Lautaro Delgado Tymruk está presentando en el Teatro del Pueblo Seré, la obra cuya dramaturgia y dirección comparte con Sofía Brito y que él interpreta. El texto, casi por completo, es parte del audio original de Guillermo Fernández en el Juicio a las Juntas, en 1985. Fernández fue uno de los detenidos desaparecidos llevados al centro clandestino de detención conocido como Mansión Seré, y uno de los que logró escapar de allí el 24 de marzo de 1978.
Es en la teatralización, en el rol de ventrílocuo que ejerce el actor, que todo cobra un sentido nuevo. En definitiva la memoria se construye así, con palabras, con grabaciones encontradas, con una foto que alguien atesora. La historia se arma con estos retazos que tenemos. Aquí el actor, en el momento de la función, es también alguien que construye memoria. Pero no como un historiador, con método y sistema, sino con magia. Ese es el secreto, además del trabajo corporal casi inaudito que realiza Delgado Tymruk, para que esta obra tenga la potencia simbólica que tiene.
Tuve la suerte de ver la función que hicieron en la mansión Seré, en el espacio donde se rescataron los cimientos del que fuera el centro clandestino de detención más emblemático de la zona oeste del conurbano. “En esa función yo nombraba el lugar en el que estaba parado, como hago en el escenario, pero ahí estaba efectivamente en el lugar original”, explicó Delgado Tymruk a Caras y Caretas. “Fue muy fuerte y tuvo mucho de improvisación porque eso no lo pude ensayar, porque es un lugar histórico y cuanto menos sea pisado, mejor. De hecho no lo voy a volver a hacer más ahí, pero no me lo voy a olvidar nunca en mi vida. Es una experiencia reveladora y valiosísima, y estoy muy orgulloso de haber llevado la obra al lugar donde todo ocurrió, y que la magia permita que aparezca la historia en el presente.”
–¿Cómo se les ocurrió tomar este tema, utilizar este dispositivo y trabajar desde ese lugar?
–Trabajé en la película Crónica de una fuga haciendo de Carlos García, que fue uno de los cuatro fugados. Cinco años más tarde lo conocí personalmente y me invitó a presenciar el testimonio que dio en 2014 sobre lo que le pasó en Seré. Al escucharlo me pasó algo muy perturbador. Todo lo que estaba diciendo sentí que ya lo había vivido. Tuve una suerte de ataque de pánico o de viaje chamánico, un estado de realidad alterada. Empecé a temblar y a llorar porque lo veía y era como si yo estuviera ahí, como si me viera a mí mismo fuera del cuerpo. Años más tarde entendí que eso era el germen de una obra: ¿qué pasa si tomo su voz y pongo mi cuerpo? Pero trabajamos sobre el testimonio de Guillermo Fernández, a quien conocí durante el rodaje, porque actuó en la película. Retomamos algo de esa confusión que yo viví para la representación. El espectador muchas veces se pregunta si está hablando él o no, a pesar de que lo digo al comienzo, digo que es ventriloquia. Seré tiene un dispositivo brechtiano, de distanciamiento. Conlleva un procedimiento para lograr ese efecto en el espectador que es algo medio mágico o de espiritismo tecnológico, como si yo fuera médium de otras voces. Los actores a veces somos médium de otras voces, pero acá está más evidenciado. Una de las hipótesis de Seré es: si yo pongo mi cuerpo pero la voz es de Guillermo Fernández, ¿quién es el que está actuando? ¿Estamos actuando los dos o es un tercer sujeto que “aparece” en el escenario?
–¿Qué es Seré? ¿Qué cuenta y cuándo?
–Es un estudio sobre el sonido, la voz y la palabra. Y sobre el discurso y los medios de comunicación masiva. Y sobre el poder. No es solo una obra sobre la dictadura, más allá de que es muy importante, está centrada sobre la palabra y sobre el discurso. Nosotros decimos que es un instructivo de fuga y un manual de supervivencia. No solo por el testimonio de Guillermo, sino por lo que se juega en el campo de lo simbólico, en el aquí y ahora. El título, obviamente, es por la mansión Seré, pero también por el futuro simple del verbo ser. Ser en el futuro es la posibilidad de imaginarse en el futuro e imaginar el futuro. Un futuro más justo, más fraterno, más soberano.
–La obra es en un sentido performática, un proceso activo de construcción de memoria, ya que esa construcción parte de las palabras, de reencontrarnos aquí con esas fotos, los retazos de la realidad a través de testimonios, entre otras cosas.
–El efecto de la obra es desautomatizar la historia. Hay algo de la historia, y de la historia de la dictadura y de la represión, que a veces queda como un dato museístico. Este procedimiento lo desautomatiza, lo vuelve vibrante, lo vuelve aquí y ahora. Las fuerzas que se juegan tanto en los 70 como ahora son las mismas. Y la lucha también está en el campo simbólico, en qué se enuncia y cómo se enuncia. En cómo te construís como sujeto. Por eso en un momento le decimos al público: “¿Ustedes creen que esto es original? Lo hace la gente todos los días, somos repetidoras, nuestro sentido común es moldeado, estamos sometidos por los discursos, somos dichos. Esta es una oportunidad de fuga”. Y la fuga es en el campo del discurso.
