“Lo único que hay que erradicar de las villas es la miseria.” Carlos Mugica.
Carlos Mugica era, por sobre todas las cosas, un predicador. Su palabra tenía el valor del convencimiento y la credibilidad. En Liniers, en la Villa 31 o donde anduviera transmitía el mensaje eclesiástico y sus convicciones políticas. En 1971, dio una disertación ante alumnos y profesores del Instituto de Psicología Integral en la que sentaba las bases de su pensamiento, en donde la Iglesia y la revolución se unían en su práctica militante: “Es muy importante el valor que le da el cristianismo al aporte de la revolución interior. Y tenemos que entrar en eso. Yo personalmente, como miembro del movimiento del Tercer Mundo, estoy convencido de que en la Argentina solo hay salida a través de una revolución, pero una revolución verdadera, es decir, simultánea: cambio de estructuras y cambio de estructuras internas”. También dijo: “Hay un pecado personal, fundamental, que es el pecado del egoísmo. ¿Qué es pecar? Es tratar a una persona como si fuera una cosa (…). Pero está el pecado colectivo o estructural, que es fundamental, que significa romper, cambiar o destruir todas las estructuras que liberan a los hombres. ¿Cuáles son las estructuras opresoras? Aquellas que establecen un tipo de dominación de unos hombres por otros. Yo pienso que el sistema capitalista liberal que nosotros padecemos es un sistema netamente opresivo, precisamente por eso. No solo porque hay muy pocos hombres que se aprovechan del fruto del trabajo de la mayoría, sino porque además las relaciones que se establecen son relaciones de dominación. Relaciones despóticas. Por eso pensamos que entra perfecta y totalmente dentro de nuestra misión sacerdotal esa lucha (…). Por eso, como movimiento, los sacerdotes del Tercer Mundo propugnamos el socialismo en la Argentina como único sistema en el cual se pueden dar relaciones de fraternidad entre los hombres”.
A pesar de la profundidad de su mensaje, Mugica fue uno de los primeros curas mediáticos de la Argentina, aún antes de que ese concepto pudiera ser estudiado. Sus misas salían por televisión, también sus visitas a la Villa 31. Las revistas le hacían notas. Como una de junio de 1972 titulada con la sugerente
expresión “Un cura se confiesa” en la popular revista Siete Días, en donde, entre otras cosas, decía sobre el compromiso cristiano y quienes se autoexcluían: “Aquellos que ven a un tipo sufrir en la villa miseria y dicen: ‘Pobre’. Aquellos que se compadecen pero pasan de largo y siguen viviendo como burgueses. San Agustín fue muy claro al respecto: ‘Hay muchos que parece que están adentro de la Iglesia y sin embargo están afuera’. Es decir: son muchos los que fueron bautizados o tomaron la comunión pero no tienen amor concreto por su prójimo. Son cristianos muertos, no son cristianos. Por eso hay mucha gente que va a comulgar a misa, cree que comulga pero solamente traga la hostia. Cree que recibe la comunión y no se da cuenta de lo que eso quiere decir. Exactamente: común unión. Y si yo voy a recibir la comunión y soy racista, o sectario, o un explotador que oprime a su hermano, me dice San Pablo: ‘Ingiero el cuerpo del Señor indignamente; me trago y me bebo mi propia condenación’. Porque vivir en el egoísmo, eso es el pecado. Aquel que se la pasa contemplándose el ombligo es un pobre hombre que ya tiene el infierno en vida, que vive en el pecado”.
Con el regreso de Perón al gobierno, Mugica ingresó como asesor ad honorem del Ministerio de Bienestar Social que comandaba José López Rega. Fueron apenas unos meses, pero en ese tiempo, Mugica publicó algunas columnas en la revista partidaria Las Bases que manejaba el Brujo. En su edición No 49, del 28 de junio de 1973, Mugica publicó la nota “La Iglesia y el peronismo”, en la que decía: “Hoy los cristianos hemos comprendido que esta exigencia del amor no solo tiene una dimensión personal sino también una dimensión estructural. Tengo que amar no solo a nivel de individuos sino a nivel de pueblo. Y fue a nivel de pueblo que el peronismo, a través de su paso por el gobierno, realizó el mandato evangélico del amor real y verdadero a los humildes (…) Por eso es importante que hoy los cristianos, después de lavarnos la cabeza de tanta influencia laicista y liberal, nos integremos en este proceso histórico que se ha iniciado en la Patria el 25 de mayo, para no traer agua para nuestro molino pretendieron servirnos de algún trozo del poder para nuestras obras, sino haciéndonos pueblo, luchando con austeridad, honestidad y grandeza junto a los humildes por la liberación nacional”.
LA PALABRA FINAL
Sobre su adscripción al peronismo solía decir: “Me di cuenta de que en la Argentina los pobres son peronistas. Y que eso no es una casualidad. Y tampoco un dato más. Ellos creen en Dios, pero ellos también creen que políticamente hubo un tiempo mejor y que nuevamente vendrá un tiempo mejor, y ese recuerdo y esa esperanza se llama peronismo”.
El jueves 9 de mayo de 1974, Mugica dejó en la mesa de redacción de La Opinión su columna para publicar el domingo 12, sin saber que estaba escribiendo su última nota. El mismo día en que el diario daba la noticia de su asesinato, aparecían sus propias palabras en letra de molde: “Hay quienes juzgan la presente coyuntura a partir de modelos ideológicos dependientes de una ‘cultura ilustrada’ que nos viene desde afuera, elitista y afín a nuestras clases medias intelectualizadas. Muchos otros, en cambio, atentos a la realidad histórica y global de nuestro pueblo, comprobamos la existencia de un largo y creciente proceso popular, que ya hace más de 30 años, a pesar de sus poderosos enemigos aún vigentes, mantiene su consistencia cada vez más masiva y su adhesión a un jefe en quien deposita su inquebrantable confianza. En definitiva, no son las minorías ‘lúcidas’ o las ‘elites intelectuales’ quienes han de decidir y mucho menos imponer un ideal revolucionario importado, sino el pueblo mayoritario”.

