Investigadora, escritora y activista feminista, Paula Satta dedicó su tesis de Licenciatura en Sociología por la Universidad Nacional de La Plata a los procesos de radicalización política de la historia argentina reciente, en los cruces entre militancia popular, religiosa y política de la nueva izquierda, en particular la experiencia del Movimiento Villero Peronista (MVP).
“Me interesaba pensar el MVP, que era una organización política territorial donde confluyeron los procesos de radicalización de la época, tanto políticos como sociales, del arco de la militancia peronista y católica ubicada dentro de la denominada nueva izquierda –prologa Satta–. Era un modo de dar cuenta de la radicalización más allá de las organizaciones armadas, la clandestinidad y la violencia política, y poder entenderla como un movimiento que era masivo, cercano a la política desde las bases y los aspectos importantes que constituyen una comunidad, el rol de las instituciones y redes que conforman la política por fuera de los partidos, que tenía que ver con mi forma de entender la política”, manifiesta.
En ese contexto, era inevitable encontrarse con la figura de Carlos Mugica y también de otros pares, como Jorge Vernazza, coincidentes en la “opción por los pobres”, como autores de textos fundamentales para entender el fenómeno, a la par de protagonistas de dicho período histórico. “Un ejemplo paradigmático de la confluencia político-religiosa en este periodo es el padre Carlos Mugica, que en 1965 inició su actuación pastoral en la Villa del Retiro (hoy Barrio 31) al fundar la capilla de Cristo Obrero, para luego ser imitado por otro grupo de sacerdotes en otras villas de la ciudad”, apunta.
“El padre Vernazza afirma que el trabajo de los curas villeros se realizaba en tres niveles: lo religioso, lo asistencial y promocional y lo ‘revolucionario’; en este último punto ‘los sacerdotes eran conscientes de que el problema de las villas tenía causas estructurales, y no podría ser definitivamente resuelto hasta que no se produjera un cambio social’”, cita.
OPCIÓN POR EL PERONISMO
En tanto, “en Peronismo y catolicismo, Mugica relaciona este cambio de estructuras con la opción por el peronismo, ya que ‘es en el plano político donde el peronismo opta por los pobres, es por eso que sus tres banderas –independencia económica, soberanía política y justicia social– son pautas asequibles cuyos destinatarios son los sectores populares’”, señala.
De esta forma, “es posible identificar que más allá de las características personales y paradigmáticas de la figura de Carlos Mugica, en este documento se presenta claramente una conversión ideológica en el sentido esbozado: ‘El peronismo es el movimiento que asume los valores cristianos en una determinada época’”, prosigue.
Aunque “es importante destacar que existían variadas experiencias previas de organización entre los villeros, ya que por tradición familiar o iniciativa propia, arrastraban experiencias de participación a nivel sindical, eclesial o ‘comunales a través de pequeñas iniciativas que promovían la obtención de servicios y
la cobertura de necesidades no satisfechas en sus barrios’”, observa Satta en su tesis “El Movimiento Villero Peronista. Una experiencia de radicalización”.
Satta vive actualmente en Italia, donde se especializó en feminismos y egresó en Géneros, Políticas y Participación y se recibió de magíster por las Universidades de Bologna (Italia) y de Granada (España). Dedicó dos años a su tesis para la UNLP durante los cuales no solo revisó bibliografía especializada y fuentes documentales sino que entrevistó a antiguos militantes del MVP, en quienes el recuerdo de Mugica pervivía indeleble.
Así, recurre al testimonio personal de un entrevistado, Mantecol, antiguo militante del MVP, de zona Norte de CABA: “En 1976 estábamos hablando de urbanizarlas. Teníamos planes grosos. Mugica decía que los pobres no querían ser pobres, por lo tanto había que devolverles la dignidad. Y otra cosa es que no se quería mejorar las villas. Él decía: quiero que dejen de ser villeros. Me acuerdo que en un momento de la reunión con él en la Villa 31 se desplegó un plano. ‘¿Me entendés?’, dijo: ‘Yo quiero estas casas para los compañeros’. Otro compañero mostró el plano. Y él dijo: ‘Si los ricos tienen un baño con bañadera, por qué no van a tener un baño con bañera los compañeros’. Entonces, en las villas ya no se discutía más sobre el pasillo que había que limpiar o a quién votar. Se discutían cosas grosas”.
Concluida su investigación, Satta se sorprendió aún más con cómo “se reducía la militancia peronista del período, haciendo referencia al Movimiento Villero Peronista, a un ‘frente de masas de Montoneros’, sin dar cuenta de la singularidad de esta experiencia de la nueva izquierda y sin tener en cuenta las voces de quienes han participado –acota–. Solo ligándola a una experiencia más estudiada y mediatizada por su carácter de lucha armada, no era posible entender a los sujetos que llevaban adelante estrategias, acciones y formas de organización particulares”.
FIGURA CLAVE
Mugica, como en otras tantas oportunidades, fue una figura clave en el Primer Congreso Nacional Villero, celebrado el 30 de octubre de 1973, en la Universidad del Litoral, de Rosario. “Poco puedo decirte, estamos acá porque todos somos peronistas”, sintetizó ante periodistas que cubrían el evento.
Con su asesinato, ocurrido el 11 de mayo de 1974, el Movimiento pierde no solo a su máximo referente, sino a un interlocutor válido con el gobierno de Juan Domingo Perón.
El sacerdote tercermundista ya se había definido en contra de la lucha armada, lo que trajo aparejado hacia el interior del MVP distanciamientos y tomas de posición diferenciadas, que escalaron hacia su disolución, en medio de un creciente nivel de violencia y represión paraestatal.
“La comisión vecinal queda sin cabeza. Cuando murió Carlos se cortó todo, porque lo matan, no se murió”, grafica otro militante histórico, que se inclinó por la vía de las armas, entrevistado muchos años después por Satta.
“Nosotros teníamos con los curas una buena relación, pero cuando Carlos le dice a Montoneros que no quiere la lucha armada, los curas tercermundistas se separan de la lucha armada, y en esa pequeña diferencia, muchos aprovecharon para decirle que no, que era una pelea con Montoneros, pero la orga le decía ‘por más que vos digas que no, mañana te van a matar igual’. Y así pasó, estábamos junados, Carlos estaba junado, lo mataron igual. A Bustos, al padre de Soldati, a cuántos curas los mataron igual”, razona, a modo de conclusión.

