“El presidente de los argentinos entregó su vida en holocausto a la libertad pacífica de los pueblos y hasta sus últimos instantes trabajó por la unidad nacional, continental y universal. Con gran dolor, debo transmitir al pueblo el fallecimiento de un verdadero apóstol de la paz y la no violencia”, anunciaba María Estela Martínez de Perón, el 1º de julio de 1974 en cadena nacional, la partida física del General.
Desde entonces, el mayor líder de un movimiento político argentino pasó a transformarse en un estandarte doctrinario que supo sobrevivir diversos intentos de supresión. Hoy, a cincuenta años de su fallecimiento, dirigentes políticos de distintas generaciones comparten sus disímiles acercamientos a la figura de Perón y reflexionan sobre su legado y su vigencia.
Jorge Taiana, exministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto (2005-2010) y exministro de Defensa durante los últimos dos años del gobierno de Alberto Fernández, tuvo el privilegio de iniciar su carrera como funcionario público durante el tercer gobierno de Juan Domingo Perón: fue como secretario de su propio padre, médico privado del líder del movimiento.
“El primer acercamiento físico que tuve fue por mi padre; pero yo era muy pequeño, fue antes de su exilio a España. Luego, ya en 1973, unos días después de que regresara al país, fui a visitarlo a su casa de Gaspar Campos. Allí tuve la primera conversación larga con él y quedé impresionado por su carisma: era un hombre que, siendo una figura enormemente superior a uno, se ponía en igualdad de condiciones, planteaba confesiones y generaba un estado de complicidad con sus admiradores”, recuerda Taiana.
Posteriormente, el exministro tuvo el privilegio de trabajar en el último período de gobierno de Perón: “Yo tenía 22 años, ya estaba recibido de sociólogo y me desempeñé como secretario privado en el Ministerio de Educación de la Nación. Serví como una fuente de enlace y comunicación con el estudiantado universitario y la juventud peronista de aquella época”.
Cuando la desaparición física de Perón ocupaba la primera plana de todos los diarios, el hoy diputado nacional Daniel Arroyo tenía apenas siete años. Lejos de conocerlo personalmente, por cuestiones generacionales, el dirigente reconoce su primer acercamiento a la figura del General por sus amigos del barrio: “Yo vivía en una calle de tierra y el colectivo llegaba hasta el asfalto. El barrio se dividía en dos, había dos realidades: los que se juntaban de este lado y los que lo hacían de aquel lado. Las familias de acá compartíamos cierta identidad y ciertos valores que con el tiempo me fui dando cuenta de que eran los que reconozco en el peronismo”.
A los 15 años, Arroyo comenzó a acercarse a la iglesia y a dedicar largas horas al trabajo social en barrios vulnerables. “Me di cuenta de que mi camino estaba en los valores de Perón cuando caminé Villa Itatí; ahí entendí que había que cambiar algo y que lo social era un llamado directo para mí. Luego profundicé mi camino con la militancia universitaria peronista”, recuerda el exministro de Desarrollo Social.
Por su parte, Brenda Vargas Matyi nació en 1994 y es una de las diputadas más jóvenes de la Cámara baja tras asumir a su banca con apenas 26 años. “Soy de una época, los 90, en la que en nombre de Perón se hicieron las cosas bastante mal. Entonces, puedo decir que gracias a Néstor y Cristina volvimos a construir su figura como lo que realmente fue: un horizonte, un líder que había podido construir un país más justo”, sostiene Vargas Matyi, y agrega: “Me tocó ver a Perón resignificado en políticas públicas llevadas adelante por el kirchnerismo”.
LEGADO, VIGENCIA Y JUVENTUD
Una de las preguntas más complejas de responder es por qué, tras cinco décadas de su desaparición física, Juan Domingo Perón continúa siendo un estandarte de militancia personificada y un despertar de pasiones dentro y fuera del movimiento; cosa que no ocurre con otros históricos referentes vinculados con la génesis de distintos partidos políticos. Algunos encuentran en la continuidad de su legado y en sus desafíos de rebeldía el principio de la respuesta.
“Las tres principales banderas de soberanía política, independencia económica y justicia social están completamente vigentes y tienen mucho sentido actual. Esto no quiere decir que se deban realizar de la misma forma, porque parte del mundo cambió, pero las consignas siguen siendo muy ordenadoras. Por otro lado, hay dos conceptos bien desarrollados por Perón indispensables hoy en día: el de nación como unidad que nos vincula, que nos da un objetivo que podemos denominar ‘nacionalismo popular’; y el de continentalismo, que le da una dimensión de integración regional al proyecto”, sostiene Taiana.
Para el exfuncionario de Perón, hay tres pilares que aún hoy rebotan fuerte en la juventud y logran mantener la identificación con el líder del movimiento surgido en el siglo pasado: la rebelión frente al statu quo dominante, el sentimiento de pertenencia y orgullo manifiesto en el nacionalismo popular y el posicionamiento de la justicia social frente al falso sueño del individualismo y el progreso exclusivamente personal.
En esa misma línea, el diputado Arroyo interpreta qué significa hoy continuar con el legado de Perón: “La soberanía como punto de partida; la producción, el trabajo y la industria nacional como eje del desarrollo, y la movilidad social ascendente como camino para que a uno le vaya mejor son principios que están absolutamente vigentes para continuar trabajándolos. Desde ya, la sociedad no tiene nada que ver con la del peronismo de los años 40; pero estoy seguro de que deben sostenerse esos principios para abordarlos de una manera distinta y con nuevas ideas”.
Para Arroyo la relación actual de la sociedad con la política está rota y debe encontrarse en el peronismo una oportunidad para revertirla: “La sociedad siente que la política no vive la vida cotidiana. En ese esquema, creo que contrariamente la figura de Perón se relaciona con una política al servicio de que los que están mal estén mejor. Los períodos peronistas fueron indiscutiblemente, incluso para quienes estén alejados de la ideología, ciclos de soluciones y momentos en los que el camino se dirigía hacia una mejora común”.
Por su parte, Brenda Vargas encuentra un vínculo entre la juventud actual y la filosofía peronista en acciones de sentido transformadoras que rechazan los sistemas injustos y los reemplazan por otros con características de justicia social, donde el trabajo, la educación y la igualdad de oportunidades son piezas fundamentales. “El peronismo sigue viviendo en todos y todas los que tienen algún sentir social –afirma Vargas–, en los que de alguna manera se involucran en un espacio comunitario, en un club, una biblioteca o una escuela; ahí se representa a Perón. Esos son los lugares donde se puede volver a enamorar o demostrar por qué nosotros nos enamoramos del peronismo”.

