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La Revista

EL FONDO Y EL PÉNDULO

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Por María Seoane. Directora de Contenidos Editoriales

Se cumplieron 62 años desde que la Argentina ingresó en el FMI. Ocurrió en 1956. Los militares golpistas dirigidos por Pedro Eugenio Aramburu, que habían derrocado a Juan Perón en 1955, pagaron su cuota de 37,5 millones de dólares para ser socios del sistema financiero internacional que despuntaba como ariete de la concentración capitalista de posguerra bajo la hegemonía del imperio vencedor, los EE.UU. Un año después, el gobierno de Arturo Frondizi, con su ministro de Economía, Adalbert Krieger Vasena, tomó el primer préstamo de 40 millones de dólares. La historiadora Araceli Bellotta señaló: “El plan consistía en el despido del 15% de los empleados públicos, la postergación de las obras públicas, el aumento del 150% en tarifas de transporte, el despido del 15% del personal ferroviario y la eliminación de ramales, el aumento de las tarifas eléctricas y del 200% del precio del petróleo, la eliminación de los controles de precios, el congelamiento de salarios por dos años y la liberación del valor del dólar”.

La historia se repitió siempre: en 1959, con Álvaro Alsogaray como ministro de Economía, a lo que se sumó el saqueo en las jubilaciones; en 1967, con Vasena como ministro del dictador Juan Carlos Onganía; en 1976, con la dictadura de Videla y su ministro Martínez de Hoz desde el Estado terrorista; con Carlos Menem en el festival de deuda y saqueo de los 90; con Eduardo Duhalde en 2002. Bellotta señaló: “Entre 1958 y 2003 la Argentina se endeudó con el FMI por 22.681,94 millones de dólares, con el costo de desocupación, flexibilización laboral, recesión, congelamiento de salarios y jubilaciones, aumento de la edad jubilatoria, cierre y extranjerización de empresas nacionales, paralización de la producción nacional e incremento de la pobreza”.

La Argentina, si fuera la protagonista del famoso cuento de terror de Edgar Alan Poe, “El pozo y el péndulo”, podría escribir ya esta confesión: “Larga y sin piedad es la tortura aquí por la sed de saqueo insaciable que se repite, una y otra vez lanzada a este pozo inundado de sangre bajo el terror del péndulo sobre mi cabeza sin que sepa si mi destino es la decapitación o el ahogo, el empalamiento o la esperanza de huida por azar o por una guerra al fin ganada a la muerte”. Fueron los gobiernos liberales o neoliberales los que activaron el péndulo, con o sin sangre. Porque en 1965, el radical Arturo Illia se negó a endeudarse. En 1973, Perón y su ministro José Ber Gelbard tampoco lo hicieron. La muerte del líder del peronismo en 1974 y la llegada de Isabel, López Rega y su ministro Celestino Rodrigo reiniciaron el péndulo: fue la crisis que antecedió al golpe de Estado más sangriento y de mayor endeudamiento de la historia. En 1983, Raúl Alfonsín batalló contra la deuda externa pero no la detuvo. Después de la brutal crisis de 2001, protagonizada por Cavallo, De la Rúa y Sturzenegger, en 2006 Néstor Kirchner saldó con reservas del Banco Central el total de la deuda acumulada desde 1976 con el FMI por 9.800 millones de dólares. Kirchner terminó en 2008 con superávit fiscal, aumento en las reservas, disminución a menos del 10% de la desocupación, que superaba el 20%, el retroceso de la pobreza, que había llegado a superar el 55%, un crecimiento económico entre el 7 y el 9% y una reducción del 50% de la deuda externa. Esa línea fue seguida por Cristina Fernández de Kirchner. Pero los fondos buitre declararon una guerra sin cuartel con la Operación Nisman como ariete de su task force. El hiperendeudamiento del gobierno de Macri por 50 mil millones de dólares corresponde a esta fase de saqueo de recursos naturales: la consecuencia es siempre un padecimiento social sin fin, la apropiación privada del Estado y su traspaso al activo de las grandes corporaciones; la destrucción de los derechos conquistados y una guillotina sobre futuro. El “nuevo fondo” explicita ahora una cuota de decisión política: el populismo debe ser exterminado. La mano del general francés napoleónico que finalmente salva de la Inquisición al protagonista del cuento de Poe puede identificarse con los gobiernos nacionales y populares o populistas que intentaron salvar a la Argentina del saqueo. Como si fuera necesario regresar a ellos cuando se busca terminar con el terror. Cuando se quiere volver al futuro.

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