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La Revista

Memoria, balance y futuro

A un año de la recuperación del control mayoritario por parte del Estado nacional, YPF aumentó la producción de petróleo y desaceleró la caída de la de gas. Cuáles son las estrategias de financiamiento para recuperar la independencia energética. El modelo de la noruega Staoil.

Por Sin Firma
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CyC 2281 abril 2013-77

En abril del año pasado, la Presidenta Cristina Fernández anunciaba la intervención de Yacimientos Petrolíferos Fiscales y el envío al Congreso de un proyecto de ley de expropiación del 51 por ciento de la petrolera que pasaría a manos del Estado. Desde lo político, se trató de una medida de alto contenido simbólico ya que el proceso de privatización llevado adelante durante los noventa en la compañía –a favor de la española Repsol– se convirtió en uno de los acontecimientos paradigmáticos de la etapa neoliberal. Pero la decisión se enmarcó fundamentalmente en la necesidad de revertir el profundo déficit energético en la que había ingresado la economía argentina, como consecuencia de la falta de acompañamiento de la oferta energética a los casi diez años de crecimiento de la producción interna. Paralelamente, al entusiasmo que generó la recuperación de YPF se abrían una serie de interrogantes acerca de la factibilidad de lograr los objetivos trazados. Nadie podía esperar recetas milagrosas luego tantos años de desatinos. Pero a un año de su recuperación, la nueva gestión de la empresa bajo conducción estatal muestra un notorio cambio de rumbo que ratifica el acierto de aquella decisión. Los acuerdos firmados el año pasado con Chevron y Bridas y el reciente con Dow Argentina para desarrollar de manera asociada los pozos no convencionales en Vaca Muerta son una muestra.

A principio de marzo, el CEO de YPF, Miguel Galuccio, presentó el balance anual de 2012 y destacó el aumento de la producción de petróleo en un 2,2 por ciento; la desaceleración en la caída de la producción de gas que pasó del 10,2 por ciento al 2,3 por ciento y una inversión de 16.485 millones de dólares que representan un 25,6 por ciento más que la efectuada durante el 2011. “Los números en valores absolutos no son buenos”, reconoce Marcos Rebasa, titular de la cátedra Régimen Jurídico de las energías renovables de la Facultad de Derecho de la UBA y miembro del Instituto Energético Scalabrini Ortiz. Pero inmediatamente agrega que “si tenemos en cuenta de dónde veníamos, que la empresa estaba descapitalizada y sin proyectos de exploración, el cambio es grande”. Un diagnóstico similar traza el economista Nicolás Gadano, autor del libro “Historia del petróleo en la Argentina”. “En los resultados presentados hay luces y sombras. Es muy positivo que haya un aumento muy claro en la inversión y es de esperar que utilizada de manera eficiente se traduzca en más reservas y producción. Justamente en este último rubro, los resultados no son tan concluyentes. Pero para saber si realmente se logró revertir la tendencia me parece que hay que esperar un poco más el desarrollo de su desempeño”, afirma.

Uno de los mayores desafíos que debe enfrentar la actual dirección de YPF es lograr el financiamiento para la exploración y explotación de nuevos yacimientos que requieren de enormes inversiones. El cuadro se vuelve aun más complicado si se tiene en cuenta la dificultad que presenta la Argentina para acceder a créditos externos a tasas razonables. Con todo, Galuccio anunció que las inversiones durante el actual ejercicio serán de5 mil –un 60 por ciento superiores a las del año pasado- y que para alcanzar ese objetivo sólo falta conseguir el 10 por ciento del dinero. El hecho de haber dejado de girar utilidades al exterior –como sucedió durante el período en que estuvo manejada por Repsol– le permitió a la compañía aumentar notablemente el flujo de caja. Pero además, a través de la emisión de bonos destinados al sector mayorista y minorista, obtuvo del mercado local casi 12 mil millones de pesos, logrando suplantar deuda en dólares de corto plazo por deuda en pesos a mediano y largo plazo. De esta manera, logró revertir el “estrés financiero” en el que se encontraba bajo la gestión de Repsol.

