Ha pasado una larga etapa en la que la mujer, frente a la lucha cruenta que se ha venido desarrollando, ha hecho su acción silenciosa, tranquila pero efectiva.” La frase pertenece a un Juan Domingo Perón de 77 años, en su discurso ante el Congreso de Mujeres que se celebró el 27 de agosto de 1973. Su vuelta definitiva al país había sido dos meses atrás, faltaba menos de un mes para las elecciones del 23 de septiembre –que ganaría con el 62 por ciento de los votos– y menos de un año para su muerte. Entre las miles de mujeres que lo escuchaban, el líder histórico habrá visto, sin duda, la cara de Evita, que casi treinta años atrás había prendido la llama que brillaba en los ojos de esa multitud de trabajadoras.
Referirse a Perón y a las mujeres es, ineludiblemente, hablar de la que fue sin duda la persona más importante de su vida: Evita. El destino fugaz de esa mujer marcó el de todas las mujeres argentinas, y en particular en los sectores populares. Y es que el acceso de las mujeres a la política fue una de las principales luchas de Eva, que ella apenas logró ver en vida. Una imagen tremenda condensa esto: ella metiendo su boleta en la urna desde la cama en el Policlínico Presidente Perón de Avellaneda. Era el 11 de noviembre de 1951, la primera vez que las mujeres votaron y pudieron presentarse como candidatas en la Argentina.
EL EMPODERAMIENTO DE TODAS
¿Cómo se llegó a aquel momento? La transformación de Evita fue rápida, pero también paulatina. Se conoció con Perón el 17 de enero de 1944 y pocos años después ya era una líder popular reconocida mundialmente como “abanderada de los humildes”. En ese tiempo pasó de escuchar en silencio las conversaciones entre Perón y sus compañeros en el departamento de la calle Posadas a dar discursos ante cientos de miles de trabajadores y trabajadoras.
Su empoderamiento no fue individual, sino que se fundió en la lucha colectiva de las mujeres. El 12 de marzo de 1947 profirió un histórico discurso en la residencia presidencial, en el que se refirió a las mujeres como “el ser más relegado en lo político; el instrumento más decisivo en la movilización de los hogares y el corazón de los trabajadores”. En esa alocución, transmitida por la Radio del Estado, afirmó que “la mujer puede y debe votar. Es un mandato histórico”.
El 23 de septiembre de ese año, Perón promulgó la Ley 13.030, que estableció el derecho a voto de las mujeres en todo el país. Pero eso no era todo. La norma también consagraba los derechos políticos de la mujer, el derecho a ser electas en cualquier cargo público. La legislación para el peronismo no fue letra muerta: comenzó con un proceso en el que Evita movilizó a mujeres en todo el país, una verdadera organización popular de mu-jeres trabajadoras, que esperaron el resultado de la votación en las calles linderas al Congreso.
Unos días antes, había publicado una carta en la que invitaba a la sociedad a “recorrer las páginas de nuestra historia” para demostrar la lucha de las mujeres: “Que recuerden a las patricias mendocinas preocupadas por la suerte del Ejército de los Antes. Que recuerden a Juana Azurduy luchando por la independencia de América. Que recuerden a todas las heroínas cuyo nombre recogió o dejó de recoger la historia, pero que supieron servir a la patria, no solamente sintiendo o padeciendo, sino también actuando y luchando hasta la muerte”.
El peronismo, como movimiento emancipador, se inscribió también en esa línea de las luchas de las mujeres. Antes, Evita había creado la herramienta fundamental para organizar a las mujeres trabajadoras: el Partido Peronista Femenino. En rigor, esta rama independiente del Partido Peronista existía desde 1947, pero fue el 25 de julio de 1949 cuando se formalizó con un acto en el Luna Park, el mismo lugar en el que Eva y Perón se habían conocido.
Los encuentros de mujeres continuaron durante varios días en el Teatro Cervantes. La inauguración estuvo a cargo de la líder, que hizo hincapié en la doble condición subalterna de la mujer trabajadora, en relación con los hombres trabajadores: “Si nuestros compañeros se sintieron proletarios porque les fue negado el acceso a la propiedad y a una existencia mejor, y no gozaron más que una ficticia libertad política regulada por la reacción y negada por el fraude, nosotras las mujeres fuimos menos libres y más explotadas. Si los trabajadores conocen la repugnancia que hay en comercializar el trabajo a bajo precio, esa repugnancia ha sido doble en la mujer”.
LAS PRIMERAS ELECCIONES
El despliegue territorial del PPF fue inmenso y al cabo de dos años había abierto 3.600 unidades básicas femeninas en todas las provincias del país. En aquel escenario previo a las elecciones de 1951, tuvieron un rol central las censistas de Evita. Organizaron el partido en cada ciudad, pueblo y caserío de la patria, empadronaron a las mujeres y también, desde luego, hicieron campaña para la reelección de Perón. El partido femenino también tuvo su propia publicación, titulada Conquista, pero solo publicó cinco números, que salieron entre mayo y septiembre de 1955, cuando el peronismo fue derrocado por el golpe militar autodenominado Revolución Libertadora.
En las elecciones de 1951 votaron 3.777.494 varones y 3.816.654 mujeres, que sumaron 7.594.148 votantes. Por el Partido Peronista hubo un total de 109 mujeres votadas, entre las 23 candidatas a diputadas, seis a senadoras y otras tantas candidatas a cargos legislativos provinciales. El espacio político opositor, la Unión Cívica Radical, no incorporó mujeres en sus listas.
Pero el movimiento de mujeres peronistas fue más allá de Evita. Es preciso destacar que en la elección del 23 de septiembre de 1973, la acompañante de Perón en la fórmula fue una mujer, Isabel Martínez de Perón. Tras la muerte del líder, Isabel se transformó en la primera presidenta de la historia argentina, cargo que enfrentó con valentía y con un enorme compromiso de amor con Perón y con el pueblo argentino. También fue peronista la primera mujer electa directamente como presidenta, cuando en 2007 ganó las elecciones Cristina Fernández de Kirchner.
El destino –y los días más felices– de las mujeres en la política argentina es, sin duda, peronista.

