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La Revista

LA ENTREVISTA-María Pia López

La socióloga y ensayista María Pia López investigó la obra y el pensamiento de Leopoldo Lugones y los retrató en su libro Lugones: entre la aventura y la Cruzada. Constantes y giros inesperados en una vida intensa, comprometida con sus ideas y de un final abrupto.

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CyC Febrero La entrevista

Por Pablo Galand. María Pia López es la autora del libro Lugones: entre la aventura y la Cruzada. A partir de un trabajo de compilación de textos políticos del poeta y escritor argentino, López sintió una gran atracción por su obra, fundamentalmente en la necesidad de encontrarles una explicación a sus vaivenes ideológicos. También encontró como elemento a investigar en su obra la construcción argumentativa que empleaba a partir de posiciones muy radicales. Es así que López llegó a la conclusión de que, más allá de sus giros ideológicos, en Lugones hay ideas núcleo que siempre estuvieron presentes en su obra y que tienen que ver con la búsqueda del orden como elemento clave para la organización de la sociedad. Un orden que sólo podía ser impuesto por la oligarquía y que el pueblo debía aceptar sin cuestionamientos.

–La visión general con respecto al pensamiento de Lugones es que hubo un giro de izquierda a derecha. Sin embargo, usted en realidad observa una continuidad en esa producción intelectual.

–Sí, hay dos cosas. Por un lado, está esa idea de que Lugones va desde una izquierda anarco-socialista hasta posiciones muy cercanas al fascismo. Pero fundamentalmente existe una persistencia de ciertos núcleos ideológicos. Por ejemplo, mantuvo siempre una lectura elitista-aristocratista, y desde esa visión siempre está presente la idea de orden. Eso se encuentra en el primer y en el último Lugones. Algo que me interesó especialmente es el tipo de lectura que hace de Nietzsche. Era un momento en que mientras muchos estaban leyendo a Nietzsche en un sentido más libertario o subversivo, como eran los casos de Deodoro Roca o José Carlos Mariátegui en Perú, Lugones lo lee como alguien que justifica al hombre superior. Y el hombre superior entendido como alguien que pertenecía a una elite. Ese aristocratismo de Lugones persiste en todo su trayecto.

–En el primer Lugones, vinculado fundamentalmente a su obra poética, ¿ya se vislumbraba algo de su pensamiento ideológico posterior?

–En Lugones hay siempre un engarce entre su momento poético y su concepción político-ideológica. Por ejemplo, su primer poemario es Las montañas del oro, y con diferencia de dos años edita La Montaña, que era la revista socialista, tras la ruptura con Juan B. Justo. Ahí tenemos ya un tópico: la montaña. Eso lo señala muy bien David Viñas en la crítica que le hace a Lugones. La montaña es el lugar desde donde se puede dar órdenes o escuchar a los dioses y a la vez estar por encima de los humanos. En ese Lugones hay una idea de heroísmo muy fuerte. Y ese es otro de los núcleos de continuidad en su obra. La figura del héroe la utiliza cuando hace biografías de Sarmiento y de Roca. Sucede lo mismo cuando piensa al Martín Fierro. Cree en el héroe como contraposición de lo plebeyo. Ahí también empieza a jugar lo elitista. Es permanente en Lugones esa ruptura de las condiciones de la igualdad democrática.

–Usted también plantea que Lugones quiso ser Sarmiento. ¿Eso es por la intención de ser intelectual y a la vez actor político o como un continuador de su ideología?

–Las dos cosas, me parece. Sarmiento es el triunfo de un modelo intelectual. Es el intelectual que llega a ser presidente. Y al mismo tiempo es fundador de la ensayística argentina. A Lugones le gusta ese modelo de un intelectual que además de escribir es un hombre de mando, de acción. Me parece que ese es un plano de esa relación con Sarmiento. Pero después hay otro que aparece en la biografía que hace de Sarmiento y que tiene que ver con la relación de un tipo de aventura escrituraria. Sarmiento es un gran innovador en la lengua argentina. Y Lugones también lo es. Siempre está buscando un modo expresivo propio y muy extraño. En 1905 escribe La guerra gaucha y seis años después, Historia sobre Sarmiento. Son libros de una difícil lectura. Lugones pretende escribir con todo el castellano. Y es una escritura imposible porque el castellano tiene una infinidad de palabras que no usamos. Pero Lugones pretende usarlas todas. Usa palabras antiguas, regionales. Es un libro que derrocha el juego de la lengua, pensando que la lengua es algo que podemos disponer de ese modo. El modernismo de Lugones es el derroche, y en ese derroche encuentra a Sarmiento. No porque Sarmiento escribiera raro, sino porque también actúa como ese provinciano que cuando llega al conocimiento quiere mostrarlo. En Lugones pasa algo similar.

–En un momento de su obra, Lugones toma al Martín Fierro. ¿Reconstruye su figura para oponerlo a las corrientes inmigratorias que estaban llegando al país?

