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La Revista

LA SAGA DE LA ARGENTINA TRÁGICA

Gran poeta nacional, Leopoldo Lugones se suicidó ochenta años atrás perdido entre un amor prohibido y las persecuciones de su único hijo, un perverso personaje que introdujo la picana en las cárceles del país, instrumento con el que, en una parábola aciaga, fue torturada su hija, Pirí, intelectual devenida guerrillera, ultimada en un vuelo de la muerte hace ya cuatro décadas.

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CyC Febrero 2018nota de tapa

Por Vicente Muleiro. Cifra del trajinado mito de la fatalidad nacional. Mojones intensos y contradictorios de la peripecia argentina sobrecargados con ciertas constantes: lustre intelectual, suicidio, erotismo oscuro, error y terror político. Los Lugones arman un panteón sangrante en un arco que va desde el nacimiento del vate Leopoldo (1874) hasta la desaparición y asesinato de la sacerdotisa cultural y militante montonera Pirí (1978). En poco más de un siglo, entre ellos se hacen pases de magia históricos que también involucran a Polo –Leopoldo (h)–, el torturador de la Patria, y al bohemio setentista Alejandro, hijo de Pirí, bisnieto del fundador de la saga trágica y suicidado como él.

Todo comienza en Villa de María del Río Seco, Córdoba, a 26 kilómetros de la frontera con Santiago del Estero. Allí asoma el poeta nacional el 13 de junio de 1874. Allí su madre le enseñó lo que ya nadie sabe, el Himno Nacional Argentino completo y de memoria, y le inculcó acerados y murmurantes rezos catequistas. A él le quedaron retumbando palabras y palabras. Palabras para escribir, para aprender, para retorcer ideologías, para hacerse lisonjear de chico, para que la capital cordobesa no le alcanzara, pasados los veinte años, tras publicar poemas en los diarios locales, encabezar huelgas estudiantiles, fundar el primer centro socialista con tonada y espantar a los curas con fintas libertarias.

Llegó a Buenos Aires en 1896 recomendado para el periódico El Tribuno por su amigo Carlos Romagosa, que le pedía al director, Mariano de Vedia, que no se asustara por la pose insurrecta del muchacho: se trata de un “cóndor joven”, lo que quiere es triunfar, ya se le desteñirá esa pátina rojilla.

LOS PRIMEROS PASOS

Tenía razón el amigo. Leopoldo venía de una familia de hidalgos empobrecidos, a la nobleza del antiguo patronímico –una ascendencia criolla que se remontaba al Perú del siglo XVI– había que recolocarla. Él se dedicó a hacerlo desde el tenso sitial del acomplejado, del pariente pobre y de provincia. Por eso, en esta primera etapa, lo vistió bien la rebeldía socialista, que le permitía la altivez en lugar de la prosternación ante la clase alta porteña que lo embobaba o ante los prometedores intelectuales jóvenes: José Ingenieros, Roberto J. Payró, Manuel Ugarte, Alberto Gerchunoff, Ernesto de la Cárcova, que serían sus amigos finiseculares. Pero mojó la pluma con tinta de oro, afiló el lápiz con espada triunfal, y en el diario El Tiempo Rubén Darío saludó su poesía con altisonante adjetivación modernista. Y el tal Lu gones empezó a sonar en la vocinglería porteña. Él levantó su apuesta revolucionaria al fundar con Ingenieros el periódico La Montaña, como tratando de correrse hacia la izquierda de su izquierda, para pedirle al pueblo que odie (“¡Odiad, Pueblo!”) más a sus explotadores hasta que “todos los medios de producción estén socializados”. En la plaza Herrera del barrio de la Boca, bastión socialista, sus discursos arrebataban. Omnívoro, el muchacho se había dado una vuelta por Córdoba para casarse con su novia, Juana Luján González, sólo por civil, para terror de las sotanas. Y se empeñaba, escribía, publicaba, estudiaba: idiomas, botánica, filosofía, álgebra, teosofía. Multilingüe esotérico, bien trajeado, verboso, plástico en el florete y estatuario en los salones, ya asaltaría la ciudadela, porque más allá del lenguaje, en un borbotón del alma, yacía aquel espíritu de conquista del que no quiere revivir ningún acumulado sentimiento de humillación: esas pensiones sombrías, esas casas de alquiler, esas ganas de decir “usted no sabe quién soy (seré) yo”.

(sigue en la edición impresa)

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