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La Revista

Venezuela, sin tregua

Crisis energética, inseguridad, caos: los titulares de los medios recrudecen sus embates contra el gobierno de Hugo Chávez a medida que se acercan las elecciones legislativas de 2010. Aquí se propone una mirada menos apasionada, que analice errores y admita los buenos resultados.

Por Telma Luzzani
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A ponerse los cascos! Faltan seis meses para las elecciones legislativas de Venezuela y, en ese lapso, las fuerzas ofensivas –la oposición venezolana sumada a poderosos intereses internacionales, ambos con el objetivo de ver a Hugo Chávez cuanto antes fuera del Palacio de Miraflores– y las defensivas –el propio gobierno y sus seguidores– librarán una guerra sin cuartel.
Ya hubo varias muestras en lo que va del año. Las fallas (los cortes de luz por falta de energía), las medidas económicas (la devaluación) y las decisiones políticas (renuncias de funcionarios) fueron tratadas por la prensa local y extranjera con un tono apocalíptico que sugería la debacle “del régimen”. “Chávez pierde fuelle”, tituló el 15 de febrero El País de España, un diario consecuentemente antichavista. “La popularidad del presidente venezolano se desploma”, continúa. Pero en el quinto párrafo uno descubre que Chávez tenía un 60 por ciento de popularidad en diciembre (como aclara el diario ¡“después de once años de gobierno”!) y bajó a 50. Es obvio que disminuyó, pero no es periodísticamente honesto presentarlo como una hecatombe. Días antes, el diario Clarín elegía las cifras de la encuestadora Hinterlaces para asegurar que la popularidad del presidente estaba en un 39 por ciento, mientras Página/12 se guiaba por el Instituto Venezolano de Análisis de Datos que daba a Chávez un apoyo popular del 58,3 por ciento.
¿Está en crisis Venezuela? “No. Las bases del poder están intactas en relación con su peso específico”, asegura Modesto Emilio Guerrero, escritor y periodista venezolano. “No es real la sensación mediática adversaria. Lo que sí existe es una crisis de valores en el poder que por supuesto afecta la gobernabilidad. Pero eso es otra cosa.”
Esa “sensación mediática” a la que hace referencia Guerrero trae consigo graves consecuencias. En primer lugar, se defrauda a los lectores o televidentes con información parcial y distorsionada. Y en segundo lugar, algo mucho más grave para la democracia: al llevar al extremo de lo negativo todos y cada uno de los hechos de gobierno, se clausura una gama de voces alternativas, más o menos disidentes sin ser frontalmente opositoras, que quisieran criticar para mejorar y discutir para aportar en el proceso de cambio que ha introducido el gobierno bolivariano. Lo que logra la hipercrítica prensa conservadora es que no haya debates de ideas y que se lleve todo al terreno fundamentalista del todo o nada. De esta manera, queda cancelada la discusión de cualquier otro tema que no esté en el menú de sus titulares.

 

