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La Revista

LA ENTREVISTA-NORBERTO GALASSO

Norberto Galasso es un historiador y ensayista incansable. San Martín es una de sus grandes obsesiones y las conclusiones a las que llegó se revelan ante la historiografía tradicional. El político, el revolucionario y el ser humano le ganan al Santo de la Espada.

Por Sin Firma
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La entrevista

Transita sus 81 años sin grandilocuencias. Tratando de eludir los caprichos del almanaque y los achaques del tiempo, pero sobre todo fiel a las mismas obsesiones de siempre: investigar el pasado, liberarlo de manipulaciones históricas y desde ahí dejar su testimonio para repensar nuestro presente y futuro. No son buenos tiempos para andar revisando verdades impuestas. Las grandes agendas mediáticas repiten y amplifican sus intereses día tras día. Pero Norberto Galasso insiste y resiste. Aunque los vientos políticos que cruzan la Argentina lo preocupen y la experiencia le diga que la lucha es cruel y es mucha.

El universo de investigaciones de Galasso incluye publicaciones sobre Mariano Moreno, Enrique Santos Discépolo, Raúl Scalabrini Ortiz, Atahualpa Yupanqui, Mariano Moreno, Juan Domingo Perón y Eva Perón, entre muchos otros. La vida y obra de nuestro prócer más icónico no le podía resultar ajena. Seamos libres y lo demás no importa nada. Vida de San Martín es un libro y un retrato que se propone dar por tierra con el Santo de la Espada construido por la historiografía liberal y echar luz sobre un San Martín más político, humano y revolucionario.

–San Martín era un militar de carrera, pero con una fuerte mirada ideológica y política.

–Exacto. A los 12 años entró como cadete en el regimiento de Murcia, donde cumplió funciones hasta 1811. Por entonces ya tenía más de 30 años y una gran experiencia en lucha terrestre y alguna en marítima. Si su verdadera voluntad hubiera sido hacer una carrera militar lo más lógico habría sido que se quedara en España luchando contra la invasión francesa, para así alcanzar un grado mayor. En caso de que esto no hubiera sido posible por cierta discriminación que sufrían en España los nacidos en América, lo más razonable habría sido que se trasladara a Lima, donde todavía el virrey manejaba la región. Luchar para los españoles parecía la oferta laboral más razonable. Sin embargo, San Martín decidió venir a Buenos Aires y juntó a varios militares de origen español porque quería otro destino para Latinoamérica. Esos hombres estaban fuertemente influidos por la Revolución Francesa y las ideas de libertad, igualdad y fraternidad. No olvidemos que en España se había producido una revolución en 1808 contra la monarquía. El San Martín que llega al Río de la Plata era partidario de lo que él llamaba “el Evangelio de los Derechos del Hombre”. Era mucho más que un militar obsesionado con las armas y la guerra.

–Mucho se habló de la participación de San Martín en logias. Incluso algunos dicen que era masón. ¿Qué tanto hay de cierto y qué naturaleza tenían esas logias?

–No me animaría a decir si San Martín fue masón o no. Pero sí hay que poner las cosas en contexto. En aquel entonces no existían los partidos políticos. Eran espacios de acuerdo político que tendían a tener naturalezas antirreligiosas. Por eso asumían un carácter secreto. La Logia de los Caballeros Racionales lo expresa hasta en su nombre. Descreían de todo pensamiento mágico y eso los ponía del otro lado de la Iglesia. Cuando San Martín llega a Buenos Aires creó la Logia Lautaro con ese espíritu nacional y conspirativo. Su nombre favoreció algunos equívocos. Muchos lo relacionan con el caudillo mapuche que enfrentó a los españoles. Pero todo parece indicar que San Martín conocería más tarde la historia de ese Lautaro.

–¿Cómo fue la relación de San Martín con los pueblos originarios?

–Antes de cruzar la cordillera, por ejemplo, le hizo una visita a la comunidad de los pehuenches en el sur de Mendoza para decirles que su ejército iba a liberarlos de la tiranía de España. Esto más tarde (Bartolomé) Mitre lo toma en su beneficio y dice que fue una táctica porque San Martín sabía que los pehuenches eran traidores como todos los indios. Pero San Martín en reiteradas ocasiones se expresó atento y solidario con los pueblos originarios. En una proclama alguna vez dijo: “Andaremos en pelota, como nuestros paisanos los indios”, por ejemplo. Como protector del Perú impulsó la creación de una armada peruana donde la disposición dice que la mayor parte de los integrantes deben ser peruanos nativos y prohibió la exportación de todo elemento que tuviera que ver con la cultura incaica. Pero más determinante todavía fue que declaró la libertad de los esclavos y les dio plenos derechos.

