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La Revista

Dos, tres… muchos polos industriales

La constitución de polos productivos es una tendencia creciente en el país, que busca mejorar la oferta de bienes y servicios, reduciendo costos. Pero a la vez, es una excelente opción para combatir el desempleo y desarrollar cadenas de valor.

Por Carlos Boyadjián
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Las crisis también abren oportunidades, enseña un antiguo proverbio chino. Vaya si los argentinos sabemos de esto. La habilidad para el rebusque, la capacidad de adaptación a viejos y nuevos desafíos y hasta un cierto “aventurerismo” son un componente vital del ADN argentino. Pero al destino y a los golpes de suerte también hay que saber ayudarlos, diría una abuela consejera.
El 28 de diciembre de 2001 el país estaba en llamas, la actividad económica se encontraba virtualmente paralizada y Adolfo Rodríguez Saá vivía las últimas horas de su efímera presidencia (semanal).
A escasos kilómetros de la Casa Rosada, en la localidad de Jáuregui (partido de Luján) la crisis se había devorado lo que en su momento fue Algodonera Flandria, un complejo textil modelo en el país, que había llegado a emplear a dos mil trabajadores. Todo eso era pasado. Sólo quedaba una empresa en quiebra, un galpón cerrado y algunas máquinas en su interior. Ah, y una bandera roja de remate en su fachada.
Ese 28 de diciembre de 2001 la sala del Centro de Rematadores se hallaba atestada de gente, deseosa de comprar bienes valiosos por “chaucha y palitos”. Los inmuebles no cotizaban gran cosa porque, en ese contexto de debacle, no había potenciales compradores. En el mejor de los casos, para los oferentes el negocio era comprar barato, desguazar lo que había dentro de los galpones y hacer una diferencia.
“A nadie se le ocurría comprar todo para poner una industria. Recuerdo que el mejor proyecto que se barajaba para Flandria era la construcción de una cárcel. Oferté, compré y listo, pero ahí comenzó otra historia”, rememora Carlos Diforti, propietario de la textil Algoselan y hoy también presidente del Parque Industrial Villa Flandria.
Algoselan es una pyme que en ese momento tenía sólo una planta en el partido de San Martín. Con la compra, Diforti abrió otra fábrica en las instalaciones de Luján y la firma pasó a llamarse Algoselan Flandria. En 2003 se inauguró el Parque Industrial Villa Flandria, con sólo dos empresas. Hoy hay 23 firmas instaladas en el predio.
“Nuestra idea del parque industrial surgió porque el pueblo venía del cierre de Algodonera Flandria, había dejado a dos mil personas en la calle, y había una gran necesidad de trabajo. A poco de comprar se formaban colas de 600 personas en la puerta del galpón para pedir empleo, pero nosotros, con suerte, podíamos tomar unas 200 personas”, explica el empresario.
Esta historia particular es todo un símbolo de la Argentina profunda y productiva. “Donde funciona un parque industrial, no hay desocupación”, confiesa Diforti, al recordar su propia experiencia. En la práctica, uno de los factores que analizan las empresas antes de instalarse en un polo industrial o relocalizar una planta es la disponibilidad de mano de obra. Recién después piensan en infraestructura y servicios.

 

PROYECTOS COLECTIVOS
Consciente de esta realidad, el gobierno nacional lanzó en junio el Programa Parques Industriales del Bicentenario, que tiene un presupuesto de 52 millones de pesos (30 millones no reintegrables y 22 millones en créditos blandos). También se harán obras de infraestructura (redes de gas, electricidad y agua), y se construirán rutas y accesos. El objetivo es incentivar la radicación de empresas en parques industriales.
“Hay una decisión estratégica de dotar a los parques industriales de infraestructura y servicios para que las empresas tengan mejores condiciones para la transformación y la agregación de valor a nuestras materias primas”, señaló durante la presentación del programa la ministra de Industria y Turismo, Débora Giorgi.
Las preguntas que subyacen, sin embargo, se relacionan con el criterio a utilizar para asignar las obras, y especialmente con que los parques industriales son territorio de las provincias y no de la Nación. Habrá que ver, entonces, cómo se terminan de anudar la asistencia financiera y los incentivos para las empresas.
En el país funcionan 235 parques industriales (públicos, privados y mixtos) y hay otros 59 en construcción. Allí se asientan unas 6.500 empresas, que en conjunto emplean a más de 200 mil trabajadores. Por otra parte, existen numerosos clusters, que son agrupamientos en un mismo territorio o una zona geográfica cercana de empresas vinculadas a una misma actividad (producción y servicios vinculados).
Al respecto, por citar sólo algunos ejemplos, hay que recordar el cluster foresto-industrial de la madera en Misiones, el polo pesquero en Mar del Plata (también hay un Parque Industrial Pesquero en Puerto Madryn), una concentración de empresas textiles en Pergamino o el cluster del calzado en una zona de Ruta 3.
Consultado sobre las ventajas de estos polos industriales, Dante Sica, titular de la consultora Abeceb.com y ex secretario de Industria de la Nación, destacó que “los parques industriales son una buena alternativa, en especial en el Conurbano bonaerense donde no hay disponibilidad de tierras para instalación de industrias”. El economista recuerda que 60 por ciento de las fábricas en el GBA están fuera de zonas industriales, y cada vez más hay colisión de intereses con la población vecina, por el avance de la trama urbana.
Para la instalación o relocalización de empresas en este tipo de predios los municipios o las provincias suelen otorgar ciertos beneficios fiscales como la exención por un tiempo de la tasa de seguridad e higiene o el impuesto inmobiliario, la reducción en la alícuota de ingresos brutos, u otros.
Pero la tendencia creciente es promover el desarrollo de estos polos productivos a aportando infraestructura (redes energéticas, caminos, servicios bancarios, logística, depósitos fiscales) que permita a las empresas radicadas ganar eficiencia, compartiendo gastos.
“Para los municipios y las provincias los parques industriales son un buen ordenamiento territorial, y cada vez se ven más como un factor competitivo de las empresas”, afirma Sica. Pero no hay una regla para todos.
Sica explica que “si una empresa está más volcada al mercado interno suele buscar cercanía con grandes centros de consumo, o disponer de mano de obra, pero si la actividad está más orientada a la exportación, tendrá que estar cerca de los puertos y tener buenas vías de transporte de carga”.
El futuro va en este sentido. Hace poco la Ford destinó una parte de su predio de Pacheco a la construcción de un parque industrial para que allí se instalen sus proveedores. Una señal de que el cambio llegó para quedarse.

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