–Sí, en realidad cumple una doble función. En 1910 da una serie de conferencias sobre el Martín Fierro, que las editará tres años después bajo el título El payador. Lugones piensa el Martín Fierro como una narración sobre el origen de la nación. Entiende que José Hernández había dado cuenta con ese poema del gaucho como la figura arquetípica sobre cuya sangre se fundó la nación. Pero dice algo más complejo. Sostiene que el gaucho fue el mestizo, que es ahí donde se fundó la Argentina. Pero al mismo tiempo dice que el gaucho es la víctima sacrificial porque en realidad muere en las guerras, en las fronteras, contra el indio y en la de Paraguay. Ese gaucho es la víctima sacrificial, y Lugones dice “para bien del país”. No hay denuncia en su visión. Entiende que el gaucho es el adobe sobre el que se funda la nación. Esa es una primera función que cumple el Martín Fierro de Lugones. Si el Martín Fierro era la voz de la denuncia de los gauchos explotados y sacrificados de la Argentina, Lugones borra eso para hablar de gaucho como mito patriótico. Y acá entra a tallar la segunda función que cumple el Martín Fierro de Lugones. Al convertirlo en mito patriótico, está diciendo que la nación les pertenece a los que están desde antes. La patria son esos, no los que recién llegaron. Es decir, los inmigrantes. De hecho, en el prólogo de El payador dice: “Dimos esas conferencias mientras la chusma vociferaba en el zaguán”. Esa chusma es el cocoliche, la lengua migratoria. Ese no era todavía el Lugones de derecha. Sin embargo, su conservadurismo cultural y político es extraordinario. En los textos de Lugones aparece siempre el miedo a aquello que no puede ser encauzado. Y la inmigración representa uno de esos temores. Pero también le preocupa la multiplicidad lingüística que trae la inmigración.

–¿La reivindicación que hace de la figura de Roca obedece también a esa imagen de héroe que pretende construir?

–De Roca tenemos siempre la imagen, muy real por cierto, que surge tras la campaña contra el indio. Pero durante su gobierno se da un fenómeno bastante particular. Su gabinete está constituido por algunos ministros progresistas, como Joaquín V. González y Eduardo Wilde, que van hacia la fundación de un Estado laico con reformas sociales. El roquismo lo contrata a Lugones para hacer un relevamiento del estado de las misiones jesuíticas. Lo hace junto a Horacio Quiroga. Tiene una cercanía asalariada con el gobierno de Roca. Está entusiasmado, de algún modo, por esta ala reformista-progresista del gobierno de Roca. Digo esto porque su identificación con el gobierno de Roca tampoco es tan plena. Su libro sobre Roca queda inconcluso, se suicida sin haberlo terminado. Las últimas palabras del libro son “Basta, no puedo más”. Ese “no puedo más”, ¿qué está significando? ¿No puedo más elogiar a Roca? ¿No puedo más con mi vida? Porque además es un libro encargado por una comisión de homenaje.

–Aquel famoso discurso sobre la hora de la espada lo pronuncia seis años antes del golpe. ¿Se estaba adelantando a lo que ocurriría después?

–Hay una cuestión de contexto que me parece interesante. En 1924 se da la marcha sobre Roma, que marca la llegada al poder de Benito Mussolini. En sus artículos periodísticos de la época, Lugones plantea que el mundo va a tener que elegir entre Roma y Moscú. Entiende que ya no hay horizonte para las democracias liberales. Lo que va a pasar es revolución socialista o contrarrevolución fascista. No hay otra opción. Me parece que su discurso no es tanto contra el radicalismo gobernante, sino también con lo que ve, que es un horizonte político muy permeable a otro tipo de regímenes. Lugones dice “para el bien de los pueblos”, no está hablando sólo de la Argentina. Está planteando algo mucho más general de lo que nos compete a nosotros. En todo caso, está diciendo: “Apuraremos para que la Argentina sea parte de esa hora de la espada”. Sí lo nacionaliza mucho cuando afirma: “Lo digo esto frente a la mejor espada del Ejército argentino”, que es precisamente Agustín P. Justo.

–¿Su suicidio obedece a cuestiones personales o también a la frustración de esa Argentina que soñaba y no fue?

–Creo que hay de las dos cosas. Hay una explicación bastante coyuntural y conocida que tiene que ver con que es obligado a romper un vínculo amoroso con una joven con la que estaba saliendo, por presión del hijo. Pero, por otro lado, la fecha es estrictamente política. Lugones se suicida en el momento en que Uriburu deja la presidencia. Testigos contemporáneos suyos cuentan que estaba muy asustado por el tipo de represalias que podía sufrir por haber apoyado el golpe de Uriburu. Hay por lo tanto circunstancias personales que muestran un hombre solitario, desolado y muy asustado. Y, al mismo tiempo, está viviendo la coronación de un fracaso. Se jugó todo a una carta política que tenía que ver con que el golpe diera lugar a un Estado corporativo, a un cambio de régimen. Pero con lo que se encuentra en ese febrero de 1938 es con el inicio hacia unas formas republicanas, aunque sean muy cuestionables. Ese liberalismo que combatió por izquierda y por derecha termina volviendo de la mano de la mejor espada del Ejército argentino. Es un momento muy trágico. Creo que se agota ahí la hipótesis refundacionista de Lugones. Y desde ahí también se puede explicar su suicidio

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