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La Revista

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Un colectivo multisectorial representativo de organizaciones comunitarias y artistas autogestionados promueve la creación del Fondo Nacional de Apoyo a la Cultura. El 1º Congreso Latinoamericano de Cultura Viva en Bolivia expandió la reivindicación al plano regional.

 

Por Sin Firma
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Lejos de los circuitos comerciales tradicionales, distante de las grandes cadenas de distribución de consumo masivo y más allá de las vidrieras de los epicentros geográficos, la cultura también vive. Territorial, comunitaria, independiente o autogestiva son algunas de las características que eligió el colectivo Pueblo Hace Cultura para determinar la singularidad de sus expresiones.
Este espacio multisectorial originado en 2009, enmarcado en la conquista de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, está conformado por redes de teatro comunitario, centros culturales, medios locales de comunicación, murgas, bibliotecas populares y músicos independientes que apuestan al reconocimiento de actividades culturales propias de cada barrio, cada pueblo y cada región, y llevan adelante un proyecto de ley para la creación de un Fondo Nacional de Apoyo a la Cultura Comunitaria compuesto por un monto no menor al 0,1 por ciento del Presupuesto Nacional.
“Formamos este espacio plural para buscar políticas que defiendan a nuestro sector. Creamos encuentros regionales y nacionales, realizamos caravanas, eventos de premiación y debates con una mirada federal. Una forma de trabajo similar a la que se realizó para cimentar la Ley de Medios”, comentó César Baldoni, referente del colectivo y coordinador del plurimedio La Posta Regional.
El proyecto de ley está inspirado en una política iniciada en Brasil en 2004, por el entonces ministro de la cartera Célio Turino, en la que más de 2 mil puntos de cultura –organizaciones de base– fueron beneficiadas mediante un subsidio para el desarrollo de sus expresiones territoriales. En un camino similar, el proyecto argentino plantea la erogación del 0,1 por ciento del Presupuesto Nacional para destinar a estas organizaciones, lo que significaría el apoyo a casi 3 mil experiencias locales.
Para garantizar la transparencia en su aplicación, el proyecto propone además la creación de un Consejo Nacional de Apoyo a la Cultura Comunitaria como órgano observador y en permanente relación con la Secretaría de Cultura de la Nación. Ricardo Talento, miembro de la Red Nacional de Teatro Comunitario, declaró en la comisión de Cultura de la Cámara de Diputados: “No queremos mendigar apoyo a cada gobierno, por eso buscamos una ley que nos ampare como sector”.
Según un relevamiento realizado por el colectivo son más de 15 mil las experiencias culturales comunitarias desarrolladas a lo largo del país que hoy en día trabajan sin una política pública continuada. Si bien la Secretaría de Cultura de la Nación lleva adelante un programa de Puntos de Cultura, este tiene un presupuesto y una estructura inferior al solicitado. “Además –asegura Baldoni–, no podemos depender de la predisposición del gobierno de turno. Si cambian los funcionarios esto queda en el aire. Necesitamos algo que nos garantice la continuidad. Queremos que esta ley sea parte de un paquete de transformaciones en el ámbito de la Cultura, junto a la Ley de Medios, la Ley de la Música y la de Fomento a las Revistas Culturales”.

 

Futuro parlamentario
El proyecto presentado en la comisión de Cultura de la Cámara de Diputados de la Nación tiene, al menos discursivamente, amplio consenso en diversos espacios de militancia política y sindical. Libres el Sur, Nuevo Encuentro, La Cámpora Cultura, Unidad Popular y el Partido Solidario son algunos de los sectores que brindaron su apoyo.
Aunque con bemoles, algo similar ocurre dentro del parlamento con los representantes. Para Roy Cortina, legislador socialista y presidente de la comisión, el proyecto de Pueblo Hace Cultura favorece la democratización del acceso y la producción de bienes culturales. “Coincido en la necesidad de establecer la responsabilidad estatal indelegable de garantizar los derechos culturales y plantear criterios que aseguren el financiamiento público de este tipo de políticas evitando el uso partidario de recursos públicos”, aseguró Roy.
Por su parte, Claudio Lozano, diputado por Unidad Popular, uno de los espacios que más trabajó sobre el proyecto, aseguró que la sanción de esta ley es una deuda del parlamento y que si aún no se logró discutir en el recinto es porque en los espacios de representación institucional predominan dos miradas: la exclusivamente mercantilista y la determinantemente estatista de la cultura y sus políticas, dejando de lado los sectores alternativos. “Si el mercado hace productos y el pueblo hace cultura, el parlamento tiene la obligación de hacer políticas públicas”, culminó Lozano.
Aunque al momento de presentarse el proyecto, en abril de 2012, también estuvieron presentes diputados del Frente para la Victoria, Nuevo Encuentro y asesores de distintas fuerzas, el documento sigue aún sin aprobarse en comisión.
Tal como ocurrió con la Ley de Medios replicada en varios países latinoamericanos (la Argentina, Uruguay y Ecuador, entre otros), la Ley de Puntos de Cultura intenta expandirse en el bloque regional. Para aunar fuerzas se realizó, del 17 al 22 de mayo, el 1º Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria en La Paz, Bolivia.
Un contingente de 400 representantes argentinos, entre ellos El Culebrón Timbal, la Unión de Músicos Independientes, La Red Nacional de Teatro Comunitario, Colectivos de Murgas Independientes y la Fundación Che Pibe, se hicieron presentes para compartir cinco días de talleres, debates y conferencias con actores culturales de 17 países de la región.
El gobierno boliviano dio pleno apoyo y promovió esta actividad desde su máximo referente, Evo Morales, y a través de la presencia del ministro de Culturas, Pablo Groux Canedo, a lo largo de los cinco días que abarcó el Congreso. En la segunda jornada, durante el encuentro entre funcionarios latinoamericanos y actores culturales, el ministro expresó la necesidad de avanzar en políticas públicas que favorezcan al sector tanto en la producción y la circulación como en el desarrollo de experiencias que enriquezcan a los productores. Consignas que luego fueron selladas en un documento de compromiso regional.
“El comunicado de compromiso firmado por funcionarios de distintos países del continente fue, en materia legal, lo más significativo que se vivió en el Congreso. Es una respuesta, un ‘hacerse cargo’ de esta demanda social latente”, comentó Baldoni y subrayó su deseo para que –por efecto rebote– este año pueda debatirse y sancionarse la ley en nuestro país.
El colectivo Pueblo Hace Cultura en la Argentina es, tal vez, el más dinámico y activo en la plataforma continental. Sostiene su enérgico movimiento gracias a las organizaciones de base cultural y su acción efectiva en el territorio. Desde allí parte la propuesta y el deseo de que el proyecto de ley, con el consenso federal a base de debates que ya posee, transite un recorrido vertical hacia ambas cámaras.
Esta demanda es, en resumen, una lucha por la pluralidad y la diversidad. Un proyecto multisectorial y multipartidario. Una propuesta alternativa al consumo mercantilista tradicional y concentrado de la cultura, ofrecido en un contexto oportuno de transformaciones sociales a nivel nacional y regional. Un camino, no tan distinto, al que transitó un grupo de comunicadores, imaginando una ley democrática que regule los medios en las sociedades modernas.

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