Icono del sitio Caras y Caretas

Los herederos de Borges

Ahora entrarás al ‘gran mar’ con tu querido Borges. Que en paz descanses, María”. Con esas palabras, el abogado Fernando Soto anunciaba el domingo 26 de marzo de 2023 que fallecía María Kodama. La traductora y docente de Literatura padecía un cáncer de mama que se aceleró de manera fatal. Habían pasado casi cuatro décadas desde la muerte de su esposo y compañero, Jorge Luis, el 14 de junio de 1986 en Ginebra.

Cuando en 1975 perdió la vida su madre (a los 99 años), Borges empezó a viajar por el mundo con una ex alumna, luego secretaria y finalmente, en el mismo ’86, su esposa, María. La misma que aseguró luego con firmeza: “Le di mi palabra a Borges, tengo que cuidar su obra”.

En 1988 la viuda creó una fundación para administrar el legado. Desde entonces, fue la única encargada de difundirlo, y no dudó en iniciar acciones judiciales cuando sintió que debía defenderla.

Pero la pareja no tuvo hijos. Kodama murió sin dejar un testamento. Y la inmensa obra del Aleph de la literatura argentina quedó a la deriva. Como en un giro borgeano, arrancaba otra historia.

“Si la sucesión se declara vacante, no hay testamento ni heredero, pasa al Estado”, advertía el abogado, a los pocos días de la muerte de la esposa de Borges. Y admitía: “Es increíble que María Kodama no haya dejado testamento”.

En ese momento, hace casi un año y medio, Soto presentó ante la Justicia un pedido de apertura de la sucesión, con el fin de preservar los bienes. Frente al mismo juzgado, otro escrito dio la sorpresa: existían cinco sobrinos de la viuda de Borges, hijos de su único hermano, Jorge Kodama. Estaban en condiciones de reclamar la herencia. En junio del año pasado la Justicia decidió a favor de ellos. Los cinco herederos tienen las mismas iniciales de su tía, M. K.: Mariana, Martín, María Victoria, Matías y María Belén, todos de entre 40 y 48 años, la mayoría abogados, sin relación con el mundo de la cultura. Hoy integran el directorio de la Fundación.

“Ninguno de nosotros estudió Letras ni es experto en Borges ni se formó en nada relacionado con la literatura. Yo como abogada tengo mi estudio: dos veces por semana venimos con Mariana a hacer todo el trabajo de clasificación y orden a la Fundación”, contó María Victoria a La Nación en mayo pasado.

“Yo creo que ella (María) tuvo todo planeado del modo que ocurrió. No podía desconocerlo: tuvo nueve juicios por la sucesión de Borges, y ganó todos. Sabía muy bien cómo se hace”, sostuvo Fernando Flores Maio, vicepresidente de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges y amigo de María Kodama durante cuatro décadas.

En la entrevista, el grupo de herederos aseguró: “No tenemos interés en vender nada”. También en 2023 se dictó una medida cautelar presentada por Federico Pinedo, Eduardo Tallarico, Adolfo Tamini y José Luis Ibarzabal: solicitan que todos los bienes de Borges pasen a formar parte del “patrimonio cultural” de la Ciudad de Buenos Aires. Fue apelada por los herederos y por Soto.

INCALCULABLE E INTANGIBLE

¿De qué hablamos cuando hablamos de la herencia de Borges? De algo incalculable e intangible, a cargo de uno de los mayores escritores del siglo XX y de la historia argentina, el tercero más traducido en lengua española, que hizo libros, cuentos, ensayos, poemas, artículos periodísticos, y largos etcéteras. Y no solo escritos. Hay condecoraciones, muebles, cuadros, bastones. Tres propiedades en la Argentina, y también en Ginebra y París.

Y está su biblioteca: “La más importante en anglosajón en Sudamérica. No tiene tantos volúmenes como la de Adolfo Bioy Casares (de alrededor de 17.000). La de Borges nunca pasó de los 3.000 o 4.000 ejemplares. El número fluctuaba porque él regalaba muchos libros. Y nunca dejó de comprarlos, aun cuando ya estaba ciego”, resaltó a Perfil tiempo atrás Germán Álvarez, director junto a Laura Rosato del Centro de Estudios y Documentación Jorge Luis Borges. Considera que Borges es primero lector, y luego escritor: “Sus escritos son sobre leer. Por eso su biblioteca es mítica. No tiene precio, es excepcional. Y algo muy importante que contiene son las enciclopedias. Borges tenía una forma peculiar de leerlas”.

Otro capítulo son sus manuscritos. Desde temprano, Borges supo del valor comercial que guardaban, y empezó a regalarlos. Cuando María arranca la Fundación busca algunos en particular, como “El sueño de Coleridge” o “Las ruinas circulares”, su cuento favorito. Ambos tenían dibujos (en el de “Las ruinas circulares” el autor esbozó un laberinto). Para dimensionar el valor, el original de “Pierre Menard” llegó a ser cotizado en medio millón de dólares.

INÉDITOS

Hay algo más, que en personalidades de la cultura tan magnánimas es probable que surjan: los inéditos. De hecho, hace unos años, Kodama encontró en su departamento de la calle Rodríguez Peña un inédito del escritor, fue dictado porque ya estaba ciego. ¿Cómo administrar todo ese océano intangible y patrimonial? Los derechos de autor no son lo mismo que heredar un departamento. Es una gestión extremadamente compleja. La obra de Borges es manejada por el agente literario Andrew Wylie, pero la decisión final de cada acción a tomar les pertenece a los propietarios de los derechos.

“¿Qué pasa si aparecen materiales inéditos? ¿Quién decide si se publican o no? –se cuestionaba Guillermo Schavelzon, uno de los agentes literarios más importantes de la Argentina, en la misma nota de Perfil–. El problema de los herederos es que reciben una obra que requiere cierto conocimiento. También el que hereda puede ceder los derechos de propiedad intelectual, completos. Cuando un escritor muere, suceden cosas que nadie imagina que puedan pasar”. Hasta hoy, por ejemplo, no haya acceso pleno a la obra de Bioy Casares.

Los bienes del autor de Ficciones permanecerán en el dominio privado hasta que se cumpla el plazo de 70 años contados desde la muerte de Borges, ocurrida en 1986. Luego de ese término pasarán al dominio público, según lo marca la ley de propiedad intelectual.

Salir de la versión móvil