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“Borges fue tal vez el lector más importante de la historia de la humanidad”

“Que otros se jacten de las páginas que han escrito. A mí, me en orgullecen las que he leído”, solía repetir como un mantra Jorge Luis Borges en el atardecer de una vida justamente habitada por las páginas de esa infinita biblioteca que acaso soñó y situó en Babel. “No sé si soy un buen escritor, pero me considero un buen lector, un sensible y agradecido lector”, podía agregar en profundidad.

Para abordar ese aspecto de su personalidad menos pública pero de cabal influencia en su obra, conversamos con Alejandro Vaccaro, actual presidente de la Sociedad Argentina de Escritores y titular de la Fundación El Libro, además de avezado biógrafo y exhaustivo coleccionista del universo borgeano, cuyas búsquedas lo llevaron a reunir unas 30 mil piezas, entre ediciones, manuscritos y memorabilia.

–Sabemos que Borges era un lector exquisito. ¿Era un lector de amplios intereses?

–Opino, con Roberto Alifano, que Borges fue tal vez el lector más importante de la historia de la humanidad. Quienes transitamos el mundo de la literatura somos conscientes que ser un buen lector es casi una condición previa a ser escritor, a ser un buen escritor. No hay universidad que enseñe a escribir, se pueden enseñar ciertos parámetros, conocimientos gramaticales, sintaxis, etcétera, pero el escritor se forma a través de sus lecturas. Borges comenzó a leer desde muy pequeño, y decía que no recordaba un momento de su vida en el cual no haya sabido leer. Asimismo, tuvo la capacidad de elegir y seleccionar adecuadamente sus lecturas. Sus intereses como lector siempre estaban orientados a textos con contenido, ya se expliquen a través de temas filosóficos, oníricos, religiosos, o de la propia literatura. Alguna vez dijo que como escritor no “buscaba la sencillez, que no es nada, sino la modesta y secreta complejidad”.

–Si bien eludía mencionar influencias directas en su obra, las primeras lecturas de la biblioteca paterna debieron tener importancia en su formación.

–Sin dudas la biblioteca de su padre fue de capital importancia en su formación. Recordemos que los Borges vivían esos primeros años de la vida de Borges (hasta los 14 años) en el barrio de Palermo, considerado entonces los suburbios de Buenos Aires, no asistió al colegio primario, salvo unos pocos meses, los padres no los dejaban, a él y a su hermana, salir a jugar con otros chicos y solo tenía como actividad las enseñanzas de una institutriz inglesa que asistía a su casa un par de veces por semana. Todo su tiempo, sin aparatos de ninguna especie, radio, televisión, etcétera, se lo dedicaba a explorar la frondosa biblioteca de su padre y leer.

–Hace varios años se publicó “Biblioteca Personal JLB” como un muestrario finito de sus lecturas. ¿Qué podemos destacar como singularidad de ese abanico de autores?

–Esa colección es el gran legado que nos deja Borges. Iban a ser 100 títulos pero cuando lo sorprendió la muerte llevaba seleccionado y prologado algo más de 70. Esa selección efectuada ya casi al final de su vida, reúne los que según su parecer eran los libros de imprescindible lectura. Los libros que uno se llevaría a una isla y a partir de ellos, seguramente no tener deseos de volver.

–Fue un prologuista muy requerido por su firma y prestigio.

–Borges prologó a lo largo de su vida algo más de 270 libros, con motivaciones muy distintas. Los clásicos y los libros que admiraba lo hacía claramente por vocación, tal es el caso de Crónicas marcianas, ya que consideraba a Ray Bradbury como un gran narrador en su especialidad. Otros prólogos los
hacía por amistad y muchos otros por dinero.

–También solía ironizar y/o exagerar que convenía leer libros que llevasen más de medio siglo de publicados. ¿Cómo era en verdad su relación de lector con la literatura contemporánea?

–Sí, él decía que no hay que leer libros que no hayan cumplido 50 años y mantengan su vigencia. Veía al tiempo como gran antólogo: si el libro sobrevivió, insistía, con vigencia, a tanto tiempo es porque es susceptible de ser leído. Borges dejó de leer a mediados de los 50, y dependía de que le leyeran, con las dificultades que ello acarrea. Su acceso a los contemporáneos fue escaso.

–No lo imaginamos leyendo a Roberto Arlt, a quien despreciaba bastante según su propio testimonio, ¿verdadero o falso?

–No es que lo despreciaba, pero está claro que no le interesaba su literatura. Si uno conoce a Borges y lee a Roberto Arlt, entiende que no le gustara y por qué.

LOS LIBROS Y LA NOCHE

La pérdida de la visión, hacia mediados de los 50, reflejada con ácido sarcasmo en el célebre poema (“Que nadie rebaje a lágrima o reproche…”) alteró esa comunión íntima de la lectura, confinándolo a la condición de oyente. “Tenía por entonces 56 años, sin dudas ya había leído lo esencial y estaba en una etapa que él denominó de la relectura –precisa Vaccaro–. Ahí, la primera lectora y amanuense fue su madre, quien lo acompañó en esa tarea durante muchos años, luego se sumaron amigas y amigos circunstanciales y otros no tanto como los casos de Grillo Della Paolera, Alberto Manguel y Roberto Alifano, entre otros. Le gustaba que le releyeran páginas clásicas y muy poco o casi nada de contemporáneos”, advierte.

–¿No llegó a hacerse una idea de los autores del “boom latinoamericano”?

–En relación al boom latinoamericano, a excepción de Cortázar, a quien había leído y fue además uno de los primeros autores que incluyó en la BP, al resto los conocía muy poco: Vargas Llosa, Carlos Fuentes, José Donoso, García Márquez. En relación a este último le leyeron Cien años de soledad y Borges comentó irónicamente: “Con 50 años hubiera sido suficiente”.

–“Borges fue quizás el lector más importante de la historia de la humanidad”, ha dicho en muchas ocasiones.

–Esa opinión la tomo de Roberto Alifano, que fue amanuense de Borges y lo trató a diario durante muchos años. Era imposible hablarle a Borges de un libro que haya tenido una lógica trascendencia, que él no hubiese leído y que no tuviera una opinión formada del mismo. La prueba de esto es que Borges fue un extraordinario antólogo. Dejó colecciones maravillosas como El Séptimo Círculo, La Puerta de Marfil, La colección Centuria, y muchos otros textos. Solo un lector de fuste, calidad y cantidad puede dejar una obra antológica como la que nos legó Borges.

–¿Qué nos podría revelar un trabajo especializado sobre el Borges lector?

–Sin dudas que sería muy interesante hacer una recopilación exhaustiva de los libros que leyó a partir de las muchas reseñas que efectuó y de sus citas y comentarios de los libros que había leído. Estoy seguro que de ese análisis deberían surgir algunas conclusiones que nos ayuden a comprender cuál fue la savia que nutrió al genio.

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