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1º de Mayo de 1974: las 12 horas del General

El volante apareció entre las páginas 14 y 15 de un ejemplar de la revista Las Bases del 9 de abril de 1974, en medio de una nota sobre la educación pública primaria en el país. Es un pliego tamaño oficio, doblado al medio, con letras mimeografiadas y una borrosa fotografía de Evita y Perón saludando. Nada tiene que ver con el “órgano oficial del Movimiento Nacional Justicialista”, dirigido por Norma López Rega de Lastiri, hija del superministro de Bienestar Social. Vaya a saber quién lo habrá metido adentro. Está firmado por la JUP Lealtad, una escisión de Montoneros en el ámbito universitario: “1º de Mayo: junto a Perón y los trabajadores”.

Allí se plantea la necesidad de “reforzar” el “proceso de liberación” encarado por el gobierno de Perón y reparte críticas a izquierda y derecha: “Hoy vemos cómo aquellos canales organizativos que el General y el Pueblo gestaron al calor de la lucha contra la dictadura ahora, en forma esquemática e infantil, se marginan del proceso al oponerse a la conducción estratégica, entrando en inútiles competencias; vemos también cómo en función de esta defección el aparato vandorista en nombre de una ortodoxia que jamás practicó ni sintió intenta montarse en un proceso que no comparte ni construye”.

“Evita vuelve” impacta con grandes letras blancas sobre fondo negro en aquel número de Las Bases. Debajo, un dibujo del Altar de la Patria, “el monumento sin tiempo”, ideado por López Rega, que reuniría los restos de los principales héroes y heroínas de la historia nacional.

¿Cómo llegó el volante de uno de los tantos sectores de la izquierda peronista a una revista que ensalzaba la figura del Brujo? ¿Estaba escondido o simplemente guardado? ¿Quedó desde 1974 o fue puesto posteriormente por alguien que decidió desprenderse del ejemplar? Misterios del peronismo.

La fiesta inolvidable

Es inevitable enfocar la jornada del 1º de Mayo de 1974 en lo ocurrido frente a la Casa Rosada mientras Perón hablaba a una heterogénea multitud peronista. Aún resuenan los calificativos y caracterizaciones lanzados por el Presidente que determinaron el abandono de Montoneros de la concentración: “Estúpidos que gritan”, “imberbes”, “algunos que todavía no están conformes de todo lo que hemos hecho”, “malvados”, “infiltrados que trabajan adentro”, “mercenarios al servicio del dinero extranjero”.

Casi nadie recuerda el acto previo, conducido por Antonio Carrizo, del que participaron Susana Rinaldi, Luis Brandoni, José Marrone, Haydée Padilla y Santiago Gómez Cou, entre otros artistas, ni la coronación en el balcón de la Rosada de María Cristina Fernández como Reina del Trabajo y la Unidad Nacional, en representación de la Federación Nacional de Trabajadores de Obras Sanitarias.

“Cómo vivió el Presidente la histórica jornada del 1º de Mayo”, se pregunta Las Bases en un suplemento especial de 16 páginas publicado en la edición posterior al acto –”La grandeza universal de Perón” es el título de tapa–. Allí la revista ofrece una crónica minuciosa de las tareas del jefe de Estado, entre las 6 y las 18, ilustrada con cuarenta fotos de los diferentes momentos.

“El Presidente comienza sus actividades. Mientras desayuna, se informa sobre las noticias del día. Café con leche, tostadas y mermelada conforman su habitual desayuno. Al General se lo nota de buen humor, pero serio. Lo acompaña su secretario privado López Rega, quien le informa de los detalles de las actividades previstas para la jornada. Perón escucha, pregunta y lee”, puntualiza el anónimo cronista al empezar el relato.

A las 7.40 Perón sale al jardín de la Quinta de Olivos para darle de comer a su “hacienda”: palomas monteras, torcazas y caseras; luego se suman gorriones y chingolos a picotear el alpiste y el trigo que el Presidente les arroja.

Veinte minutos después entra a la residencia, se sienta en un sillón, saluda a uno de sus edecanes militares y recibe de manos de López Rega el discurso que pronunciará ante la Asamblea Legislativa en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso.

En un momento mira hacia el jardín y observa que las aves se siguen alimentado: “Pensar que hay gente que sale con escopetas a matar pájaros y animalitos que nos da la naturaleza. Fíjense ustedes qué ha pasado con los lobos marinos, las liebres patagónicas. Prácticamente se han exterminado… Tendría que haber carteles por todas partes que digan ‘No mate a los pájaros, porque después tendrá que pagarlos en insecticidas'”. Y comenta que impulsa una ley para prohibir la caza por cinco años, porque “es muy importante comprender el equilibrio ecológico”.

