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La Revista

EL PLAN CONTINENTAL

La campaña del Libertador siguió los pasos que doce años antes había diseñado el general británico Thomas Maitland con la idea de tomar las posesiones españolas en América. Por Rodolfo Terragno

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Terragno

Fue resultado de “la suerte venturosa”. En 1983 descubrí el Plan Maitland mientras revisaba en Edimburgo cartas y documentos de oficiales escoceses. Buscaba evidencias de probables contactos de San Martín con militares británicos que habían participado, como él mismo, en la Guerra de la Independencia española. Un día hallé, en el inventario de los papeles del clan Maitland, este título: “Plan para capturar Buenos Aires y Chile y luego ‘emancipar’ Perú y México”. La mención de México, descubrí más tarde, era un error: el objetivo del plan era la emancipación de Perú y Quito (el actual Ecuador). Comencé entonces una pesquisa que produjo una revelación sorprendente: a fines del siglo XVIII, cuando el poder colonial de España aún estaba intacto, el general Thomas Maitland previó que el dominio español en Sudamérica llegaría a su fin cuando Perú fuera independiente. Su profecía comenzó a cumplirse 21 años más tarde, cuando San Martín entró en Lima, proclamó la independencia de Perú y se convirtió en su primer gobernante.

El Plan Maitland pertenece a la época en la cual Gran Bretaña y España eran enemigas. Escrito en 1799, fue presentado al gobierno de William Pitt el Joven en 1800. Una síntesis:

  1. Ganar el control de Buenos Aires. “He concebido un ataque sobre Buenos Aires”, para lo cual “harían falta 4.000 soldados de infantería y 1.500 de caballería, con una proporción de artillería”.
  2. Tomar posiciones en Mendoza. “Una vez capturada Buenos Aires [el] objeto debería ser enviar a un cuerpo a tomar posiciones al pie de la falda oriental de los Andes, “para cuyo propósito la ciudad de Mendoza es indudablemente la más indicada”.
  3. Coordinar acciones con un ejército en Chile. Este otro ejército –de 3.000 soldados de infantería y 400 de caballería “con una proporción de artillería”– vendría parte de Gran Bretaña y parte de la India. El objetivo es “indudablemente Chile”.
  4. Cruzar los Andes. El cruce de los Andes desde Mendoza hacia Chile es dificultoso pero es imposible que “nuestros soldados” no puedan transitar una ruta que “desde hace tiempo” se ha usado “para importar negros a Chile”.
  5. Derrotar a los españoles y controlar Chile. El objetivo es “destituir” al gobierno colonial y hacer de Chile el punto desde el cual “dirigir nuestros esfuerzos” contra el poder español.
  6. Continuar por mar a Perú. “El Perú quedaría inmediatamente expuesto” a que se lo capturase y “últimamente podríamos extender nuestra operación hasta desmantelar todo el sistema colonial, aun por la fuerza si resultare necesario”.

LA CAMPAÑA SANMARTINIANA

En 1812, San Martín inició, recién llegado de Londres, su histórica campaña. Coincidencia o no, esa campaña seguiría los pasos sugeridos doce años antes por Maitland.

