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La Revista

Los cipayos del imperio

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Por Felipe Pigna. Director General

A mediados de 1815, Carlos de Alvear, por entonces Director Supremo de estas provincias, entraba en pánico al enterarse de la caída de Napoleón y se dispuso a proponerle al Reino Unido de la Gran Bretaña que nos adoptara como parte de su imperio. La noticia corrió como un reguero de pólvora y Carlitos tuvo que renunciar ante la sublevación del Ejército del Norte y el de Los Andes comandado por San Martín. Alvear, uno de los hombres más homenajeados por el poder liberal-conservador, marchó al exilio derechito para Río, la sede del poder británico en la región desde que en 1807 la flota inglesa acompañara “amablemente” a la corte portuguesa a su nuevo hogar tras la ocupación de Portugal por Napoleón. Una parte muy considerable de la flota permaneció en Río y con ella comandantes de primer orden que reorganizaron el espionaje en la región y aumentaron su influencia en el Río de la Plata. Al llegar a la por entonces capital imperial, se encaminó a la embajada española a pedirle disculpas, mediante el embajador Villalba, al Rey de España y a la nación española. No estaba en los cálculos de nadie que 201 años después otro liberal de pura cepa le pidiera disculpas a España en general y a las empresas españolas que nos vienen estafando desde la década de 1990 como Repsol e Iberia, cuyos directivos, lejos de ser ancianos condecorados por su pasado noble, están presos por estafa en sendas cárceles de la “Madre Patria”. Pero además de la ignominia y la brutalidad de pedirle disculpas a España en el año del Bicentenario, está la realidad histórica. ¿Disculpas por qué? Entre 1991 y 2001, el 27,7 por ciento de las inversiones españolas en el exterior se hicieron en la Argentina. Así como fabulosas suenan las cifras de inversión, fantásticos suenan los montos de las ganancias, y miserables los guarismos de reinversión en el mercado local: por cada dólar ganado por las empresas españolas, 80 centavos fueron girados hacia las casas matrices y 20 destinados al mantenimiento local. En ocho años, el 55 por ciento del monto invertido fue recuperado por las casas centrales. Tomando el caso particular de Telefónica, la ecuación se torna más evidente. La compañía pagó por su porción de Entel 625 millones de dólares. En sus cuatro primeros años de gestión, acumuló ganancias por 2.600 millones de dólares, aumentando notablemente el monto de la tarifa local gracias, entre otras cosas, al rebalanceo autorizado por la Corte Suprema de Justicia por el fallo del 7 de mayo de 1998. Los negocios españoles en América latina se multiplicaron y los dólares comenzaron a fluir a Madrid por toneladas, como la plata y el oro en la época colonial. Triste papel el de los Alveares del presente que no tienen empacho en decir que la “tarea sucia” –con todas las connotaciones históricas que tiene la frase– ya está hecha. La falta absoluta de entusiasmo del gobierno de Macri por conmemorar el bicentenario de nuestra máxima fecha patria, más allá de dos días de festejos en algunas provincias, es coherente con su imagen de la historia y con su alergia a la palabra independencia. Está en nosotros conmemorar como se debe una gesta noble que abrió este difícil camino por el que transitamos hacia la independencia.

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