Se ven las huellas que diseñan el plano dactilográfico de nuestro recuerdo? ¿Alcanza una foto? ¿Le agregamos la voz testigo de alguien que la vio en el escenario para que la ilusión sea perfecta?
En la foto Marilú Marini baila y vuela, el cuerpo nunca tan despierto cubre el ámbito solitario del aire y lo convierte en aire supersónico. Es una foto de los años 60 en el Centro de Experimentación Audiovisual del siempre mítico Instituto Di Tella. Ahí está Marilú trasformando la liberación en más liberación. “Junto a Ana Kamien podían bailar una canción de Palito o fundar una Escocia nueva para James Bond”, dice la voz testigo cuando recuerda Danse Bouquet, el espectáculo de danza experimental que Marilú y Ana hicieron en el Di Tella en 1965 con el apoyo del Fondo Nacional de las Artes. La voz testigo que buscó sin éxito el programa que da cuenta de su condición improvisa con saber pessoano: “El alivio en la cara de no cumplir un deber”, y asegura después de recitar como un mantra: “Courreges, La Traviata, astronautas, poesía, movimiento, diversión”, que las actrices bailarinas transmutaban con amor sin límites los argumentos de las historias que elegían coreografiar. La voz testigo que no encontró la prueba de vida de su devoción sucumbe ante la pantalla y lee en voz alta un recorte de la revista Panorama sobre Marilú y el Di Tella: “Cuarenta y cinco minutos con Marilú Marini (1967), una admirable demostración de ascetismo expresivo. ‘Me gustó mucho hacerlo. Lo había empezado a preparar en los Estados Unidos, mientras a la vez trabajaba con dieciséis gimnastas varones en la confección de un gran show. Cuarenta y cinco minutos fue una especie de ensayo, muy valioso porque por primera vez estuve sola en un escenario”.
Cuando estoy tipeando la palabra “escenario” recibo un mensaje de Marilú desde Madrid, está en un rodaje y amorosamente se inventa un momento en medio del “tsunami de la realidad” para mandarme un audio que disfruto como disfruto cuando la veo actuar porque así es su audio: una gran escena. Mientras la escucho la imagino parada con la iluminación precisa, saludando y haciendo la pausa perfecta antes de empezar a recordar.
Y LA VIDA AHORA, Y LA VIDA YA
“Evocar el Instituto Di Tella para mí es una alegría. El Instituto Di Tella fue el ámbito, el espacio, el hogar de mis años de juventud. Ahí conocí a gente importante para mí, para mi desarrollo como ser humano y como artista y ahí también tuve el espacio para poder hacer realidad lo que yo imaginaba. Lo que también es algo que me asalta, de una buena manera por supuesto pero que está presente en mi recuerdo, es la libertad, la libertad que teníamos de crear en ese espacio. No había ninguna barrera ni ningún ítem que debíamos o teníamos que cumplir, no había requisitos a llenar. Lo que se favorecía y lo que se quería y lo que se necesitaba por parte de la gente que dirigía el Instituto, tanto Roberto Villanueva en la parte de audiovisual, Romero Brest en la parte de artes plásticas, era siempre la apertura de horizontes y la sed que ellos tenían de nuestras invenciones, de nuestras obras, de nuestras ideas, y ellos nos daban el lugar para hacerlas realidad. Lo que también era maravilloso y que no mencioné cuando nombré artes plásticas y audiovisuales era el centro de música contemporánea. Convivir con esos tres departamentos era la posibilidad de intercomunicarnos y de hacer un mestizaje, un métissage (me sale la palabra en francés) de lenguajes entre la música, el teatro, las artes plásticas y también la posibilidad de conectar con pensadores y con artistas venidos de otros horizontes; tuvimos conferencias de Umberto Eco, vino Luigi Nono, veíamos los films de Andy Warhol casi al mismo tiempo que salían públicamente en Nueva York y también toda la posibilidad de dar una voz y una presencia y un lugar a la argentinidad, al arte argentino, al arte argentino en su diversidad y no como una reproducción sino como una invención de la entidad cultural argentina, eso es lo que evoca para mí el Di Tella, un espacio de creación, un espacio de libertad, un espacio de intercomunicación y un espacio de riqueza. Por supuesto esa riqueza también a veces era tormentosa, pero uno cuando ya es más grande, como es mi caso, aprende que las tormentas y los momentos difíciles son también necesarios para las transiciones y para las aperturas. Digamos que el Di Tella era un lugar en medio de una situación política complicada y represiva, era un lugar de libertad y de creación”.

