Mercedes Funes logró interpretar a Tita después de un casting muy exigente que incluyó muchas instancias y distintos tipos de pruebas. Fue en una madrugada con cierto insomnio en la que la sorprendió el mensaje de Teresa Costantini para anunciarle que era la elegida. Aunque ella no tenía dudas, según contó a Caras y Caretas. “Por una cuestión de fe, desde el primer momento me preparé sabiendo que iba a quedar”.
–¿Cuánto sabías de Tita hasta ese momento y con qué te encontraste?
–Sabía bastante, pero no sabía nada. Tenía la imagen de esa tía entre divertida y con pocas pulgas que se sentaba con Víctor Sueiro a cagarlo a pedos. Por su personalidad fue muy fácil caricaturizar, y en la televisión eso se usó mucho. No creo que le hayan querido faltar el respeto, pero siento que era más fuerte la caricatura que mirar detrás y ver esa expresividad única, y encontrar la fortaleza, el talento, la energía arrolladora de una mujer que vivió como una mina de avanzada. Una mujer fuerte en los mundos de hombres, sobre todo en un tiempo que para ocupar esos espacios tenían que pagar algún precio. Nos enseñaron que Tita era fea y graciosa, pero no nos hablaron de su femineidad inmensa, de la sensualidad de Tita, ni de su inteligencia. Sentí que mi mayor responsabilidad era intentar mostrar esa humanidad tan rica, que estaba por encima de la forma y el modo tan fuerte que tenía.
–En la película se recupera esa sensualidad. ¿Cómo te vinculaste con ese aspecto?
–En sus materiales de trabajo y en sus personajes no transmitía esa sensualidad, pero tampoco hacía de mojigata. En la película se muestra de una manera muy interesante, sobre todo porque ella desde chica tuvo que trabajar en cabarets y tener un contacto con su sexualidad desde un lugar bastante duro, para luego ponerse de pie y sentarse en la mesa de los hombres siendo mujer. Ella tenía dos opciones: esconderse dentro de un cascarón o salir a resaltar las propias heridas. Estaba bastante sola frente al mundo y tenía que valerse por sí misma, lo que implicó ponerle el cuerpo a cosas indeseadas. Me parece que tuvo un amor propio arrollador y por eso pudo permitirse ser una mujer gozosa.
–¿Qué es lo que vos buscaste en la manera de cantar de Tita para poder cantar vos en la película?
–Hice una lectura de su transformación física. En sus primeras presentaciones se la ve cantando con una dualidad corporal notoria. Del cuello para arriba era pura expresividad, pero del cuello para abajo tenía el cuerpo casi dormido. No había vehemencia y no había movimiento en los brazos ni en el torso. Con los años empezó a poner las manos en la cintura y a incorporar la expresividad para darle valor a lo que tiene para decir. Cantando “Se dice de mí”, si bien su cara está por encima de todo, porque le pone la cara a la realidad, sus manos empezaron a tener un protagonismo más fuerte. Y una Tita más grande tiene la mano llena de anillos, que están por encima de su propia cara. Sus manos fueron creciendo de Tita pichona a Tita señora. Me parece que tiene que ver con adueñarse de todo tu ser. Siento que esa cara peleadora fue una máscara que la protegió del mundo. Pero después apareció una mujer que fue permitiendo que su cuerpo también hable. Ahí encontré particularmente un punto de mucha fragilidad, porque “un cuerpo muerto” arriba de un escenario, un cuerpo que no se deja penetrar por las emociones ni expresarlas, habla de un cuerpo que ha pasado por mucho y que se puso muchas corazas. Con los años esa cebolla se fue pelando.
–¿Y en su modo de cantar?
–Tita cantaba con ideas, cantaba desde los personajes, y exponía el punto de vista de ese personaje. Vuelvo a “Se dice de mí”. Ahí está claro en qué momentos dice algo cuando se enoja, en qué momento se burla, qué le resulta gracioso y cuando algo no le gusta. Cada palabra tenía una intención detrás. Entonces no es solamente imitar, es tratar de entender la intención que se le pone a cada palabra. Porque era una actriz cantando y siempre hizo personajes en sus canciones. Creo que la actriz maravillosa es la que construyó a la cantante y no al revés.
–Como actriz su paso por el cine fue trascendente. ¿Qué elementos de ella como actriz rescataste?
–Una humanidad muy fuerte. En las películas de la época había en la mujer una cosa más suave y delicada, como si fueran calandrias. Un estilo a lo Libertad Lamarque. Tita no era como un pajarito en el aire, pisaba fuerte y hablaba desde el vientre. Tenía una energía completamente diferente. Además la juventud, y la belleza de la juventud, no eran las herramientas principales en su éxito. Triunfó en el cine después de los 30 y pico de años. Para la época una mujer de esa edad era veterana. Y sin embargo pudo ocupar esos lugares. Yo creo que el motor y el corazón de Tita es esa energía única. Siento que en los personajes ella pudo volcar toda esa fortaleza. Tita es como el aullido de dolor, nunca se quedó en lo estéticamente correcto, en lo femeninamente correcto. Tita no tuvo problemas de meter las manos en el barro y hacer personajes como el de Los isleros o esgarrarse cantando un tango. A veces suena contradictorio, porque con los años ella lo único que quería era ser una señora de la tercera edad, con sus perros en su balcón y sin que la molesten. Es muy interesante el recorrido. Yo pienso que se le acabó la nafta antes de tiempo.
–¿Pudiste indagar en la relación de Tita con el peronismo?
–No hay demasiada documentación. Se sabe su espíritu con predilección peronista, el cual festejo, pero no mucho más. En la investigación sobre la vida de Tita me sorprendió la cantidad de huecos con los que me encontré. No sé si porque nadie se encargó de documentarlos, o porque ella misma se encargó de que no se conociera más. Muchas más cosas de esta última Tita las supe por dialogar con Victoria Carreras. Ella me regaló una florcita que Tita tenía en un vestuario y me contó cosas hermosas, privadas, muy tiernas. De esa Tita creyente o esotérica, que hablan de una señora chiquita, con su florcita de paño y su pañuelito. Tremendo contraste con esa bestia que imagino entrando al set de Mercado de Abasto. Por eso digo, creo que toda la energía para vivir la puso en el escenario y para ella se quedó con poquito y nada.

