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La Revista

El legado de la hora de la espada

El autoritarismo de la Argentina moderna, cuya fecha de nacimiento puede anotarse el 6 de septiembre de 1930 cuando el golpe de Uriburu, se recicló a lo largo del siglo XX y aún hoy encuentra nuevas formas y discursos.

 

Por Germán Ferrari
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La fotografía trucada no necesita ninguna explicación. Cristina Fernández se cobija en su esposo, Néstor Kirchner, que le brinda consuelo. Los ojos de ambos están a punto de estallar en llanto. Unas rejas carcelarias atraviesan sus figuras… El montaje lleva un título provocador: “Golpe de Estado derrocó al gobierno argentino”. Y debajo se transcribe la proclama del 6 de septiembre de 1930, que sintetiza el pensamiento del general José Félix Uriburu y sus seguidores. Este enlace macabro entre el pasado y el presente quedó plasmado el miércoles 2 de junio de este año en uno de los tantos pasquines cibernéticos que pueden encontrarse en la web, el Diario Pregón de La Plata, que está regido por una consigna del papa Pío X, “Omnia instaurare in Christo”, enarbolada por los sectores integristas del catolicismo, deseosos de “instaurar todo en Cristo”. Este sitio digital exhibe una “visión nacional y católica” de la realidad argentina y mundial, y anuncia que ejerce un “periodismo independiente”.
Esta increíble reivindicación del primer golpe de Estado que sufrió la Argentina en el siglo pasado y la sugerente equiparación del segundo gobierno de Hipólito Yrigoyen con el de Cristina Fernández encierran un entramado de símbolos y discursos que revitalizan el autoritarismo que hace ochenta años irrumpió en la vida de los argentinos y que en la actualidad sigue manifestándose de múltiples maneras: pedidos de “mano dura” y “tolerancia cero” para combatir la “ola de inseguridad” y los “derechos humanos sólo para los delincuentes”; criminalización de la protesta social; cuestionamientos a los juicios contra el terrorismo de Estado; difusión de versiones “procesistas” para analizar la violencia política en la década del 70.
Sectores minúsculos de la sociedad que se resisten a la vida democrática continúan con la exaltación de las diversas dictaduras que asolaron al país. Tal vez los más notorios sean los defensores del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”, con la figura saliente de Cecilia Pando y su Asociación de Familiares y Amigos de los Presos Políticos de Argentina (Afyappa), una versión remozada de Familiares y Amigos de los Muertos por la Subversión (Famus), la agrupación que acosó al gobierno de Raúl Alfonsín con sus posturas antidemocráticas, enardecida por el Juicio a las Juntas Militares. Pero también sobreviven aquellos que cada 16 de septiembre se congregan en el cementerio y la iglesia del barrio porteño de Recoleta para recordar los tiempos de la “Revolución Libertadora” y seguir llamando “dictadura” a los dos primeros gobiernos peronistas.

 

 

 

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