En el medio de un espeso bosque, hay una casa sobre un puente que cruza un arroyo, y todo fue levantado sin dañar una rama de la frondosa vegetación que la cobija.
Lo que podría ser la introducción a un cuento fantástico, de hadas o de misterio, es una maravilla edilicia en la realidad, el resultado del ingenio profesional y respeto a la naturaleza de un arquitecto de vanguardia, devenida postal icónica de la Mar del Plata clásica.
La Casa del Puente, o Casa sobre el Arroyo, celebra por estos día su reciente reapertura al público con el premio de Modernismo WMF/Knoll 2024 otorgado por el Fondo Mundial de Monumentos al mejor proyecto de conservación, a la par que será parte de una exposición en el Museo de Arte Moderno MoMA de Nueva York sobre el diseño en los países latinoamericanos, a llevarse a cabo en marzo.
La historia, el cuento, tiene principio en las temporadas de verano que la aristocrática familia Williams prolongaban en la Mar del Plata de comienzos de la década de 1940. Alberto, el padre, era un músico reconocido por su puesta en valor del folklore y fundador del Conservatorio de la Ciudad de Buenos Aires, además de conspicuo integrante de la comisión que ajustó el Himno Nacional a su versión oficial. El patriarca requería de absoluta tranquilidad y sosiego para dedicarse a sus labores. Fue así que adquirió en remate público una propiedad de dos hectáreas en una zona bastante retirada del centro de la ciudad. Las chacras que poblaban los alrededores habían decantado en un parque forestado por la inquietud y perseverancia de Matilde de Anchorena, su anterior propietaria.
En ese entorno bucólico, Williams padre encomendó a su hijo Amancio la construcción de una casa que debía cumplir con los requisitos de integración al paisaje y estar al servicio de sus necesidades.
El menor de los cuatro hermanos acreditaba un singular background, primero como estudiante de Ingeniería y luego como aviador, pero fue en la arquitectura donde encontró su vocación. En el mismo ámbito académico y profesional, coincidió sentimentalmente con Delfina Gálvez Bunge, egresada de la misma Facultad y una de las primeras mujeres arquitectas en el país, con quien contrajo matrimonio.
Tenía a quien salir, Delfina. Crecida en un ambiente progresista y culto, era hija de la pareja conformada por el escritor best-seller de la época, Manuel Gálvez (autor de varias celebradas biografías y novelas) y Delfina madre, periodista, poetisa, filántropa.
Juntos, los Williams soñaron y planificaron la futura Casa sobre el Arroyo, como la llamaron, ilustrando cabalmente el objetivo a cumplir.
La empresa constructora local Lemmi Sartora concretó el proyecto, un exponente del modernismo, elogiado por Le Corbusier, con una estructura que sintetiza formas geométricas abstractas y una arquitectura tridimensional que funciona como un conjunto armónico integral.
En verdad, Amancio y esposa diseñaron dos construcciones, pero una sola llegó a plasmarse en los ladrillos. Porque su hermano Mario, destinatario de un segundo proyecto, no quiso saber nada con semejantes excentricidades y prefirió la sobriedad de líneas de la casa que aún se distingue en el predio contiguo, perteneciente a la Universidad Nacional de Mar del Plata.
La vivienda estudio musical sirvió perfectamente a los fines del padre del clan, e incluso inspiró alguna composición alusiva, hasta que a su fallecimiento (1952) pasó a manos de una hija, que la habitó hasta fines de la década de 1960.
Entonces apareció en escena otro personaje íntimamente ligado a la historia de la casa, un emprendedor empresario de medios, Héctor Lago Beitía, que adquirió la propiedad con la ambición de instalar los estudios de una de las dos radios locales (acababa de ganar la licitación a los anteriores licenciatarios) y la consigna expresa impuesta por la parte vendedora de no modificar en nada el diseño original de la edificación.
En el aire
“Aquello era el paraíso”, recuerda Eduardo Zanoli, emblemático conductor de las tardes radiales marplatenses, que comenzó ahí mismo con su programa Sonido, el 2 de enero de 1970, y aún se mantiene en el aire de la ciudad, online para todo el mundo.