Otra fuente extra de financiación a lo largo de este año provendrá como consecuencia de la decisión tomada por el Gobierno de aumentar los precios internos del gas natural en boca de pozo, para los yacimientos nuevos, que pasó de 2,5 dólares por millón de BTU a 7,5 dólares. De acuerdo a los cálculos hechos por la propia compañía, este incremento le generará un ingreso adicional de 500 millones de dólares que es precisamente lo que le resta para garantizarse la inversión estimada durante este año. Aumentar la producción local le permitiría al país disminuir la importación de gas natural licuado que viene a través de barcos y por el que paga 17 dólares el millón de BTU. Una de las principales causas que explica la actual balanza comercial negativa en materia energética.

Gadano entiende que la modificación en el esquema de precios de los hidrocarburos –en el petróleo también hubo un incremento de 42 a 70 dólares el barril– viene como consecuencia directa de que el Estado asumió el control de YPF. “Hasta no hace mucho, si uno decía que los precios para el productor eran muy bajos se lo acusaba de estar haciendo lobby para las grandes compañías. El hecho de que YPF esté ahora bajo control estatal sirvió para que sean los propios funcionarios que designó el Gobierno los que señalaron este problema”, sostiene. Agrega que a partir de este cambio “todo el segmento de petróleos y refinados está trabajando con mejores precios”.

 

YPF dentro de un contexto

 Con matices, los dos especialistas consultados comparten la idea de que es necesaria una política energética integral para que YPF pueda desarrollarse y lograr sus objetivos. Rebasa entiende que la empresa debería convertirse en un factor de tracción para el relanzamiento de una industria petrolera nacional. “El apuro por lograr el autoabastecimiento no nos tiene que bloquear la oportunidad que se abre de invertir en equipos que provengan de capitales nacionales. Por ejemplo, los equipos para la explotación en los pozos no convencionales como los de Vaca Muerta habría que desarrollarlos acá. Gracias a la larga historia de YPF tenemos una muy buena base de industria petrolera. Puede ser que no esté a un a la altura de lo que se necesita. Pero ahí tiene que jugar un rol central el Estado para que esa base industrial que existe se expanda. Eso genera una mayor autonomía y a la vez garantiza mejores oportunidades en el mercado laboral”, afirma.

 

Recientemente, en una de las contadas entrevistas periodísticas que brindó desde que está al frente de la petrolera, Galuccio señaló que su modelo de referencia para YPF es la noruega Staoil. Se trata de una empresa de capitales mixtos pero en la que el Estado tiene un 63 por ciento de participación y con cuatro representantes de los trabajadores en su directorio. Para Gadano es un excelente espejo en cual mirarse, no solo por el modelo de empresa sino por el modo en que entendió Noruega que deben administrarse los recursos de hidrocarburos. “Ellos tienen un fondo de estabilización de los ingresos que genera Statoil y de distribución a lo largo del tiempo a las futuras generaciones, considerando que el petróleo es un recurso no renovable y que es muy volátil. Cuando una jurisdicción toma los recursos de la renta petrolera y los gasta de manera corriente, produce distorsiones productivas que en la literatura económica se conoce como enfermedad holandesa, donde la actividad petrolera termina asfixiando el desarrollo de cualquier otra actividad. Creo que Statoil es un ejemplo muy bueno para imitar y también lo que hace Noruega con los ingresos del petróleo”.Quizás llegar a convertirse en Staoil puede ser un objetivo tan lejano como Noruega. Pero lo que es cierto que es hace más de un año era imposible pensarlo. El nuevo rumbo está en marcha.

Por Pablo Galand

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El camino de regreso a la independencia energética

  • Entrevista a Eduardo Barreiro.

El consultor asegura que la explotación del yacimiento Vaca Muerta podría permitir que la Argentina recupere el autoabastecimiento en 2020. Las estrategias de YPF para conseguirlas inversiones claves.

Los hidrocarburos no convencionales que se encuentran en el yacimiento neuquino de Vaca Muerta y con toda probabilidad en la cuenca del golfo de San Jorge representan la gran apuesta de YPF para recuperar el autoabastecimiento. El consultor energético Eduardo Barreiro, quien trabajó durante muchos años en la anterior etapa estatal de la compañía, asegura que ese objetivo se puede lograr pero en un plazo no menor de siete años, condicionado a las inversiones.

–Hay quienes plantean que la metodología de la fractura hidráulica que se necesita para extraer los hidrocarburos no convencionales en el yacimiento Vaca Muerta tiene un gran impacto ambiental porque puede provocar contaminación de las aguas. ¿Es esto así?

