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Por Felipe Pigna. Director General

La realización del Mundial de Fútbol en la Argentina era un objetivo perseguido por dirigentes políticos y deportivos desde hacía más de cuatro décadas. Finalmente, durante el gobierno dictatorial de Levingston (1970), nuestro país fue confirmado como sede para 1978. A partir de 1976, la dictadura militar resolvió que el tema del Mundial era una “cuestión de Estado”. Incluso prohibió a los medios cualquier crítica a la organización y hasta “al desempeño de la Selección nacional”. El gobierno contrató a una empresa privada, la estadounidense Burson-Marsteller, como consultora. La agencia informó que la imagen del gobierno era mala y hasta se permitió sugerir “que sea reprimido también el terrorismo de derecha”. El informe concluía que “el Mundial sería una oportunidad única de presentar al mundo entero el país, su gente y su modo de vivir. Argentina ha de tomar su legítima posición en el mundo”.

El gobierno de Videla creó el Ente Autárquico Mundial 78 (EAM 78), con un presupuesto ilimitado, que gastó 520 millones de dólares en la realización del campeonato. Cuatro años después, España gastó la mitad realizando más obras. Se inauguró Argentina Televisora Color (ATC), se construyeron tres estadios y se remodelaron otros tantos. Se arreglaron aeropuertos y rutas, todo en tiempo récord comparado, por ejemplo, con la construcción de la Biblioteca Nacional (25 años). Videla dejó abierto el campeonato el 1 de junio, diciendo en tono cuartelero: “Bajo el signo de la paz declaro inaugurado este undécimo

Campeonato Mundial de Fútbol”.

Durante la transmisión del primer partido (Alemania-Polonia), dos relatores germanos mecharon su transmisión del encuentro con descripciones de la situación de los derechos humanos en la Argentina: hablaron de campos de concentración e hicieron referencia a que a pocas cuadras del estadio de River, donde se jugaba el partido, torturaban a detenidos en la ESMA.

El gobierno atribuyó las críticas a una “campaña antiargentina”. En realidad, las denuncias eran contra el gobierno y provenían de diferentes personalidades que iban desde actores, como Yves Montand, hasta cantantes, como Joan Manuel Serrat y Freddie Mercury, pasando por escritores, como Julio Cortázar y Octavio Paz. Mientras se desarrollaba el campeonato, el periodista Julián Delgado, director editorial del diario El Cronista Comercial, y otras 62 personas pasaron a integrar la lista de desaparecidos.

Un periodista argentino inventó una carta que supuestamente había escrito el capitán de la Selección de Holanda, Ruud Krol, para publicarla en la revista El Gráfico, que en ese momento vendía 500 mil ejemplares por semana. En esa carta, el capitán de la Selección holandesa le “decía” a su hijita en Ámsterdam: “Querida hija: Mamá me contó que los otros días lloraste mucho porque algunos amiguitos te dijeron cosas muy feas que pasaban en la Argentina. Pero no es así. Es una mentira infantil de ellos. Papá está muy bien. Aquí todo es tranquilidad y belleza. Esta no es la Copa del Mundo, es la Copa de la Paz. No te asustes si ves algunas fotos de la concentración de soldaditos de verde al lado nuestro. Son nuestros amigos, nos cuidan y nos protegen. No tengas miedo, papá está bien, tiene su muñeca y un batallón de soldaditos que lo cuida, que lo protege y que de sus fusiles disparan flores. Diles a tus amiguitos la verdad. Argentina es tierra de amor. Te adoro, cuida a mamá, espérame con una sonrisa y anda pensando un nombre para la muñequita. Un beso. Papito”.

Los sucesivos triunfos de la Selección argentina encendieron el entusiasmo de la población, que salía a festejar a las calles. El gobierno capitalizó esta situación con propagandas oficiales que difundía en los medios locales y extranjeros. El 25 de junio de 1978, la Argentina se consagró campeona al vencer a Holanda. Los integrantes del equipo europeo se negaron a recibir el premio por el subcampeonato de manos de Videla y se solidarizaron con las Madres de Plaza de Mayo. Los festejos duraron varios días y fueron capitalizados por el gobierno con la ayuda de conocidas personalidades del deporte y el espectáculo, como el relator José María Muñoz, que desde la radio llevó a la gente a cambiar el tradicional lugar de festejo: del Obelisco, unos 25 mil hinchas se trasladaron a la Plaza de Mayo y agradecieron a Videla el triunfo obtenido.

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