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La Revista

PASADO Y PRESENTE: Veranos calientes

Las rebeliones populares pueden originarse por múltiples factores y provocar variadas consecuencias. Algunos ejemplos de la historia reciente.

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Por Fernando Amato. Hace poco se cumplieron 15 años de la rebelión popular de diciembre de 2001. Todavía intentamos explicarnos qué fue lo que pasó y cuáles fueron las consecuencias que tuvo en la vida política argentina. Piquetes, asambleas, saqueos, desintegración social y tantas otras consecuencias que quedaron marcadas a fuego entre los argentinos. Milagro Sala es un emergente de la falta de dirección política que dejaron aquellos años. Una colla que decidió ponerse al frente de sus compañeros jujeños que se habían quedado sin nada. Sin formación y sin experiencia armó una red de contención. Ahora fue condenada por el mismo Estado y por los mismos protagonistas políticos que llevaron a aquel estallido social de 2001. Gerardo Morales y Carlos Blaquier aún caminan libremente por las calles sin dar explicaciones. Uno de ellos llegó a gobernador y nombró como miembros de la Corte provincial a dos hombres de su riñón, diputados radicales. Milagro Sala, en cambio, hace un año (16 de enero de 2016) que está presa. Y aún debe afrontar otras cuatro causas judiciales. La tolerancia política fue reemplazada por una persecución denunciada por la ONU, la OEA y los principales organismos internacionales de derechos humanos. Para los revoltosos, cárcel y protocolo antipiquetes (el 18 de febrero de 2016 la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, presentó un reglamento de acción policial para reprimir las manifestaciones piqueteras). El diálogo y el consenso parece que sólo es cuestión de ricos. Para los que crearon las condiciones que llevaron al levantamiento popular quedan toda la libertad, el poder y el dinero. Ni un banquero se sentó en el banquillo de los acusados por haber llevado a la ruina a miles de argentinos en aquel fatídico 2001. El próximo 5 de marzo se cumplirá un año del ataque a balazos al local de Nuevo Encuentro de Villa Crespo que dejó dos mujeres heridas que terminaron hospitalizadas en el hospital Durand. Mientras Milagro Sala fue condenada por comandar a distancia un escrache en el que se arrojaron huevos, el autor de los cuatro disparos contra el comité kirchnerista (Alejandro Sidero, que culpó a su hijo de 14 años) sigue libre.

Todavía no terminamos de explicar lo que aconteció en aquellos tumultuosos días de diciembre de 2001. Para muchos fue un movimiento prerrevolucionario. Para otros, apenas el descontento de una clase media que quedó con sus ahorros atrapados en un corralito. En otro verano caliente, en 1993, me tocó cubrir la revuelta popular conocida como el Santiagueñazo. Ante la falta de pago de sueldos estatales, el pueblo salió a las calles a denunciar a los tres poderes del Estado. Se saqueó e incendió la Gobernación, la Las rebeliones populares pueden originarse por múltiples factores y provocar variadas consecuencias. Algunos ejemplos de la historia reciente. Legislatura y los Tribunales. Incluso la casa de los principales dirigentes políticos. Con mis propios ojos vi caer un hermoso piano de cola por el primer piso de la mansión de un dirigente local en la ciudad de La Banda. Para muchos empezaba el final del menemismo y del juarismo (Carlos Juárez era el caudillo peronista más importante de la provincia). En ese estado de anarquía, el socialismo parecía estar a la vuelta de la esquina. Sin embargo, unos pocos días después, el 17 de diciembre, el presidente Carlos Menem nombró interventor al cordobés Juan Schiaretti, que llegó a la provincia con una valija llena de pesos para pagar los sueldos adeudados. En julio de 1995 terminó la intervención federal y comenzó su quinto mandato Carlos Juárez, el viejo caudillo peronista que había sido uno de los que vieron arder su casa en aquel diciembre de 1993.

En 1995, el historiador inglés Edward Palmer Thompson, en “La economía ‘moral’ de la multitud en la Inglaterra del siglo XVIII”, hablaba de la visión espasmódica de la acción de las clases populares y calificaba como “motines de subsistencia” a aquellos en los que el actor desaparece del espacio público apenas obtenido su objetivo. El caso de estudio de Thompson era la rebaja del precio del pan.

El Santiagueñazo y el Argentinazo parecen inscribirse en la tipología descripta por Thompson. En cambio, los movimientos sociales organizados perduran en el tiempo. La dimensión de la crisis alimenta su engorde. Los tipos de políticas públicas determinan la base de la relación entre el Estado y las organizaciones sociales. Y, como se sabe, el ajuste sólo entra con represión.

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