Un afiche con la foto del papa Francisco saludando desde el balcón del Vaticano está acompañado de una frase: “El Papa de las villas”. Esa imagen está pegada en una de las paredes de la parroquia del barrio La Cárcova, en la localidad de San Martín, donde el padre villero José “Pepe” Di Paola lleva adelante su trabajo pastoral. Esta debería ser la prueba suficiente sobre la estrecha relación que construyó Jorge Bergoglio antes, y el actual pontífice, y que sigue manteniendo con los curas en opción por los pobres.
Y para confirmarlo, el propio padre Pepe, en una reciente entrevista, afirmó: “Bergoglio me acercó a las villas cuando él recién empezaba”. Mientras Di Paola estuvo en la Villa 21-24 de Zavaleta, los curas villeros pasaron a ser más de veinte en toda la ciudad de Buenos Aires durante el arzobispado de Bergoglio, a quien recuerda como “la única autoridad que venía a la villa a tomar mate con la gente”.
Otro gesto del Papa que muestra cuánto respeta y apoya el trabajo de los curas villeros lo concretó en mayo del año pasado, cuando designó al actual obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Gustavo Carrara.
Ese cura fue ordenado sacerdote en 1998 por Bergoglio, y en 2009, tras la muerte del presbítero Rodolfo Ricciardelli, lo nombró párroco de Santa María, Madre del Pueblo, en la Villa 1-11-14 del Bajo Flores. Carrara dijo: “Bergoglio, como cardenal, realimentaba las cosas que hacíamos los curas de las villas para
que salieran mejor”.
También hizo una jugada fuerte hace un año, cuando designó a Jorge García Cuerva, otro “cura villero”, como arzobispo de Buenos Aires.
ACOMPAÑAMIENTO Y COMPROMISO
Siendo arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Bergoglio frecuentó con asiduidad las casas parroquiales de las distintas villas de la Capital Federal y acompañó a los sacerdotes de la pastoral de las villas en su trabajo. Tanto que él mismo erigió en parroquia la capilla Cristo Obrero del barrio de Retiro, la casa del padre Carlos Mugica, en 2007. Y ya siendo papa volvió a conectarse con la Villa 31: lo hizo durante la inauguración de una nueva sede de Scholas Ocurrentes en la Argentina, que ahora funciona allí.
Esa férrea unión que Bergoglio cimentó con esos pastores tuvo su símbolo máximo cuando en septiembre del año pasado todos los curas que hacen su misión pastoral en villas y barrios populares concelebraron una misa en la parroquia del barrio de Barracas para desagraviar al Papa de las incesantes agresiones que recibió del candidato a presidente –en aquel momento– Javier Milei.
Caras y Caretas se contactó con el padre Ignacio “Nacho” Bagattini, actual párroco de Cristo Obrero de la villa de Retiro, quien contó que conoció a Jorge Bergoglio cuando ingresó al seminario en marzo de 2002 y todavía era el obispo de Buenos Aires.
“A lo largo de mi estadía en el seminario tuvo un trato cercano con mi curso y mis compañeros y fue el obispo que me ordenó sacerdote, el 21 de noviembre de 2009. Él fue muy cercano a nosotros y siempre tuvo un trato muy cariñoso. Mantenía la relación para que lo fuéramos a visitar y compartiéramos lo que estábamos viviendo.”
El primer destino pastoral del padre Nacho fue la parroquia Niño Jesús de Villa Lugano, rodeada de varias villas, como la de Ciudad Oculta, la 20 y la 19. En 2020, cuando el obispo Mario Poli le ofreció elegir entre las parroquias de Cristo Obrero o la 20 de Lugano, el cura le pidió irse a la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, el viejo obispo lo convenció y la primera experiencia como párroco terminó siendo en la casa del padre Mugica. “Al final me enamoré de la gente, de la vida de las capillas, y sentí que ya no me podía ir. Hasta que un día me paré frente a la tumba del padre Carlos, apoyé las manos, cerré los ojos y dije: ‘Que sea lo que tenga que ser’. Y parece que quiso que me quedara.”
POR LOS HUMILDES
Sobre la postura de Francisco con los curas villeros, el padre Nacho analizó: “Jesús en su corazón tenía una predilección por los más humildes, por los olvidados, por los enfermos, por los descartados, por la mujer que querían apedrear, el ciego que nadie ayudaba; y yo creo que lo mismo le sucedió a Jorge Bergoglio primero y también a Francisco después. Él tiene un corazón que busca abrazar la vida de todas las personas, pero muestra una simpatía y una sensibilidad fuerte por los más humildes”.
Eduardo Valdés, actual diputado nacional y amigo personal de Jorge Bergoglio, contó que “no bien asumió el arzobispado de Buenos Aires, creó una vicaría especial (agosto de 2009) y transformó el trabajo pastoral de los sacerdotes de las villas. En la coordinación lo nombró al padre José ‘Pepe’ Di Paola y después continuó su trabajo el padre Lorenzo ‘Toto’ de Vedia. Lo que hizo el ahora papa Francisco fue institucionalizar ese trabajo para darle una jerarquía dentro de la diócesis de Buenos Aires”.
Valdés, que fue embajador argentino ante la Santa Sede entre 2014 y 2015, recordó que Bergoglio “visitaba de improviso los barrios y participaba activamente de la vida cotidiana de los vecinos de las villas. Permanentemente hizo ese trabajo cuando era arzobispo”.
También rememoró que “mientras fue sacerdote jesuita, podríamos decir que no se lo vio al padre Jorge predicando los valores de la iglesia de los sacerdotes del Tercer Mundo. Pero a partir de que se transformó en el papa Francisco, los valores de esa iglesia son los que ahora practica. Una iglesia vista desde los pobres con una opción preferencial por ellos y que reivindica la labor del cardenal Eduardo Pironio luego de la realización del Concilio Vaticano II”.
Y resaltó que “Jorge Bergoglio lleva a su pontificado las conclusiones de la Conferencia Episcopal de Latinoamérica, realizada en Medellín (Colombia, entre agosto y septiembre de 1968), donde Pironio fue su secretario, y donde se decidió que la Iglesia latinoamericana debía tener una opción preferencial por los pobres. Y con ellos salir de la pobreza”.

