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El matrimonio igualitario en la Argentina

En la fría madrugada del 15 de julio de 2010, muchos corazones se entibiaron al enterarse de una noticia muy esperada: se había aprobado la ley de matrimonio civil entre personas del mismo género. Este cambio en el Código Civil puso en igualdad de condiciones a las parejas homosexuales que, desde entonces, pueden contraer matrimonio con todas las obligaciones y todos los derechos que implica el acto.

La ley de reforma del matrimonio civil, número 26.618, reemplaza los términos “hombre” y “mujer” por “contrayentes”. Esta ampliación de derechos fue un proyecto impulsado por la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT), presentado por la senadora Vilma Ibarra y los diputados Eduardo Di Pollina y Silvia Augsburger. Su aprobación fue muy reñida: en el Senado obtuvo 33 votos a favor, 27 en contra, tres abstenciones y hubo nueve ausentes, mientras que en la Cámara de Diputados recibió 125 votos a favor, 109 en contra, 4 abstenciones y hubo 16 legisladores ausentes.

Recordemos que el actual Papa y entonces cardenal Jorge Bergoglio dijo en su momento que no se trataba de «un mero proyecto legislativo sino de una ‘movida’ del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios». La férrea oposición de la Iglesia fue muy lejos y el Vaticano le quitó su estado clerical al cura Nicolás Alessio, quien había apoyado el proyecto.

A pesar de las presiones, la Argentina fue el primer país sudamericano que legalizó los matrimonios homosexuales. La siguieron por este camino Uruguay y Brasil.

Esta ley les cambió la vida a centenares de parejas, que pasaron por el registro civil concretando un sueño largamente postergado.

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