No. La profundidad promedio de Vaca Muerta es muy grande, está entre los 3.000 y 3.500 metros. En los lugares de Estados Unidos en los que hubo algunos problemas ambientales el petróleo estaba a 700 metros de profundidad y los pocos incidentes que se produjeron derivaron del proceso de aprendizaje en la aplicación de la tecnología de fractura. En el caso nuestro no habrá daño alguno, ya que tenemos tres kilómetros de roca de barrera entre el petróleo y el agua potable. Hay además una técnica llamada microsísmica que permite verificar que donde se produce la fractura es una zona con petróleo y que este no se desvíe hacia arriba.

 

–El otro cuestionamiento ambiental tiene que ver con que la gran cantidad de agua que requiere este tipo de operaciones puede generar desabastecimiento en las ciudades de la región.

Tampoco es cierto, en este caso. El 99 por ciento del caudal de los ríos Colorado y Negro se vuelca como agua dulce en el mar. Por lo tanto, aprovechar parte de esas aguas no interfiere en nada su utilización para las poblaciones. Lo que sí puede suceder es que, para algunos yacimientos que estén lejos de estos ríos, se necesite hacer en el mediano plazo una red de acueductos para abastecer a las producciones de shale gas y tight gas. Construir una red de agua dulce que sirva para abastecer a los yacimientos que están lejos de los ríos también va a servir para darles servicio de agua potable a los pequeños pueblos que están en el camino. El ministro de Energía de Neuquén, Guillermo Coco, asegura que piensa concretar esta idea.

 

–Al encontrarse el gas y el petróleo mucho más profundo que lo que ocurre, por ejemplo, en Estados Unidos, ¿hace que los costos de extracción sean más altos?

Sin ninguna duda. Pero además está el factor de escala. En Estados Unidos se hacen casi 15 mil pozos por año. En la Argentina, con un poco de suerte, este año haremos cien pozos exploratorios y se calcula unos mil o menos en total. Los costos de escala desfavorecen al petrolero que opera en la Argentina.

 

–¿Sigue siendo rentable hacer esta explotación en la Argentina?

Sí. El precio promedio rentable para el productor en el 50 o 60por ciento de los proyectos es de 7 dólares por millón de BTU(1 millón de BTU es el equivalente de alrededor de 27 metros cúbicos de gas) y el Gobierno estableció que para el gas nuevo el valor sea de 7,50 dólares por millón de BTU. Por lo tanto, es rentable. Ese precio es atractivo para seducir inversores. Es el doble del precio de mercado en Estados Unidos. Sin ninguna duda van a venir capitales de empresas medianas y chicas de allí para asociarse con empresas locales.

 

–¿Es aventurado calcular en cuánto tiempo los hidrocarburos no convencionales podrán reemplazar lo que hoy resulta tan costoso importar?

Depende del volumen de inversión que se pueda conseguir. Miguel Galuccio (CEO de YPF) tiene un plan A y un plan B. El plan A es conseguir inversiones en el exterior que compartan riesgo con YPF para salir a perforar intensivamente clusters (grupos) de alrededor de mil pozos. El plan B se aplicará si no se puede conseguir financiamiento del exterior: en ese caso las inversiones se harán con las utilidades que genere YPF y el apoyo de la banca y la industria local. No hay que olvidarse que esta segunda alternativa se logró exitosamente cuando en 1970 se lanzó la lucha por lograr el autoabastecimiento, que se concretó doce años después, cuando se puso en operación el yacimiento de Loma de la Lata. Ese autoabastecimiento duró hasta hace unos tres o cuatro años. Por lo tanto, es posible pensar en que el proceso se repita. De todos modos, pienso que no se va a alcanzar antes de 2020, y si no llegan capitales extranjeros, se tardará entre tres y cinco años más.

 Por P. G.

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Las cinco YPF

  La recuperación del control de YPF por parte del Estado nacional fue un paso fundamental para cambiar la estructura del sector petrolero que nació en los 90 bajo las ideas neoliberales que dominaron aquellos años. YPF se creó en 1922 bajo el impulso del general Mosconi, con el objetivo de defender el petróleo, participar de la renta e intervenir en el mercado de combustibles, que estaba dominado casi monopólicamente por las grandes empresas extranjeras. Mosconi se inspiró en la creación de la British Petroleum, que nació unos años antes cuando el gobierno británico, por iniciativa de Winston Churchill, tomó el 51 por ciento de las acciones de la Anglo-Persian Oil Company. El ideal de Mosconi en aquel momento era crear una YPF mixta, con el 51 por ciento del capital estatal.

