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La Revista

Revolucionario cumple años

Este 14 de junio se cumplen 89 años del nacimiento de Ernesto “Che” Guevara. Vivió 39 años pero sus días en Rosario y Córdoba y sus primeros viajes por América latina forjaron el espíritu del líder revolucionario que llegaría a ser.

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Che

En sus 39 años de vida, Ernesto Guevara de La Serna fue médico, comandante revolucionario, economista y escritor. Pero, por sobre todo, fue el Che, una figura que representa los ideales de miles. Aunque hay dudas sobre la fecha certera de su nacimiento, el mayor consenso indica que fue el 14 de junio de 1928 cuando llegó al mundo, en Rosario, el primer hijo de Celia de la Serna y Ernesto Guevara Lynch. Cinco años después la familia se mudó a Alta Gracia, Córdoba, para que el clima seco ayudara a la mejoría del severo asma que sufría el pequeño.

Durante los primeros años recibió una educación hogareña y se convirtió en un ávido lector. Su familia tenía una buena posición económica y esto les permitía, entre otras cosas, tener una gran biblioteca que reunía clásicos de la literatura universal, ensayos de historia, filosofía y psicología, libros de arte y obras de Marx, Engels y Lenin, que Ernesto leyó en su adolescencia y juventud temprana. Lo apasionaba la filosofía y a los diecisiete años inició su propio diccionario filosófico.

En 1942 conoció a Alberto Granado en un partido de fútbol, ya instalado con su familia en la ciudad de Córdoba, para que iniciara el secundario. Del mismo modo, cinco años después los Guevara se trasladaron a la ciudad de Buenos Aires, porque Ernesto comenzaría la carrera de medicina.

Comienza la década del 50 con un viaje por el norte de la Argentina. El 1 de enero de 1950 y sobre una bicicleta con motor acoplado empieza a recorrer cuatro mil kilómetros, a través de doce provincias. En Córdoba visita a su amigo Alberto Granado, quien está encargado del dispensario del centro de leprosos de San Francisco del Chahar, una afección que le resulta especialmente impactante. También trabaja como enfermero en barcos mercantes, así como en la clínica de un importante alergista, Salvador Pisani.

A fines del 51 encara su “primer gran viaje” junto con Granado sobre su mítica moto, la Poderosa, una Norton de 500 centímetros cúbicos. Cruzaron el país y llegaron a Chile, Perú, Colombia y Venezuela. De acuerdo a los testimonios de Ernesto en su libro, quedó impactado por la explotación de los mineros de Chuquicamata, en Chile. Este conocimiento más profundo de las problemáticas latinoamericanas, siempre relacionadas con la dependencia hacia las potencias mundiales. Por eso decide regresar para terminar en tiempo record sus estudios y encarar un nuevo viaje, que inició en julio de 1953 y lo llevó por Bolivia, Perú, Ecuador, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. En este período vuelve a tener un contacto estrecho con muchas de las injusticias que atraviesan el continente, conoce la difícil situación que soportan distintos poblados indígenas, colabora en leprosarios y termina de forjar las ideas que lo convertirían poco tiempo después en un líder revolucionario.

En Guatemala conoce a algunos de los jóvenes cubanos que están exiliados tras el asalto al cuartel Moncada y forma parte de la resistencia fallida al golpe de Estado propiciado por los Estados Unidos. Ya en julio de 1955, instalado en México, conoce al abogado cubano Fidel Castro, entonces líder del Movimiento 26 de Julio. “Charlé con Fidel toda una noche. Y al amanecer ya era el médico de su futura expedición. En realidad, después de la experiencia vivida a través de mis caminatas por toda Latinoamérica, no hacía falta mucho para incitarme a entrar en cualquier revolución contra un tirano, pero Fidel me impresionó como un hombre extraordinario. Las cosas más imposibles eran las que encaraba y resolvía”, expresó. De ese encuentro nacería la figura de uno de los líderes de la Revolución Cubana.

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