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La Revista

EL ROCK DE LA MEMORIA

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Por María Seoane. Directora de Contenidos Editoriales

Cuando la noche del inolvidable 10 de mayo de 2017escuchamos y vimos al querido León Gieco acomodarsu armónica y su guitarra en el subsuelo oscurode una playa de estacionamiento debajo de Plaza delCongreso, junto con Raúl Porchetto, supimos que esageneración protagonista de los 60 y 70 del siglo XXresiste con su música más identitaria el aluvión deltiempo: es más, es la esencia misma del tiempo hecholeyenda y le pone letra y música a la rebelión de unpueblo que ese día se había lanzado a la calle en milesy miles para decir no a la impunidad. Ahí estaba el Leónrugiendo “La memoria” y “Bajaste del norte”, ahí estabadedicándoles esas canciones a las Madres y Abuelasde Plaza de Mayo, sobrevolando las quince cuadrasque lo separaban del escenario en la Plaza de Mayo–donde no había podido llegar porque le fue imposibleatravesar una multitud impenetrable de cuerpo contracuerpo– y diciendo: “Los viejos amores que no están/la ilusión de los que perdieron/ todo está guardado enla memoria”. Hoy, que los Stones vuelven a estar entrenosotros, es imposible no homenajearlos con esa imagende León en la catacumba de un estacionamientopara cantar contra lo que ellos mismos, como explicóMickJagger, tocaron en “Undercover of theNight”:“Es una muy buena canción política sudamericana.Como un tema argentino, sobre ese famoso períododonde –no sólo en la Argentina sino también en Chiley en Brasil– la gente simplemente desaparecía. Y nadiehablaba de eso ni se hacía nada al respecto, hasta quelas Madres comenzaron a marchar. Fue la época de lasdictaduras sudamericanas que prácticamente terminarondespués de la guerra de Malvinas, cuando echarona todos los generales. Pero de la gente que desapareció,mucha información nunca se supo y la gentenunca supo qué pasó, salvo que desaparecieron enplena noche”. Y sin embargo, todo está guardado en lamemoria como una “espina de la vida y de la historia”.Imposible no recordar que esa generación que parióel rock nacional en estas tierras supo, muy temprano,que en las catacumbas o en las plazas, en los bares o enlas casas, los contorneos despeinados de Elvis Presleyanunciaban el inicio de la década más luminosa del sigloXX; el comienzo de una batahola cultural imparablea guitarra y batería. Que su nombre era libertad. Sunombre era rebelión. Sus letras y notas pertenecíana los jóvenes en cualquier rincón del vasto mundo, yllegaban desde las contorsiones de Elvis en Memphis,desde la temprana modernidad de los Beatles en Liverpooly el grito potente y enorme de Freddy Mercurycon su “BohemianRhapsody” ya entrados los 70. Esemovimiento perpetuo fue como es y será por toda laeternidad The Wall, de Pink Floyd, el mayor himno contrael despotismo, el autoritarismo y la locura dictatorialde todos los tiempos. Lo intuyó esa generación enestas tierras que ya en los años 60 se llenó de erotismocon Sandro y Los de Fuego y que conquistó la libertadcon “La balsa”, de LittoNebbia y Tanguito: todas ytodos nos fuimos a navegar desde La Perla del Once aun país que pujaba –allá por el 67– en plena dictaduramilitar por encontrar la rebelión en cada corchea. Tienerazón Teresa Parodi cuando definió que “esa musiquita”de su canción sólo puede ser la música del pueblo.Porque eso es el rock nacional: sus dientes, sus lágrimas,sus amores, sus penas, sus rebeliones y sus memorias.Siempre es un himno trashumante tarareado por milesde gargantas, y también el conjuro contra el dolor y lamuerte. Así lo supieron los chicos de la Noche de losLápices secuestrados y torturados por la dictadura en1976 cuando en el Pozo de Banfield cantaban “Rasguñalas piedras”, del gran Charly García en Sui Géneris,para darse ánimo, para sentir que a pesar de todo eranlibres porque tenían el rock que compartían y los unía.Porque estaban seguros de que afuera los suyos losbuscaban desesperadamente. Y les suplicaban: “Detrásde las paredes que ayer se han levantado/ te ruego querespires todavía/ apoyo mis espaldas y espero que meabraces/ atravesando el muro de mis días/ y rasguña laspiedras/ y rasguña las piedras hasta mí”.

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