MIRADAS CRÍTICAS
Para evitar esos extremos se pidió a dos observadores atentos del proceso bolivariano, Mario Toer, profesor titular de Política Latinoamericana de la UBA, y Modesto Emilio Guerrero, que analizaran los pros y los contra de la actual situación venezolana.
“Si uno repasa los once años de gobierno de Chávez, observa que siempre estuvo en medio de una crisis de poder. Su proyecto intenta abrirse paso sobre lo establecido y, por lo tanto, el clima de conflicto es inherente. No hay muchas diferencias entre el golpe de Estado fallido de 2002, el lock out que le hicieron los directivos de la petrolera Pdvsa en 2003, el plebiscito convocado por la derecha para sacarlo del gobierno en 2004, la alianza de la oposición para boicotear las elecciones parlamentarias en 2005, etcétera. Sólo la historia nos podrá decir si esta crisis es diferente a las otras. Efectivamente hubo ministros que se alejaron del gabinete por problemas puntuales como el tema energético y otros, pero no me atrevería a decir que se trata de una crisis especial aunque, por supuesto, la oposición siempre va a decir que es la última”, asegura Toer.
El profesor se refería a las renuncias del ministro de Energía, Ángel Rodríguez, del vicepresidente y ministro de Defensa, Ramón Carrizales, su esposa y ministra de Medio Ambiente, Yuvirí Ortega, y del presidente del Banco de Venezuela, Eugenio Vásquez Orellana, en enero, como efecto de la crisis energética que afecta a Venezuela y que obligó al gobierno a programar cortes de luz, sancionar a los que más gastan y, lo que es peor para el país, disminuir el ritmo de producción industrial.
Oficialmente se culpa de la situación al fenómeno climático de El Niño, que tras once meses de sequía mermó las aguas de las represas del río Gurí, la central hidroeléctrica que genera más del 70 por ciento de la electricidad del país. Pero para los especialistas la causa es una larga cadena de errores, acumulados desde hace cuarenta años, y en la que las fallas del gobierno de Chávez son el último eslabón.
“Por una concepción equivocada, durante cuarenta años se apostó a la electrificación del país sobre el uso de un solo río, el Gurí. La burguesía que gobernó hasta la llegada de Chávez no hizo inversiones de estructura ni cambios tecnológicos, apenas reparaciones. Y el actual gobierno tardó mucho en estatizar las plantas eléctricas, recién lo hizo en 2007. En ese entonces, Chávez debería haber previsto la actual situación pero no ocurrió así. Para el consumismo eléctrico voraz de los venezolanos, acostumbrados a la abundancia, que corten la luz de dos a tres horas por día no es sólo un problema de cadena alimentaria o de seguridad, es una catástrofe”, relata Guerrero.
Con su estilo exuberante, Chávez, a mediados de enero, destinó mil millones de dólares para 59 proyectos de generación y distribución eléctrica y otros cincuenta planes de mantenimiento. Aseguró que para 2010 habrá entre cuatro mil y cinco mil megavatios adicionales y anunció nuevas plantas térmicas “que vendrían de Rusia”. “Para una nación sometida a transformaciones tan duras, polarizantes en lo político y tan presionado desde afuera, la actual inversión es tardía y no da tiempo para recuperar el desastre. Son las locuras de un país petrolero”, asegura Guerrero.
El petróleo dejó, en siete años, 700 mil millones de dólares. Chávez redistribuyó en planes sociales casi la mitad, 323 mil millones, algo que no hizo ningún otro gobierno en la historia del país. Según Naciones Unidas, se redujo la pobreza a la mitad y la miseria a un tercio. Otra parte fue para mejorar infraestructura. “Una red ferroviaria impresionante, como la que hubo en la Argentina y que desmontó Carlos Menem, va a cruzar Venezuela. Se terminará en 2017 y significa ahorro de combustible, más comercio y producción en el interior”, dice Guerrero.
Del otro lado de la balanza está lo más conocido: los errores, la corrupción –un mal endémico del que no se ha librado el gobierno– y la inseguridad que el chavismo no logra controlar. De estos temas se hablará en abundancia hasta el 26 de septiembre, día de las cruciales elecciones legislativas en Venezuela.
Como se mencionó, las anteriores, en 2005, fueron boicoteadas por la oposición que creyó que sin su participación y con la fuerte presión internacional que se ejercía sobre Chávez, los comicios se declararían nulos. No fue así y el resultado fue una Asamblea Nacional ciento por ciento oficialista. Es evidente que esto será irrepetible y que las próximas legislativas, con la participación opositora, arrojarán una cifra que refleje la diversidad ideológica de la sociedad. No obstante, cualquiera sea el resultado, los medios de comunicación de la derecha lo presentarán como una “derrota de Chávez” ya que inevitablemente perderá escaños. Un análisis más honesto debería señalar que Venezuela abre un nuevo capítulo de su historia republicana.

 

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