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La Revista

En la línea de Moreno

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Por Felipe Pigna. Director General. Hablar de Rodolfo Walsh a cuarenta años de su desaparición se hace hoy muy necesario. En medio de una profunda crisis del periodismo tradicional, los llamados grandes medios se han convertido en fines en sí mismos y han ido surgiendo nuevas formas de comunicación alternativa, defensoras de los intereses populares, que recuerdan a las implementadas por Walsh en plena dictadura. Vivimos en un contexto informativo de disputas adornadas de palabras que ocultan el desprecio por el lector, en el que las empresas periodísticas ven casi exclusivamente a un consumidor y a un ser pasible de ser operado mediáticamente en favor de los intereses de los grupos más poderosos, de los que ya no son voceros sino socios. El bastardeo de la palabra “polémica” es cotidiano, se nos habla de la diferencia entre credibilidad y verdad y, últimamente, del sinceramiento bautizado como posverdad, hijo de la “noticia deseada” definida por Umberto Eco hace décadas. Esto es, no importa la veracidad de una información, aunque sea una absoluta mentira, una calumnia, sino la voluntad del medio de emitirla y del receptor de creerla porque corresponde a su universo de ideas, a su afinidad ideológica y, últimamente, a su arsenal de odios cultivados con transgénicos muy tóxicos provistos por estas corporaciones. La cadena de este tipo de operaciones se completa con los comentarios de algunos lectores. En estas “piezas literarias”, los medios de la derecha se solazan, dejando que lo más cloacal e irracional del ser humano emerja a la superficie con amenazas de muerte, deseos de desgracias y que el más añejo clasismo y el nunca ausente racismo vuelvan reciclados. Eso no es periodismo. Parafraseando a uno de nuestros entrevistados podríamos calificarlo como “peordismo”. En este número de Caras y Caretas nos proponemos rescatar la vida y la obra de uno de los más notables escritores y periodistas argentinos. Rodolfo fue ante todo un apasionado lector, un atento observador de una realidad que argentinamente superaba a la ficción. Por eso a él no le pasó inadvertida, en medio de la concentración que requiere el ajedrez, la frase “hay un fusilado que vive”. No hacía falta que le dijeran a qué fusilamientos había sobrevivido el hombre, pero necesitaba conocerlo, encontrarlo y comenzar a tirar de esa madeja. Se llamaba Carlos Livraga y él necesitaba encontrar a Rodolfo. Así comenzó a existir Operación Masacre y un género, la nonfiction novel o novela testimonio, cuya paternidad se le atribuye injustamente a Truman Capote con su A sangre fría, publicada en 1966, casi diez años después que el libro de Walsh, de 1957. Rodolfo volvió a encontrar a algunos de los personajes involucrados en la masacre en su investigación sobre el caso del asesinato de Marcos Satanowsky, que apareció muerto en su estudio el 13 de junio de 1957. La víctima era un destacado abogado de empresas; integrante de la Comisión Directiva de la Sociedad Rural, profesor titular de la Facultad de Derecho de la UBA y autor de un conocido Tratado de Derecho Comercial. Rodolfo pudo establecer que el asesinato fue cometido por sicarios del increíble general Quaranta, el mismo de los fusilamientos del 56, y que el crimen estaba vinculado con un negociado de la “Libertadora” para quedarse con la tenencia de las acciones del intervenido diario La Razón. Unos años después Rodolfo viajará a Cuba y fundará junto a Gabriel García Márquez y Rogelio García Lupo la agencia Prensa Latina. Será el promotor y editor del notable periódico CGT, vocero de la combativa CGT de los Argentinos, redactor del diario Noticias, en el que escribirá su más célebre tapa. Rodolfo unió su labor con la militancia hasta sus últimos días luchando contra la censura y el blindaje informativo del que era beneficiario el régimen cívico-militar. Seguía las huellas de Mariano Moreno, que escribía en La Gaceta de Buenos Aires el 21 de junio de 1810: “La verdad, como la virtud, tienen en sí mismas su más incontestable apología; a fuerza de discutirlas y ventilarlas aparecen en todo su esplendor y brillo: si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia; y el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento, harán la divisa de los pueblos, y causarán para siempre su abatimiento, su ruina y su miseria”.

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