La isla Martín García es una reserva natural de uso múltiple y tiene 184 hectáreas. Son aproximadamente 200 las personas que allí residen permanentemente. El resto de sus habitantes, ampliamente superiores en número, son animales, insectos, plantas, y la lista continúa. Dos ejemplos: de las mil especies de aves que existen en la Argentina, un cuarto vive en el archipiélago que también es hogar de la mariposa “nacional”: la bandera argentina.
María Elena Reus vive en la isla desde hace 34 años y siempre trabajó con el turismo. Es formadora de guías e intérprete en el museo, todo ad honorem, pero ella se describe como una “simple guía local”. “Lo que hace a las personas es lo que esa persona hace y lo que da; lo que se es como persona. Los títulos y honores son buenos porque te dan reconocimiento, pero lo lindo es lo humano”, dice con su voz suave y amable, llena de sabiduría, como la isla.
La guía explica que la isla es libre. “Los animales se pueden quedar o se pueden ir”, cuenta. Los primeros habitantes de este territorio también lo entendían así: los guaraníes no estaban sedentariamente, sino por momentos más o menos prolongados.
Pero también es un lugar predilecto. La Martín García es una “gran colmena”, dice María Elena sobre la cantidad de abejas que viven en la zona. Además, destaca que hay 135 especies de mariposas en la isla, pero que entre estas sobresale la mariposa bandera argentina (Morpho epistrophus argentinus). Cuando abre sus alas, puede alcanzar dimensiones de entre 70 a 105 mm de extensión. Se la llama así por sus colores similares al pabellón nacional, ya que cuenta con tonalidades celestes y blancas. Un proyecto nacional está intentando declararla como mariposa nacional y protección de monumento natural.
Esta especie de vuelo errático está amenazada por la disminución de su planta hospedera, los árboles de coronillo (Scutia buxifolia), que son arrasados por especies exóticas invasoras.
“Punta Indio y Punta Lara son zonas que tienen que ver con este corredor, esta selva en galería, donde estamos nosotros en el Río de la Plata”, detalla la guía local sobre el recorrido de la mariposa. “Flora, fauna y una historia alucinante. La isla es subyugante, te atrapa, es encantadora”, agrega.
REFUGIO DE BIODIVERSIDAD
La isla cuenta con nueve ambientes distintos. María Elena da más detalles: “Tiene ecorregiones como el pastizal; tiene pajonales, juncales, lagunas, partes inundables, plantas xerófilas y 800 especies arbóreas, arbustivas y hierbas”.
Su basamento rocoso es el más antiguo de Sudamérica, con 27 metros sobre el nivel del mar. Estas rocas son del precámbrico del Macizo de Brasilia y tienen una antigüedad de 1.800 millones de años.
La biodiversidad del archipiélago es incalculable. Un 10 por ciento de su superficie está destinada al estudio científico. La fauna está compuesta por una enorme variedad de aves, como gallaretas, garzas, patos, caracoleros, pollonas de agua, federales, verdones y picaflores. Hay tortugas acuáticas, carpinchos y lagartos overos que pasean entre senecios, marcelas y espinillos.
Pero visitar la isla no te asegura verlos a todos. Como señala la guía, “el aliado es el silencio” y hay que cambiar los gritos y ruidos ensordecedores de las ciudades por la observación, la paciencia y el disfrute. Tal vez, de esta forma, los humanos no espantemos a los animales.
Un ave que sorprende (y asusta) a los visitantes es la garza bruja (Nycticorax nycticorax). “En el atardecer, cuando vuelan hacen un ruido importante en los árboles y tienen un graznido particular. Es atractivo”, afirma María Elena.
La isla pasó por diversos estadios, y muchos de ellos se alejaron del verde vida. Tras el genocidio de Julio Argentino Roca (conocido como “la Conquista del Desierto”), pueblos originarios, como mapuches, tobas y tehuelches, fueron encerrados en la isla, en la parte de los arenales. “La mayoría murió de hambre y por epidemias, como la viruela”, dice la guía, que también fue colaboradora de Marcelo Valko para el libro Pedagogía de la desmemoria.
Desde hace dos años, en la isla lograron hacer la ceremonia de la Pachamama, para rememorar el paso de estas personas en el archipiélago.
Otro dato histórico: en la década del 70 del siglo XIX, la isla fue parada obligatoria para los inmigrantes europeos. Debían hacer una cuarentena antes de pisar tierra firme en la Argentina. Muchos murieron por tuberculosis y sus cenizas fueron llevadas a parientes o repatriadas.
En la pandemia de covid-19, a los residentes, asegura la guía, no les faltó nada y no hubo ningún contagiado.
EDUCACIÓN SOCIOAMBIENTAL
En 1969, la isla Martín García fue declarada parque y reserva recreativa provincial, pero fue en 1998 cuando la transformaron en una reserva natural de uso múltiple.
Las casas de los pobladores están dentro de la reserva, ya que toda la isla lo es. No hay explotación agrícola-ganadera. Todos los alimentos y productos llegan en lancha y son vendidos por omerciantes. Hay seis comercios en total. Si quieren algo en especial que no se consiga en ninguno de estos, directamente llaman a los proveedores y les llega la entrega al archipiélago.
Cada persona composta sus residuos orgánicos y separa los residuos en reciclables y rechazo. Estos son llevados de la isla hacia cooperativas y plantas de tratamiento en el continente.
María Elena explica que los visitantes (que pueden llegar en lanchas privadas, avión o por medio de alguna empresa que los alcance vía marítima desde San Isidro, Tigre o Puerto Madero en un viaje de dos horas) tienen conciencia, pero algunos arrojan sus residuos en cualquier lado. ¿Los que mejor separan? Los más jóvenes.
En 2023 fueron alrededor de 2.800 chicos a la isla. La guía describe entusiasmada cómo cada escuela llevaba sus residuos nuevamente a su lugar de origen. Hay visitas escolares de todos los niveles.
Además de guiar, María Elena invita a los turistas a comer sus budines veganos. “Vivenciar el lugar permite expresar, pero también transmitir, porque tiene esa energía diferente de sentir”, dice.
Y concluye: “El laboratorio solo te da lo sintetizado, pero todo sale de la naturaleza. La isla es una gran caja de Pandora, enamora. El que viene difícilmente se vaya vacío. Todo lo que tiene es un patrimonio bellísimo, ¡y siendo tan chiquita! Ha pasado toda la historia argentina en este lugar”.