A las 8.30 llega la vicepresidenta, María Estela Martínez, “elegantemente ataviada con un traje sastre marrón oscuro, un sombrero del mismo tono y una estola de piel. El General se acerca a ella rápidamente y con sus manos, suavemente, le modifica apenas la posición del sombrero”. Perón explica: “Yo fui alpino. De esto algo entiendo. Pero Isabelita –agrega sonriendo– me ha tirado el bochín al fondo”.

Cinco minutos después, Perón parte en automóvil hacia el Congreso, junto con Isabel y López Rega. “¡Adelante, General!”, “¡Viva Perón!”, “¡Bien, Macho!”, grita la gente.

A las 9 Perón y su esposa se ubican para presidir la Asamblea Legislativa. Cada ministro brinda un informe de su gestión, un procedimiento inusual que se extiende hasta las 11.15. Un cuarto de hora después, Perón da su discurso, en el que platea el “Modelo argentino para el proyecto nacional”.

A las 12.12 se retira del Congreso a la Quinta de Olivos. Al entrar a la residencia, “llenos de alegría, aparecen en la puerta Puchi y Canela. Son sus perros. Sus amigos. Saltan alrededor de él, festejándolo y disputándose una caricia. El General se inclina y juguetea con uno de ellos, a la vez que acaricia al otro”. El almuerzo: empanadas criollas de carne y verdura, frutas y café. A las 14.30 se retira a descansar.

Un helicóptero de la Fuerza Aérea lo traslada a la Casa de Gobierno, donde aterriza a las 16.11, y a las 16.50 sale al balcón. “Se registran cinco minutos de ovación ininterrumpida”, dice el cronista. Después, Perón canta el Himno, cumple el minuto de silencio en honor a Evita y escucha la ejecución de la “Marcha del trabajo”. Isabel corona a la Reina del Trabajo.

El “¡Compañeros!” con el que arranca el discurso pudo pronunciarlo a las 17.11. Antes, se fueron sucediendo las consignas coreadas por los distintos sectores peronistas. A las 17.29 se retira del balcón. Había terminado la “Fiesta del Trabajo y la Unidad Nacional”.

Anochecer de un día agitado

Por indicación de Perón, López Rega hace pasar al despacho presidencial a ministros, secretarios, comandantes de las Fuerzas Armadas y dirigentes políticos. “¡Dios lo bendiga, General!”, le dice el ministro de Trabajo, Ricardo Otero.

Jorge Julio Greco, del Movimiento Nacional y Latinoamericano, se entusiasma: “General: ¡vamos al universalismo en forma galopante!”. Y el Presidente le responde: “Naturalmente. Y antes del año dos mil. Los que se queden… ¡Pobres de ellos! Se van a comer los botines…”.

Oscar Alende, del Partido Intransigente, se refiere a la juventud: “El Presidente ha marcado un rumbo en la unidad de las juventudes”. Perón reflexiona que es “muy importante capacitar a la juventud” y comenta una anécdota protagonizada por Isabel en Pekín con el primer ministro chino, Zhou Enlai.

–En la Argentina, nosotros tenemos una juventud maravillosa –le dijo Isabel.

–Sí, pero no se lo vaya a decir –le contestó Zhou Enlai.

Sin hacer ninguna mención al episodio Perón-Montoneros sucedido minutos antes, el cronista de Las Bases continúa con la reproducción de la charla:

–Sería importante realizar un gran debate, por televisión, sobre el tema de la violencia –plantea Jorge Abelardo Ramos, del Frente de Izquierda Popular­.

–Exacto. Con la participación de todos los sectores universitarios y políticos. Porque hay que contribuir al prestigio de las ideas y no al prestigio dela violencia –aporta Horacio Sueldo, de la Democracia Cristiana.

–Sí, sí, claro. Es importante y necesario. Se puede hacer por el canal estatal, que está a disposición de ustedes –concluye Perón.

El Presidente se retira a las 18 de la Casa de Gobierno en helicóptero rumbo a su residencia. “Ya en Olivos, meciéndose despaciosamente en su sillón –finaliza la crónica–, se detuvo a mirar, tras el ventanal de su casa, cómo llegaban las primeras sombras de la noche. Mañana será otro día.”

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