  1. Ganó el control de Buenos Aires. San Martín no tuvo que atacar la ciudad. Cuando llegó, Buenos Aires ya tenía gobierno propio. La independencia aún no había sido proclamada, pero la colonia ya era, de hecho, autónoma. Pronto las autoridades criollas crearon para él un ejército.
  2. Tomó posiciones en Mendoza. Después de librar el combate de San Lorenzo y reorganizar el Ejército del Norte, San Martín pidió que se creara la provincia de Cuyo, con capital en Mendoza, y se lo nombrara gobernador. Cuando asumió el cargo se dedicó casi exclusivamente a preparar el ejército que cruzaría los Andes.
  3. Coordinó acciones con el ejército patriota de Chile. Los chilenos se habían independizado en 1810, pero luego la Corona había recuperado el territorio. Bernardo O’Higgins, que conservaba ascendiente militar en Chile, se asoció con San Martín y cumplió un papel decisivo al otro lado de la cordillera.
  4. Cruzó los Andes. Maitland había sugerido que antes del cruce se procurase “un perfecto entendimiento con los indios”, cosa que San Martín logró con los toquis y los pehuenches. El cruce de la cordillera fue más difícil de lo imaginado. El Ejército de los Andes demoró casi un mes en atravesar esas montañas, que figuran entre las más altas del mundo. Muchos soldados y gran cantidad de mulas y caballos murieron durante la operación.
  5. Derrotó a los españoles y tomó control de Chile. San Martín derrotó al ejército realista en la batalla de Chacabuco y entró en Santiago. Faltaba aun la batalla de Maipú, que les permitiría a San Martín y O’Higgins tomar el control militar de todo el país. San Martín dedicó entonces sus energías a preparar su expedición marítima a Perú.
  6. Continuó por mar a Perú. Compró barcos ingleses y reclutó a marinos británicos. La expedición amarró a 250 kilómetros de Lima, y San Martín inició su marcha hacia la capital. Como Maitland, San Martín quería “un triunfo pacífico, fruto de la irresistible necesidad”. Insubordinó poblaciones civiles, sitió Lima y finalmente tomó la ciudad sin haber disparado ni un solo tiro.
  7. Emancipó al Perú. Proclamó la independencia peruana pero, al igual que Maitland, creía que aún faltaba un paso: tomar el control de Ecuador. No obstante, la contrarrevolución realista se hizo fuerte en las montañas peruanas y San Martín, sin recursos militares suficientes, se dirigió a Guayaquil, buscando que Simón Bolívar le cediera al Perú territorios ecuatorianos y fuerzas para aplastar la contrarrevolución en Perú. Bolívar no estaba dispuesto a lo primero, y dejó en claro que sería él quien liderase la ofensiva final en territorio peruano.

LA RELACIÓN CON LOS BRITÁNICOS

Acusar a San Martín de “agente inglés” es ignorar la historia española. En 1804, cuando Napoleón invadió la Península, Gran Bretaña se alió con su antigua enemiga. O con la España de la Resistencia, políticamente liberal, cuyo centro era Cádiz. San Martín integraba ese sector y revistaba en las tropas angloespañolas. José Napoleón había sido erigido rey de España e Indias por su hermano, y los aliados temían que el emperador extendiera sus dominios a las colonias españolas en América. Fue por eso que la alianza hispano-británica decidió que San Martín y otros militares “españoles nacidos en América” volvieran a sus países natales a cooperar en el rechazo de posibles invasores. Pero expulsado Napoleón de la Península, Fernando VII regresaría como rey “por gracia divina”, reimplantando la Inquisición y persiguiendo a los hombres de aquella España liberal a la cual había pertenecido San Martín. Y en América, los virreyes representaban eso: el absolutismo. Un historiador español, el marqués de Lozoya, dice que “la guerra de la independencia americana no fue sino una guerra civil entre americanos partidarios de la antigua monarquía y americanos que aspiraban a un régimen democrático”.

El Plan Maitland es expresión de una genialidad militar, pero una cosa es dibujar un plan en un mapa y otra llevarlo a la práctica. Sobre todo si se trata de una epopeya como la sanmartiniana, que el historiador inglés James Metford comparó con el cruce de los Alpes por Aníbal.

San Martín venció enormes dificultades. No contó con un ejército de 8.900 hombres, sino sólo con 3.700 voluntarios. No eran soldados entrenados en academias europeas, sino entusiastas criollos. San Martín no tenía, además, reserva alguna a la que recurrir en caso de necesitar refuerzos. No tenía, claro está, los recursos de una potencia como Gran Bretaña. Condujo un ejército de 3.000 infantes, 700 hombres montados y 21 cañones a través de los pasajes nevados de los Andes, a alturas que van de 3.000 a 5.000 metros. Al otro lado no había una poderosa escuadra naval esperando para entrar en batalla. Según Maitland, no se podía vencer a los españoles en Chile si no se los atacaba “de ambos lados”; San Martín debió hacerlo de uno solo. No pudo emplear el factor sorpresa. Lo que Maitland imaginó como una serie de golpes rápidos y decisivos, a cargo de su país, dueño de los mares y con una incomparable experiencia militar, fue la tarea paciente de un puñado de criollos. No tenía, tampoco, barcos listos para transportar su ejército a Perú. San Martín no cumplió sólo una proeza militar. Presionó por la independencia del Río de la Plata, contribuyó a la de Chile, proclamó la de Perú y gobernó ese país. Cumplió propósitos políticos y militares, llevándolos a cabo al mismo tiempo. Maitland fue un militar visionario. San Martín, un héroe y un líder con un claro proyecto político.

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