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Lo que Tita nos dejó

Independiente, feminista, audaz. Intérprete única y destacadísima actriz. Visionaria. Sobre todo. Y talentosa. Dueña de un talento innato que no se aprende, sino que se toma “con el chocolate de la tarde”. Que aprendió de su dolor y lo convirtió en arte. Así la ven y así la sienten los artistas de hoy, quienes reconocen su huella indeleble en la historia cultural argentina y rioplatense. “¿Cómo sería nuestra argentinidad sin Gardel, sin Maradona, sin Tita, sin Nelly Omar, sin Evita? Es parte de nuestra historia y nuestra identidad”, dirá Karina Beorlegui, una de las cantoras entrevistadas para esta nota.

“Le reconozco, primero, una identidad, un estilo, que es lo más importante en un artista. Un sello propio”, dice, por su parte, Dolores Solá. “A las mujeres del tango nos abrió la puerta a la interpretación del tango reo popular, legó toda una tradición de tango humorístico desde donde interpelar al varón, que todavía hoy tiene vigencia”, agrega Patricia Malanca. “Construyó un repertorio que permitió darle voz a las mujeres del arrabal, a las desiguales, a las feas y a las mujeres obreras. No solo desde el amor romántico, sino desde el empoderamiento de una mujer trabajadora, con las contradicciones de las tradiciones de patria, dios y familia de aquella época que todavía impregnan algunos aspectos de la actualidad”, continúa.

“Son artistas que exceden el género, el tango, el cine, y se convierten en ellas, un género en sí mismas. Tita Merello es raza de uno”, define Hernán “Cucuza” Castiello.

Todos ellos, artistas que hoy y hace años vienen representando a la escena tanguera no solo de la Argentina sino del mundo, destacan la integridad interpretativa de Tita, en esa conjugación perfecta entre la cantora y la actriz. “Además, esa dicción perfectamente actuada que convierte en un percutor cada palabra de las canciones que interpreta. Las mezzosoprano, agradecidas con Tita por dejarnos la puerta abierta de par en par para darle mayor expresividad y emotividad a las canciones. Si Tita lleva barro entre sus cuerdas, nosotras también podemos”, asume Malanca, quien le puso voz tanguera a sus versiones de temas de Silvio Rodríguez y presentará disco nuevo el 28 de noviembre en Pista Urbana.

“A partir de la muerte del Polaco Goyeneche empiezo a escuchar y me quedo ahí un montón en la historia de Tita, en las canciones, en las rancheras, en ese desparpajo y esa gracia, y en su rol de actriz, porque no solo nos deja un legado en el tango como cancionista e intérprete, sino como actriz y como referente mujer”, apunta Beorlegui. “Me parece una de las mejores actrices argentinas de todos los tiempos. Una actriz dramática que interpretara esos papeles, no era moneda corriente”, completa.

“Era una buenísima actriz, además, y no sé si pasó a la historia como tal”, reflexiona Solá. “Y por otro lado –destaca– me parece que su feminismo fuera de tiempo y dentro del tango, que era machista porque era la sociedad machista entonces. Y en ese ambiente fue una mujer de armas tomar, muy liberal, que no disimulaba su liberalidad y con un estilo muy de ir al frente. Que sufrió muchísimo por eso mismo. Entonces tenía como un feminismo muy fuera de época”, asume la voz del grupo La Chicana, con el que se presentará en El Tasso 9 y 16 de noviembre.

Esa actitud visionaria, adelantada en el tiempo, es una marca para los artistas. “Siempre me llamó la atención esa cosa visionaria de sublevarse, de su carácter y personalidad en un momento en que el tango seguramente era para la mujer muy hostil”, agrega “Cucuza”. “Aparte de su personalidad y su sapiencia, admiro ese talento innato que se trae, que te ponen de chiquita en el chocolate, que no se aprende. Y además de ser talentosa, fue también visionaria, teniendo en cuenta todo el movimiento que a posteriori se vino con la mujer, con el feminismo, con defender sus derechos. Fue pionera en poner la palabra y la cara en defensa de la mujer”, sigue el cantor habitual de El Faro del barrio de Villa Urquiza. “Que haya logrado ese protagonismo en el tango habla de una personalidad indestructible. Una personalidad a fuerza de sufrimiento y bancarse un montón de cosas”, señala.

UN ESTILO ÚNICO

Castiello apunta un elemento que forma parte de la consideración de los cantores acerca de la interpretación de Merello, algo que, de alguna manera, abrió puertas a nuevos estilos que parecían impensados hasta entonces. “Lo que me pasa con Tita –dice– es que no importaba del todo cómo cantaba, ella era un estilo. Solo ella cantaba de esa manera que no podía hacerlo otra, y eso la hace distintiva. Sin ser una tipa de la academia o de estudio, como otras cantoras que cantan increíblemente bien, con su interpretación lograba emocionar, lograba trascender la excelencia en el cantar y transmitir un montón de cosas”.

“Subió a la mujer atorrante a escena, que en esa época era una mujer deseante, que desea, eso es para mí absolutamente revolucionario. Hasta ese momento eran todas criollitas de mi pueblo, cantando muy bien, muy divas, pero ninguna mostraba el deseo tan descarnado como ella”, considera Patricia Malanca.

“Tita, como mujer independiente, se abrió paso sola, sin depender de ningún hombre para salir adelante”, menciona Beorlegui, y continúa: “Respecto de su impronta, su estilo inconfundible, personal, es la confirmación de que no hace falta solamente una linda voz y una buena técnica para ser una artista que trasciende”, agrega quien se considera una heredera de su escuela. “Un montón tengo de Tita”, afirma. “El legado es enorme. En mi caso, siempre fue una referente total, en mis inicios quería ser como Tita Merello, pero en la actualidad. Para mí Tita lo es todo. Me formé nutriéndome de ella y de otras, pero sobre todo de esa imagen distintiva de arrabal, de pueblo, de rebeldía. De esa actitud de compadrita”. Desde que empezó a escuchar sus interpretaciones, Beorlegui entendió que debía recorrer ese camino. Sumó esa impronta a las noches radiales de Alejandro Dolina a finales de los 90 y fue parte de su opereta Lo que me dejó el amor de Laura. El propio Dolina le había prometido llevarla a tomar el té con una ya muy anciana Tita, pero la muerte llegó antes.

“Le había hablado de mí y ella me había escuchado en el programa, y falleció al poquito tiempo. Me perdí esa posibilidad, pero tuve como el lujo de que ella me había conocido a mí”, recuerda esta cantante de tango y fado que retoma su ciclo Fado Tango Club en Cambalache Club Social.

Algo que nadie pasa por alto y que aquellos que suman algunas décadas recuerdan quizá como una anécdota simpática, es la arenga de la vieja Tita en los medios llamando a las jóvenes a hacerse el Papanicolaou, el examen de cuello de útero que permite diagnosticar de manera temprana el posible desarrollo de células cancerosas. Sin embargo, ese legado es más profundo de lo que parece y marca una impronta que se completa con todo lo demás. “No solo nos deja un legado en el tango como cancionista e intérprete, sino como actriz y como referente mujer”, afirma Beorlegui. “Recuerdo en mi niñez ver a una abuelita que decía: ‘Muchachas que ríen, que lloran, que sufren, háganse el Papanicolaou’. Fue una de las primeras que en la tele se animó a decir algo como ‘cuidate, mujer’. A raíz de eso yo le pregunto a mi mamá qué es el Papanicolaou y me entero”, relata. “Nosotros conocimos una abuela que nos urgía a hacernos Papanicolaou, pero en eso también era una adelantada total”, confirma a su vez Dolores Solá.

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