con su nombre.
Cuenta la directora de la Escuela Grierson de Los Cocos, Elizabeth Cardozo, que el día en que Cecilia debió abandonar el pueblo por problemas de salud para regresar a Buenos Aires, los alumnos iban parando el auto a los costados de la calle Maffasanti y le entregaban flores: “Cuando ya se iba abrió la puerta muy emocionada, se bajó, los saludó a todos y nunca más volvió”.