–¿Cuál es su postura ante la aparición del Plan Maitland y las acusaciones de que San Martín pudo haber sido un agente inglés?

–Ese documento lo encontró Rodolfo Terragno mientras estaba exiliado en Londres, durante la última dictadura. El Plan Maitland era un proyecto diseñado para apropiarse de gran parte de América del Sur. Incluía llegar por mar a Buenos Aires, cruzar el territorio y combinar la acción de barcos ingleses, que vendrían por el Pacífico, con el cruce de la cordillera por tierra, tomar Chile y más. Pero esto de Terragno no fue tan nuevo. Ricardo Piccirilli, un historiador bastante importante aunque no muy conocido, ya había dado a conocer un plan similar impulsado en 1796 por un tal Nicholas Vansittart. De ahí que algunos quisieron ver a San Martín como un agente inglés. Lo cual es un disparate. San Martín pasó por Inglaterra para contactar a las logias americanas que conspiraban para la independencia y es muy probable que haya tenido acceso a esa información. Pero no caben dudas de en favor de quién hizo uso de tal. Su toma de posición durante el conflicto que desembocó en la Batalla de la Vuelta de Obligado fue claramente nacional y antibritánica.

–San Martín fue un militar de gran disciplina, pero no adscribía a lo que hoy se entiende por obediencia debida.

–Claro. Después de Chile, Buenos Aires le pide que vuelva porque el Directorio teme la invasión artiguista. Pero él tiene claro que no quiere enfrascarse en luchas internas y que el verdadero objetivo es la liberación de toda Latinoamérica. Su proyecto era de una mirada muy amplia. Tenía uno de los pensamientos políticos más avanzados de la época. Incluso en 1812, cuando ve junto con Alvear que la Revolución de Mayo se está deformando con el Primer Triunvirato y la influencia de los comerciantes porteños, impulsa una insurrección de sus tropas y exige una votación para retomar un verdadero camino de libertad. Hizo valer su fuerza, pero nunca impuso un régimen militar.

–Se habla mucho de su relación con Bolívar. ¿Era tan conflictiva como dicen algunos?

–Tenían diferencias. Pero para nada era una relación antagónica. San Martín consideraba que debían unir su ejército y el de Bolívar para extender la revolución. Por eso se ofreció a acompañarlo como su segundo. Pero Bolívar, con buen criterio político, le dijo que no podía ser su segundo un hombre de tal gloria y prestigio. Entonces San Martín posterga cualquier lucimiento personal, le deja su ejército y da por terminada su tarea. Él quiso quedarse a vivir como un chacarero en Mendoza. Pero la elite política de Buenos Aires encabezada por Rivadavia lo persigue, le dicen que no pueden garantizar su seguridad y él decide marchar al exilio con su hija. En su casa de Francia tenía tres retratos del libertador venezolano y es muy reconocido su gesto para con Rosas en momentos de agresión externa. También ofreció sus servicios a Dorrego cuando se desencadenó la guerra con Brasil. San Martín intentó volver en 1829. Pero el fusilamiento de Dorrego le confirmó que no había posibilidades.

–¿En qué momento el liberalismo conservador decidió apropiarse de San Martín?

–Yo creo que Mitre fue el primero. Como todo representante de la clase dominante, trata de imponer sus ideas al resto de la sociedad. Primero había elegido la figura de Belgrano. Pero yo pienso que Mitre se dio cuenta de que no le daba para ser el gran padre de la patria por sus derrotas militares. Entonces Mitre comenzó a gestar la idea del San Martín que tiene la gran generosidad de liberar Chile y Perú.

Pero plantea que lo hizo para que sean países independientes y posterga la visión latinoamericanista de San Martín. Un hecho que confirma la relación por lo menos ambigua de Mitre con San Martín es que siendo presidente en 1862 no repatrió sus restos. Yo creo que los unitarios decidieron apropiarse de San Martín porque no tenían una figura de una dimensión ni siquiera similar.

–¿Al país le habría ido mejor si San Martín hubiese sido presidente o disputado el poder?

–Quizá sí. En lo social y económico tenía ideas nacionales y populares, antagónicas a las de Rivadavia. Pero también sabía que resolver las divisiones internas costaría mucha sangre. Y no quiso hacerlo. No estaba dispuesto a transformarse en algo parecido a un dictador.

 

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