Bajo su gestión, el Estado no sólo comenzó a explotar los recursos petroleros en algunas de las localidades más remotas del país. También construyó caminos, escuelas y hospitales. Mosconi debió enfrentar la falta de recursos y las disputas políticas que impedían definir y ejecutar una estrategia clara. La Argentina es un país con petróleo: no un país petrolero. Esta situación obliga a un nivel de eficiencia empresarial y de inversiones que YPF no logró alcanzar y que llevó a que el objetivo del autoabastecimiento, que era otro de los ideales del general Mosconi, sólo se lograra en breves períodos de su historia.

Al fracasar en el logro del autoabastecimiento, su lugar como empresa estatal empezó a ser discutido en la sociedad y entre los distintos sectores políticos, generándose así un círculo vicioso que dificultó aún más el cumplimiento de este objetivo.

En 1990, George Bush presentó la Iniciativa para las Américas donde, entre otras cosas, intentó facilitar el ingreso de las empresas petroleras de su país en el mercado energético de América latina. Esta iniciativa tuvo una amplia e inesperada acogida por parte del menemismo, lo que llevó a la desregulación del sector hidrocarburífero y a la impensable privatización de YPF, símbolo de nuestra identidad nacional y empresa insignia de nuestro país.

Nació así en 1993 una nueva YPF –por entonces una empresa mixta–, que si bien no tenía mayoría accionaria estatal, permitía cierto control por parte del Estado. Esta segunda YPF consiguió atraer capitales, se organizó como una empresa privada con gran capacidad de gestión y logró desarrollar y poner en producción muchas de las reservas que la YPF estatal había desatendido. De esta manera, en pocos años, la Argentina logró el autoabastecimiento e incluso se convirtió en exportador de hidrocarburos.

Sin embargo, la concepción liberal de su gestión hizo que no se tuvieran en cuenta las cuestiones estratégicas que hacen al manejo del recurso petrolero. Así se firmaron, por ejemplo, convenios para exportar gas a Chile sin contemplarlas necesidades futuras de esta fuente de energía para nuestro país. Por otra parte, se desmantelaron los laboratorios de investigación y desarrollo de YPF, con lo que se dejó de cumplir con otro de los ideales de Mosconi.

Unos años más tarde, en 1998, el presidente Carlos Menem enfrentaba grandes problemas para sostener la convertibilidad, no conseguía financiamiento internacional y esa coyuntura amenazaba su segundo mandato. Por eso decidió vender el 100 por ciento de YPF a Repsol, por entonces una empresa bastante modesta que se vio obligada a endeudarse fuertemente para concretarla operación. Esta tercera YPF deja de tener como objetivo principal el desarrollo hidro carburífero de nuestro país y gira utilidades para pagar las deudas financieras, disminuyendo así sus inversiones en exploración y desarrollo. Además, establece una estrategia de crecimiento global utilizando los recursos obtenidos de la actividad en la Argentina para invertir en Brasil, Venezuela, Angola y Sudán, entre otros países. Así se esfumó la empresa que ideó Mosconi y el país se quedó sin una herramienta fundamental de política energética.

En 2007, el entonces presidente Néstor Kirchner intentó revertir esta situación propiciando el ingreso de capitales argentinos en la empresa y negociando que estos capitales, a pesar de no tener la mayoría, se hagan cargo de la gestión. Se produjo asíla llegada del Grupo Eskenazi y nacía entonces una cuarta YPF. Lamentablemente, a pesar de lo imaginado por Kirchner, dicho movimiento accionario y operativo no logró revertir los problemas causados por la gestión de Repsol.

Hace un año, el gobierno nacional decidió que el Estado sea nuevamente el accionista mayoritario de YPF como herramienta imprescindible para llevar adelante una política de recuperación del autoabastecimiento de hidrocarburos y garantizar el desarrollo económico del país. Así surge una quinta YPF, la cual tiene en su acta de creación los ideales con los que soñó Mosconi.

 

Por Víctor Bronstein

Director del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad.

Director de la Licenciatura en Energética, Universidad Nacional de Tres de Febrero

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