Icono del sitio Caras y Caretas

La sexta extinción masiva

El conocimiento de las especies que cohabitan la Tierra junto a nosotros es un verdadero y desafiante enigma. A través del tiempo, la ciencia ha logrado identificar alrededor de dos millones de especies y solo algunas fueron estudiadas en detalle. No obstante, a partir de grupos taxonómicos que se han estudiado en profundidad, se estima que en el planeta existen al menos doce millones de especies.

En tanto, resta por conocer aproximadamente el 84 por ciento de la biodiversidad mundial, pero posiblemente la mayoría de las especies se extingan antes de ser identificadas. Si bien se trata de los organismos con los que compartimos tiempo y espacio, son varios los factores antropogénicos que ponen en jaque su existencia. La agricultura, la expansión urbana rápida y sostenida, la deforestación, la introducción de especies exóticas, patógenos y plagas, y la caza y extracción de organismos de sus ecosistemas han causado, a través del tiempo, impactos directos sobre las especies, condenándolas a la extinción.

A su vez, en las últimas décadas entró en juego otro factor, el menos comprendido hasta ahora y que está impulsando la extinción biológica a futuro: el cambio climático. Aún no se sabe con certeza cuánto influirá el cambio climático sobre la desaparición de especies, y eso, por supuesto, dependerá en parte de las acciones que logremos tomar para frenar el calentamiento global.

Sin embargo, bajo cualquier escenario de aumento de temperatura, los hábitats de las especies se verán afectados, y como consecuencia, aquellas especies capaces de migrar terminarán desplazándose en busca de los regímenes de temperatura y precipitación que definieron sus rangos de distribución original.

Por el contrario, las especies que no poseen la capacidad de desplazarse, así como también aquellas a las que su desplazamiento demanda tiempo y demasiado gasto energético, deberán ajustarse a las nuevas condiciones ambientales para sortear de forma exitosa la extinción. Como Darwin bien lo explicó en la teoría de la evolución, por selección natural solo sobrevivirán aquellas especies que tengan la capacidad de adaptarse a las nuevas condiciones climáticas. Sin embargo, la magnitud y frecuencia de los eventos
climáticos limitará la posibilidad de adaptación de las especies en cuestión.

EN CIFRAS

Para magnificar la gravedad del asunto pondremos el foco en las cifras. La tasa de extinción histórica aproximada es de 0,1 extinciones por millón de especies por año. Actualmente, los ritmos de extinción se han potenciado, alcanzando al menos mil veces ese valor. En tanto, se prevé que hasta 2,4 millones de especies, es decir el 20 por ciento del total de especies estimado, podrían extinguirse durante las próximas décadas a medida que se intensifiquen las presiones humanas de todo tipo y, quizás, la mitad del número total estimado de especies podría desaparecer a finales del siglo XXI.

Tras estas alarmantes cifras, científicos consensúan que estaríamos presenciando la sexta extinción masiva. A lo largo de la historia de la Tierra hubo cinco eventos de extinción masiva de especies, todas ellas conducidas por causas naturales. El evento de extinción masiva más conocido fue el último, y es el que puso fin a la existencia de los dinosaurios en el planeta.

Contrariamente, la sexta extinción masiva, la actual, se desarrolla en paralelo a nuestra vida diaria y es producida por causas meramente humanas. En tanto, resulta innegable la urgencia de reconsiderar el modelo de vida que como sociedad hemos adoptado, una estructura que ha propiciado un aumento de temperaturas sin precedentes y, con ello, la acelerada tasa de extinción actual, entre otros desafíos.

Ahora bien, en este momento de reflexión es válido cuestionarse el porqué es importante preservar la biodiversidad y asegurar su persistencia. En primer lugar, por su simple valor intrínseco de existir y habitar la Tierra.

Pero si esa razón no resulta suficiente, podemos adoptar un enfoque un tanto más antropocentrista: la diversidad biológica nos provee una serie de invaluables bienes y servicios ecosistémicos. Estos bienes y servicios que van desde la provisión de alimentos hasta la purificación del agua, entre miles más, son esenciales para la subsistencia de la sociedad y son prácticamente imposibles de sustituir mediante métodos artificiales.

La diversidad biológica, en efecto, no solo aporta a la salud y equilibrio de los ecosistemas, sino que constituye un pilar fundamental que sustenta directamente nuestras vidas y actividades cotidianas.

MITIGAR LAS CAUSAS

La buena noticia es que el cambio climático y la pérdida de biodiversidad pueden y deben afrontarse de manera conjunta. Las distintas especies en sí contribuyen a limitar el calentamiento global y, con ello, a mitigar las causas que conducen a la alta tasa de extinción actual.

Los árboles, a través de la fotosíntesis, absorben dióxido de carbono, uno de los principales gases de efecto invernadero responsables del cambio climático. En definitiva, su proceso biológico ayuda a reducir la cantidad de gases atmosféricos que desencadenan el aumento de la temperatura global.

Pero los árboles no son los únicos organismos capaces de fijar dióxido de carbono. Curiosamente, los grandes vertebrados marinos son los únicos organismos del océano capaces de ser comparados con los árboles, por su potencial de secuestrar carbono. De hecho, los grandes vertebrados marinos pueden vivir por décadas almacenando carbono en su biomasa.

Las ballenas, por ejemplo, contribuyen al secuestro de carbono de dos maneras. Por un lado, de manera directa: cuando los vertebrados longevos mueren, incluidas las ballenas, sus cuerpos y tejidos se hunden en el lecho marino y el carbono acumulado en su biomasa se inmoviliza en las profundidades del océano por miles de años. Por otro lado, de forma indirecta: las ballenas, con sus heces, fertilizan el medio acuático, estimulando la productividad del fitoplancton y, por lo tanto, el secuestro de carbono en las células del fitoplancton que, posteriormente, yacen sobre las profundidades del océano.

En el afán de encontrar acciones climáticas amigables con el entorno natural, surgieron las soluciones basadas en la naturaleza (SBN), las cuales aprovechan las cualidades de las comunidades biológicas y de los ecosistemas y permiten abordar de forma holística el cambio climático. Por ejemplo, la conservación de bosques y su manejo forestal sostenible constituye una SBN que tiene implicancias directas en la lucha frente al cambio climático, al promover la prevención de aludes e inundaciones y al conservar un sumidero natural de carbono, al mismo tiempo que representa un espacio para la recreación y el ecoturismo. En definitiva, las SBN constituyen acciones multibenéficas debido a que se obtienen beneficios sociales y económicos a la par que se protegen los servicios ecosistémicos y la biodiversidad.

En este complejo entramado de biodiversidad y cambio climático, nuestras decisiones y acciones cotidianas marcan el destino de las innumerables formas de vida en nuestro planeta. La sexta extinción masiva, gestada por nuestro propio accionar, nos invita a replantear la forma en que interactuamos con nuestro entorno.

En este punto crucial de nuestra historia, nos enfrentamos al desafío de decidir qué legado dejaremos a las generaciones futuras. ¿Adoptaremos una coexistencia armoniosa con la naturaleza, reconociendo su valor intrínseco y su papel fundamental en nuestra propia existencia, o seguiremos por un camino que amenaza la permanencia de la biodiversidad en la Tierra?

Salir de la versión móvil