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La Revista

Los padres de la Plaza

Durante la dictadura, el rol protagónico en la búsqueda de los hijos y nietos desaparecidos fue de las mujeres, porque se creía que los represores no se ensañarían contra ellas. Pero algunos hombres también pusieron el cuerpo y dieron pelea en las rondas de Plaza de Mayo. Hoy, en el Día del Padre, los recordamos.

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Abel y Francisco Madariaga

La idea de la manifestación pública en la histórica Plaza fue de las Madres, quienes decidieron concentrarse con pañuelos en la cabeza cada semana y así consiguieron que trascendiera su reclamo y llegara al mundo. Y también participaron de la resistencia a la dictadura y la incansable búsqueda de sus hijos algunos hombres, como Julio Morresi, Teobaldo Altamiranda, Rafael Beláustegui, Mario Belli, Mauricio Brodsky, Ricardo Chidíchimo, Oscar Hueravilo, Bruno Palermo, Jaime Steimberg y Marcos Weinstein.

Al principio ningún hombre podían traspasar el vallado y recién después de dos años pudieron integrarse a las rondas, que ya habían tomado trascendencia mundial. “Nos metíamos adelante cuando reprimían y nos pegaban a todos”, recuerda Teobaldo, quien participó de la concentración de los jueves bajo la lluvia y también bajo los palos de la policía montada. Algunos las acompañaban y se quedaban de pie en la recova o se reunían en un café a hablar de sus hijos, también discutían de política y de fútbol. La mayoría comenzó a integrar las asociaciones de derechos humanos.

Además de la idea de que ellos podrían ser blancos fáciles para los militares, otra razón de su menor participación fue que, por diversos motivos, muchas familias ocultaban el hecho de tener un hijo desaparecido y los hombres que trabajaban bajo relación de dependencia no podían solicitar permiso para ir a las rondas. Ellos, los padres, fueron los que más sintieron el impacto físico de la tragedia vivida en su familia y no era raro que se enteraran de que alguno de ellos se había enfermado. “Las mujeres fueron más fuertes”, suelen decir.

En 2010 recibieron el Premio Azucena Villaflor a la trayectoria en Derechos Humanos, de manos de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner y en 2015 el Centro Cultural Caras y Caretas les otorgó el Premio Democracia.

Uno de los casos emblemáticos es el de Abel Madariaga, quien encontró a su hijo, Francisco Madariaga Quintela, quien recuperó su identidad después de 32 años. Abel es secretario de Abuelas de Plaza de Mayo y buscaba a Francisco desde 1983, pero fue su hijo quien terminó acercándose para hacerse los análisis de ADN, con dudas sobre su identidad. Había sido criado por un oficial de inteligencia de Ejército. Esta será siempre la mayor recompensa para Abel, uno de los encargados de pensar la estrategia de comunicación para que los jóvenes con inquietudes sobre su filiación se acercaran a la entidad.

 

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