–¿Cómo fue aprenderte lo que declaró Fernández, que en este caso es el texto de la obra?
–Fue dificilísimo. No es solo la letra, sino los tiempos, la respiración, la vacilación. Yo enuncio el truco, digo: “Lo que ustedes van a ver es un truco de magia, haré ventriloquia, pero al revés, el muñeco voy a ser yo”. O sea, es un truco y puede que durante la función ocurra el milagro y que la voz de Guillermo pase por mi cuerpo.
–La teatralidad se funda, de algún modo, en la dialéctica entre tu corporalidad y la voz que lleva adelante el texto. Allí produce un nuevo sentido.
–Para mí la obra se juega dialécticamente en tres niveles: en el pasado, contado de Guillermo, que el espectador lo ve; en el presente del testimonio de Guillermo, porque siempre es hablado en presente, con sus fallidos, sus recuerdos; y en el aquí y ahora del espectador que mira la obra. Esos tres niveles de tiempo y de historia están en el mismo lugar y en el mismo momento. Creo que eso provoca ese estallido de sentido.
–La verdad que se logra con el testimonio, que es orgánico al pasar por tu cuerpo con la ventriloquia, tiene mucho que ver con la ironía, la inteligencia y la sutileza de Fernández.
–En un momento de la obra decimos que Guillermo es un Groucho Marx que se fugó de la muerte. Tiene un nivel de humor, de ironía y de inteligencia cuando contesta a los jueces y a las defensas, que hasta la gente misma en el lugar se reía y el juez tuvo que pedir silencio. La gente se sorprende de reírse de un testimonio así, es incómodo para la gente reírse de algo que es terrible, pero es muy liberador. Guillermo me dijo: “Mirá, Lautaro, lo único que te pido es que no sea lacrimógeno el espectáculo. Nosotros, a pesar de todo, nos reíamos y en esos momentos sentíamos que estábamos afuera de ese lugar. Era nuestra forma de fuga”. Por supuesto, tenía mucho miedo, porque que alguien ponga el cuerpo y estar siendo hablado por otro está al límite de ser algo bizarro. Es un riesgo que nos quisimos dar y creo que llegamos a buen puerto.
–Ser hablado por otro no es sin la corporalidad que vos ponés en la escena como actor, y eso también juega.
–Yo creo que el cuerpo opina. Lo más difícil era darle a la literalidad su forma poética y su forma estética. Lo interesante también es cuando se crea circuito y cortocircuito con lo que se dice, cuando la voz dice algo y el cuerpo opina otra cosa.
–Es notable que casi cuarenta años después el sentido de esas palabras dichas ahora no parezca homenaje ni caiga en golpes bajos. ¿Cómo pudieron lograr esa continuidad?
–Hay un trabajo en la dramaturgia que tiene que ver con el montaje sonoro del testimonio de Guillermo. El testimonio dura tres horas y nosotros hicimos un montaje de una hora y cuarto. ¿Qué es lo que se saca? ¿Qué es lo que se deja? Porque todo es muy importante. Quise sacar todo lo que pudiera llegar a ser morboso, que si bien es algo real, no podía siquiera reproducir. Esas cosas aparecen, pero editadas, trabajadas a través de los silencios. Y además nos sirvió la ligazón con la magia. Yo estudié prestidigitación y me encanta la magia. Cuando antes de fugarse hicieron la prueba para abrir la ventana con un clavo y la vuelven a cerrar, Claudio Tamburrini le dijo a Guillermo: “Bien, Houdini”. Houdini nació un 24 de marzo, que es la fecha del golpe y es la fecha en que ellos escapan. Casi como si fuera un milagro, es pura magia.
–Es magia. Por más que hayas estudiado prestidigitación, la magia existe.
–Totalmente. Y “abracadabra”, que es el conjuro que hacen los magos, etimológicamente significa “iré creando conforme hable”. O sea que lo que yo piense y pueda pronunciar puedo materializarlo. Tiene que ver con la utopía y con la encarnación de los sueños y con el poder transformador de la política, de la palabra y de los movimientos sociales.
Ficha técnica
Intérprete: Lautaro Delgado Tymruk
Iluminación: Ricardo Sica
Maquetas: Gustavo Brito, Isolda Maur
Dramaturgia y dirección: Sofia Brito, Lautaro Delgado Tymruk
Seré se presenta en el Teatro del Pueblo (Lavalle 3636, CABA) hasta el 1º de septiembre los domingos a las 20 y a partir del 7 de septiembre, los sábados a las 17.