Zanoli fue convocado con la idea de matizar el formato musical e informativo de la AM con un espacio amable para el diálogo, y terminó al frente de tres programas.
Prácticamente pasaba el día entero en la Casa del Puente, como comenzaron a conocerla el público residente y los turistas que regresaban cada temporada.
La nueva denominación se desprendía de la cortina publicitaria: “Desde la Casa del Puente, un puente hasta su hogar”, que identificaba a la emisora LU9 Radio Mar del Plata.
Recuerda Zanoli: “Funcionaba un generador que hacía correr un curso de agua por el curso del arroyo, que estaba desecado. Alguien trajo un pato, llegaron un par de cigüeñas, parecía un zoológico”.
Quien no se mostraba muy feliz con el bautismo de nuevo cuño fue el responsable del proyecto original, que protestaba que no había construido “ningún puente, sino una casa sobre un arroyo”.
Anécdotas de visitantes ilustres le sobran a Zanoli. En los estudios recibía a Joan-Manuel Serrat y la visita se extendía el programa completo.
Otro envío tenía un formato político e iba por la noche. Alguna vez, se escucharon los tiros entre concejales de distintos partidos alterando la paz de los jardines y el sueño de las aves.
Pero más frecuente era el encuentro de taxistas que hacían su parada en la esquina y compartían una chocolatada con churros, mientras escuchaban el programa de la madrugada.
Con el advenimiento de la dictadura, la señal fue intervenida y los estudios mudados a un desangelado edificio cercano al centro de la ciudad. Aunque Zanoli no llegó a ver el desenlace del vínculo entre la casa y la radio. Se fue poco antes, en enero de 1976. Continuó con su programa Sonido en LU6.
Muda de música y diálogos, la construcción servía aún de vivienda a su propietario Lago Beitía, quien ocupaba una de las alas de la casa.
Con su fallecimiento, se desató un litigio legal entre herederos, y el edificio quedó abandonado y desamparado al robo y la vandalización. Finalmente, un incendio arrasó prácticamente con el mobiliario original, incluyendo el piano del maestro Alberto Williams.
Aguas turbulentas
El premio financiado por la Fundación Knoll consiste en diez mil dólares y una silla Barcelona de edición limitada, y se hará efectivo en Nueva York, sede de la institución, el 27 de febrero.
“Una cita dedicada al impacto y el legado del movimiento modernista en Latinoamérica con la mirada puesta en la increíble transformación de la argentina Casa sobre el Arroyo –reseñan las redes sociales del Fondo Mundial de Monumentos (FWM)–. Presentando la edición 2024 del premio, el programa pondrá foco en el trabajo por traer de regreso a la vida a este ícono del modernismo.”
La casa fue adquirida en 2012 con fondos del Estado, que dio comienzo a un proceso de investigación y relevamiento. Aunque los trabajos de restauración recién comenzaron en 2021, y quedó reinaugurada formalmente en abril de 2023, en una ceremonia que contó con las presencias del entonces presidente Alberto Fernández; el ministro de Obras Públicas de la Nación, Gabriel Katopodis, y su par de Cultura, Tristán Bauer, involucrado emocionalmente, como descendiente directo de los constructores locales.
Muy recientemente, fue noticia en los medios locales por un confuso episodio de registro de marca por parte de una funcionaria municipal, que concluyó con su separación del cargo, tras años de labor en el predio, siempre amenazado por intereses inmobiliarios pese a estar declarado reserva (o justamente por eso).
La demanda de entradas gratuitas se agotó rápidamente en el sitio web de la Comuna y obligó a buscar nuevas modalidades de visita.
“De regreso a la vida”, la Casa sobre el Arroyo, concebida como vivienda estudio de música por los Williams, la Casa del Puente radial, esa postal clásica de Mar del Plata, es una de la principales atracciones culturales de la presente temporada estival.
El Museo Casa sobre el Arroyo/Casa del Puente está ubicado en Quintana esquina Funes, Mar del Plata. Las visitas guiadas son de lunes a viernes a las 10, 12 y 14, con inscripción previa en el lugar.

