Cobijado por la fresca vegetación de la Casa del Mar, a escasos doscientos metros del tradicional y familiar Parque Camet, en Mar del Plata, el Circo La Audacia volvió a levantar su carpa veterana de mil batallas, en estas vacaciones de verano.
El emprendimiento, gestado por Facundo Mosquera, regresa con un espectáculo original, con algunos artistas conocidos y otros por conocer, fiel a la premisa que impusieron desde sus inicios. Los chicos se divierten y los grandes, también. Amalgamando rutinas clásicas con un inteligente manejo del humor, La Audacia se instaló hace años como una propuesta local de culto, divulgada de boca en oído, y así fue incrementando paulatinamente la cantidad de espectadores, que se enteran por las redes de sus locaciones itinerantes.
Arrancaron en un descampado por un barrio suburbano, se mudaron a las adyacencias del Museo MAR, estuvieron en Plaza España, los destinaron lejos, al Faro de Punta Mogotes, y en tiempos complicados de pospandemia se lanzaron a la aventura transhumante de los caminos por pueblos vecinos.
Si el Circo La Audacia hace honor a su nombre, es porque hay una historia que merece ser contada.
El amor de Facundo por ese particular mundo comenzó con añejas películas de los hermanos Marx y Los tres chiflados, y una visita igualmente remota en el tiempo, del Circo de Moscú, que se presentaba en el Luna Park porteño.
A los 17 años, sin antecedentes artísticos en la familia y mientras atendía un kiosko, el muchacho se inscribió en la Escuela de Circo Ubano, que Joaquín Baldín –mimo y docente con trayectoria internacional– dictaba en la Biblioteca Pública Municipal, institución que supo transitar épocas más felices, a mediados de la década de 1990.
Con los rudimentos adquiridos y vínculos afines, integró el grupo Acu Tres, que desarrollaba sus perfomances callejeras para turistas y residentes frente a la Catedral marplatense. Decidido a perseverar en la búsqueda de nuevos lenguajes, se tomó un avión y desembarcó en México, capital latinoamericana del circo en todas sus variantes.
“Viví tres años en México y pasé por dos compañías. En la primera, el Circo de los Hermanos Vázquez, hice un poco de todo. Y de ahí, ingresé a otra compañía muy tradicional, la de los hermanos Fuentes Gasca, que se estaba rearmando. Eso fue una aventura de carromato, a la vieja usanza”, recuerda Mosquera hoy, al reparo de sus propios toldos.
Y así comenzó todo
De regreso a su ciudad, entró en escena un coleccionista del rubro que le pasó el dato clave: “Rosita Poema (una leyenda de la acrobacia) está vendiendo su carpa, porque viaja a Las Vegas para reuirse con su hijo”. Con los pocos pesos que tenía, el aspirante a dueño de circo se hizo de la reliquia con larga historia, que permaneció guardada durante diez años.
En tanto, puso todas sus energías en la creación del Espacio Cultural La Audacia, donde se imparten cursos y talleres, y participó de otra experiencia grupal, con el espectáculo Playa, que tuvo buenas críticas.
“En un momento se abrió una brecha en la Secretaría de Cultura y nos ofrecieron un predio para montar la carpa, justo frente a una comisaría. El compromiso era corresponder con enseñanza y funciones gratuitas para escuelas. Aunque duró inexplicablemente poco y nos revocaron el permiso. Entonces comenzaron a pasar cosas raras: pequeños sabotajes, cortes de lona, hasta que nos encontramos con el desplome de la estructura”, rememora.
Sin embargo, esa ingrata experiencia generó la primera identificación con el público, que se enamoró de la propuesta y colmó la carpa todas las funciones. Y auspició la siguiente etapa frente a las arenas de La Perla.
Con el cambio de administración y aires poco amables para la cultura local, la siguiente mudanza a las lejanías del Faro resultó un período complicado. El circo ya era conocido y la concurrencia, nutrida en temporada, pero la modalidad de la gorra (por el compromiso de estar en terreno público) quedaba igualmente lejos de compensar tanto esfuerzo.
“Trabajábamos a carpa llena, pero cuando revisábamos la bolsa, no reuníamos ni para los gastos de movilidad. A todo esto, en invierno, me instalé con una casilla rodante para mantener una guardia rotativa con el resto de los artistas. Sin electricidad ni agua, todo era muy precario”, evoca.
Entonces, llegaron la pandemia y el encierro.
Después de intentar una modesta gira por los alrededores, aprovechando la incipiente apertura, que comenzó y concluyó en una localidad vecina, Facundo asistió al derrumbe de la experiencia “audaz” en completa soledad.
Volver a empezar
Con un hijo a cuestas y un empleo seguro por primera vez en años (vendedor en una casa de zapatos), Mosquera volvió a convertirse en “zanahoria” (como se dice en la jerga circense a quien cumple varios roles) cuando apareció la posibilidad de instalar la carpa en el espacio gastronómico y recreativo Casa del Mar para hacer un ciclo especial en las vacaciones de invierno 2023. Con una entrada a precios populares, resultó la primera temporada profesional de la compañía.
En este verano, el renovado elenco de trapecistas, magos y payasos conforma un espectáculo dinámico e inclusivo.
“Los padres que llevan a sus hijos a los circos convencionales en general se aburren o no la pasan muy bien. Acá nadie se queda afuera. Los chicos se entretienen con las acrobacias y los trucos de magia y los padres se prenden desde la complicidad humorística que se establece con el presentador”, explica Mosquera.
La singularidad de La Audacia inspiró, incluso, una obra de teatro, Genealogía y épica para un circo futuro, que fue preestrenada en la carpa, y por estos días se vuelve a presentar en la sala off Cuatro Elementos.
“La obra se adentra en la historia de los circos, importantísima para nuestra cultura y piedra fundacional de nuestro teatro –refiere su autor, Manuel Santos Iñurrieta, director adjunto del Departamento de Arte del Centro Cultural de la Cooperación–, La Audacia es el territorio poético desde donde pensarnos y nuestra inspiración radica en ese gesto de porfía y confianza en el porvenir, que destaca a los artistas de nuestro país. Artistas que produciendo colectivamente arte y pensamiento crítico se transforman en vanguardia y punta de lanza de la resistencia cultural.”
En tanto, su generador considera que “el circo no se aprende en instituciones formales, sigue siendo un arte subtérráneo. Los que egresan de escuelas después no se desempeñan como artistas de circo”.
En el caso de La Audacia, el bautismo no hizo más que corresponderse con los avatares de su destino. “Simplemente, pensé que era buen nombre para un circo”, resume Mosquera, con imbatible humor.
Circo La Audacia está en Casa del Mar, Scaglia 5400, Mar del Plata, los viernes, sábados y domingos de enero y febrero, a las 21.

