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Tita, la más rea

A Tita se la puede saludar en una plaquitita. Calle Defensa 715. San Telmo. Sobre la pared reposa, al lado de una puerta de doble hoja, la placa que recuerda que allí nació, hace 120 años, Tita Merello. Laura Ana Merello nació en un conventillo y fue anotada en el registro civil el 11 de octubre de 1904. Aventurarse a guglear su nombre con el fin de iniciar un recorrido visual y biográfico de Tita implica un paseo por la historia cultural y política del país. Foto de Tita con Hugo del Carril, foto de Tita con Discépolo, con Mirtha Legrand, con Luis Sandrini, con Biondi, foto de Tita con Evita, con Perón, foto de Tita con Alcón.

Hija de un cochero y una planchadora, tuvo una infancia pobre y cortita: “No recuerdo si tuve una infancia precoz. Lo que sé es que fue muy breve. La infancia del pobre siempre es más corta que la del rico”, dijo sobre su niñez. A los 5 años fue trasladada a un asilo porque su madre no podía cuidarla. A los 10 la llevaron a un campo en Magdalena, donde fue boyera y sirvienta. Laura Ana Merello era chiquitita y trabajaba. En 1916 se trasladó con su madre, casada en segundas nupcias y con otro hijo, a un conventillo en la calle Corrientes 1318. Para Tita no hubo escuela, por eso fue analfabeta hasta que en 1920 aprendió a leer y escribir en clases particulares. Tampoco recibió formación artística: se hizo en la calle, a fuerza de perseverancia, gracia y voluntad. Laura Ana Merello ingresó al teatro por hambre y lo que significaba solo trabajo se le fue forjando vocación y profesión. Es decir, en una oportunidad de, nada más y nada menos, comida, techo y trabajo, además de la posibilidad de entablar amistades y amores. “Me costó trabajo aprender a vivir”, declaró. En el teatro Laura se hizo Tita, la actriz del empedrado que nació “donde termina el asfalto y comienza el barro”.

Tita cantante, vedette, actriz de cine, escritora, conductora, actriz de teatro. Encima del escenario, además de cantar, actuaba. Su carrera sobre las tablas se mantuvo paralela a sus incursiones en cine y en el ámbito discográfico. Comenzó trabajando como corista y extra sin frases en el Teatro Avenida y ya corría 1919 cuando debutó en la zarzuela Las vírgenes de Terés. El público respondió con silbidos y abucheos; pero, perseverante, ella siguió y a los pocos meses apareció en el Teatro Porteño y en el Bataclán, donde adquirió popularidad cantando el tango “Titina”. En 1923 debutó en el Maipo, en Las modernas Scherezadas, gracias a Gloria Guzmán, una importante vedette de la época. Fue en el Maipo que Tita recibió el apelativo de “la vedette rea” por su interpretación del tango “Trago amargo”. Tita se lucía dentro del género de la revista. En 1926, ya consagrada, entonó en el Apolo el tango de Discépolo “Qué vachaché”.

EL CAMINO A LA CONSAGRACIÓN

Su primera aproximación con el género dramático fue en la obra El lazo. Hacia 1927 volvió al Maipo y fue escuchada por Gardel. En 1930 Merello reemplazó a Libertad Lamarque en El conventillo de la Paloma, uno de los sainetes más populares de la escena argentina. Durante no vecientas funciones, actuó con la compañía de Francisco Canaro en la obra La muchachada del centro. Hacia 1935, continuó actuando en el Teatro Porteño; incluso llegó a ser multada con 20 pesos por aparecer en público sin medias de nylon. En 1942, se estrenó en el Teatro Alvear Buenos Aires de ayer y de hoy. Allí interpretó “Se dice de mí”, la famosa milonga con letra de Ivo Pelay y música de Francisco Canaro por la que es recordada popularmente. En 1948, Tita Merello se separó de quien era su pareja, el actor Luis Sandrini; él viajó a España, mientras que ella prefirió quedarse, menos mal, y aceptar el papel protagónico en la obra teatral Filomena Marturano, de Eduardo De Filippo, con dirección de Nicolás Olivari, posteriormente llevada al cine. Estrenada el 21 de octubre de 1948, mantuvo una temporada ininterrumpida hasta el 20 de noviembre de 1949. Tita interpretó el personaje principal durante quinientas funciones en los teatros Politeama, Smart, Odeón y Buenos Aires. Su interpretación resultó un éxito por la afluencia de público y la buena recepción de la crítica.

Tita, para ese entonces, ya había forjado su propia identidad artística politizando su origen social, relativizando los estereotipos de belleza de la época y pronunciándose en defensa de valores populares. Haciendo de la calle escuela, Tita nacía y se hacía a sí misma actriz, cada vez, en cada una de las más de veinte obras de teatro de las que formó parte. Supo escenificar el humor de las historias comunes, incluso la suya propia, con sus intervenciones testimoniales y burlonas. Para envalentonarse, aprovechó del tango un repertorio farsesco al que insuflaba picardía con su voz atractivamente tosca. Tita, la más rea, decía su sentir. Mujer, muchacha, ¿te hiciste el Papanicolaou?”, preguntaba a cámara en cada programa televisivo al que asistía. Recomendaba no “acaracolarse” en la soledad aunque confesaba ser su amiga. Así, Tita fue dejando consejos y opiniones como gestos de amorosa autenticidad. Tita, artista popular, fue vinculada con el peronismo porque sí, hay foto con Perón, frecuentó a Evita y celebró medidas populares de gobierno. De hecho, fue poco antes del estreno de Filomena… que las mujeres habían logrado acceder al voto. Sí, también hay foto de Tita con la urna. Con el derrocamiento de Perón y en plena Revolución Libertadora, llegó a ser acusada de contrabando y se exilió en México durante dos años. Al volver continuó su carrera en las temporadas veraniegas de Mar del Plata, en cine, TV y radio, hasta su retiro hacia principios de los 90 luego de ser declarada Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires.

La historia de Tita ha sido germen de obras de teatro, guiones de cine y biografías. Ella misma condensó sus memorias en el libro La calle y yo. Su vida fue una performance de sí: “Hice de mí lo que quería”, deslizó más de una vez, y nos dio tanto. Es así. Un apodo para el satélite argentino BugSat 1. Dio nombre a muchos espacios: una casa cultural en Parque Patricios, un centro cultural en Valentín Alsina y otro en Villa Soldati. Otro en La Plata, otro en Francisco Solano. Una plaza en San Cristóbal. Hubo un complejo de cine en el centro porteño y tiene un monumento en Congreso. ¡Hasta una foto bendiciendo al presidente electo en 1989! Y la plaquitita en San Telmo que recuerda que hace 120 años nacía Tita, estrella, mito, artista popular. Tita, la que nació en primavera y murió en Navidad. Feliz vida, Tita, a tu salú.

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