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La Revista

CRÓNICAS: LA VIDA EN LA VILLA OLÍMPICA

Para los atletas, compartir la vida en la comunidad olímpica es casi tan importante como la misma competencia. Dos semanas conviviendo entre la elite del deporte mundial.

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Río 2016
Villa Olímpica
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Por Pablo Orsi. Suena el despertador. Se sienta en la cama y la expectativa no lo deja ni bostezar. Entrenado para no bajar los brazos y ningunear a la lluvia, el frío o el calor, el atleta va. Llegó el día de darle la chance al sueño de ser realidad. Salvo quienes caminan iluminados por los medios, la mayoría transpira custodiado por la sombra durante cuatro calendarios para competir –a veces– algunos segundos. La escena se repetirá en Río de Janeiro como ocurre desde Atenas 1896. Existe un podio no reconocido abiertamente, ese que trata de develar al hombre más rápido del mundo, a la estrella absoluta de la competencia y al país más recaudador de medallas. Esas serán las verdaderas vedettes. Y todos dormirán en el mismo lugar: la Villa Olímpica. Sólo habrá algunas excepciones que prefieran el refugio de un hotel con sobredosis de estrellas o la intimidad de un departamento. “En Londres 2012 los integrantes del equipo de básquet de Estados Unidos fueron apenas un rato de visita y todos los atletas del mundo los persiguieron para pedirles fotos y autógrafos. Es lógico que no hayan querido quedarse, era imposible. No tiene que ver con la elite, porque Michael Phelps y Usain Bolt estaban, pero sí con la popularidad. Los vuelven locos”, describe con claridad Sebastián Simonet, símbolo del seleccionado argentino de handball que vivirá la segunda experiencia en la gran cita del deporte ¿Qué puede tener de atractivo para un millonario la convivencia multitudinaria, servirse la comida en una bandeja y sentarse a comer con miles de personas en un comedor del tamaño de una cancha de golf? Hay historia, tradición y camaradería. A todos los une una vida dedicada al deporte y los sueños de metales preciosos: oro, plata y bronce. Hay ejemplos que contrastan con algunos NBA. Rafael Nadal, uno de los mejores tenistas de todos los tiempos, enfatizó en una conferencia: “La convivencia en una Olimpiada es una de las mejores experiencias que tuve en mi vida y no comprendo los Juegos sin estar ahí”.

Cuando Lionel Messi pisó Beijing, en 2008, todavía no era un rockstar pero ya había ganado dos Ligas de España y dos Supercopas con Barcelona. Su popularidad le aseguraba estar entre los más requeridos para una foto y el bajo perfil lo invitaba a la incomodidad. De todas maneras, el ex nadador José Meolans reveló: “Lío estuvo unas horas y me dijo que estaba entusiasmado con la idea de quedarse por el clima que se vivía pero no pudo por los traslados, le quedaba muy lejos”.

¿Y cómo es el lugar? Cada vez menos parecido a aquel humilde complejo de cabañas de madera que se inauguró en París 1924. Un poco obligados por los 3.075 atletas de 44 países que llegaron a la cita y otro por el fracaso organizativo que le habían adjudicado en la edición de 1900, nacía en la Ciudad de la Luz el concepto de Villa Olímpica como se la conoce en la actualidad.

A contramano del famoso derroche presupuestario que suele ostentar Estados Unidos en la industria cinematográfica, los Juegos de Atlanta 1996 ofrecieron algunas deficiencias. “El tema es que no se construyó una Villa y lo que se hizo fue adaptar una universidad. En algunas habitaciones eran muchos para dormir y los baños eran compartidos. No fue lo más cómodo. Los otros tres en los que me tocó estar (Sídney, Atenas y Beijing) fueron un lujo”, destacó Meolans.

En Río 2016 será un enorme complejo en Barra da Tijuca, con 31 edificios, 5 mil metros cuadrados de espejos de agua, 75 paneles solares para ahorro de energía y una capacidad para 17.950 personas. El grupo de empresas privadas que construyó el condominio se lo presta al Comité Olímpico Internacional (COI) y una vez finalizada la competencia pondrán a la venta los 3.604 departamentos. Los Juegos crecieron. A Brasil llegarán 10.500 atletas de 206 nacionalidades.

Todo lo que rodea a la Villa arrastra cifras grandilocuentes. La alimentación no será la excepción. El cálculo oficial estipula que el comedor servirá unas 60 mil porciones diarias, que representan 200 toneladas de comida. El menú tratará de satisfacer las culturas gastronómicas de más de 200 países al mando de un staff de 20 chefs internacionales. A la hora del postre, Brasil ofrecerá un carnaval de frutas exóticas con más de 40 variedades. Esto no implica que los golosos no puedan tentarse con un permitido.

“Seguíamos a los atletas para ver qué comían. En Londres teníamos un McDonald’s y queríamos saber quiénes iban ahí para no sentirnos tan mal”, confiesa entre risas Simonet. El consumo de carne genera a veces preocupación. En algunos países el ganado es alimentado con esteroides, entre ellos el clembuterol, que puede provocar positivos en los controles antidoping.

CHOLULAJE DEPORTIVO

Los lentes de las cámaras captarán del 5 al 21 de agosto alegrías y lamentos, con 306 medallas en juego distribuidas en 136 pruebas femeninas, 9 mixtas y 161 masculinas. La convivencia de tantas personas con una revolución de adrenalina genera fantasías sobre lo que sucede adentro. Sobre todo cuando desde la organización anuncian que repartirán 450 mil preservativos entre atletas y entrenadores (un promedio de 25 por persona). “Hay mucho mito en relación a la festividad. Quizás vos leés que se agotaron los preservativos en el expendedor y tampoco es que un deportista va a tirar por la borda tanto tiempo de trabajo. Es difícil pero después te aparece Bolt en una foto con tres suecas y vos decís ‘opa’”, reflexiona Meolans con ironía.

“De repente me encontré jugando al póquer en la habitación con Emanuel Ginóbili, Luis Scola y Andrés Nocioni. ¿En qué otro contexto que no sea una Villa Olímpica te puede pasar eso? Para nosotros era Disney. Todo nuevo. No soy muy cholulo pero me saqué una foto con Kobe Bryant y otra con Ginóbili”, relató Simonet.

Ana Gallay, nacida en Entre Ríos y radicada en Mar del Plata, representará a la Argentina en vóleibol playa. “En Londres me pasó caminar con total naturalidad al lado de muchos que sólo veía por televisión y decía ‘mirá donde estoy’. Desde la disciplina que practico todo se valora el doble. Cuando empecé a jugar no estaba desarrollada en nuestro país. Jugué la Continental Cup y ni sabía que nos podía clasificar a los Juegos, imaginate la improvisación que había”, retrató Gallay.

El transporte y la ubicación también resultarán vitales. Habrá 32 sitios de competencias, distribuidos en cuatro regiones de la ciudad: Barra, Deodoro, Maracaná y Copacabana. Desde Brasil aseguran que nadie deberá viajar más de 45 minutos. Lucas Vila, a quien denominan el “Messi” del seleccionado de hockey sobre césped, hace hincapié en la organización: “Londres fue impecable y eso está bueno también por los familiares que te van a ver. Estaba tranquilo de que iban a llegar sin problemas al estadio. Ojalá se pongan las pilas, pero somos sudamericanos y el tema organizativo no va mucho con nosotros”.

Para otros será la primera vez. La sanjuanina Viviana Chávez es una de las tres maratonistas argentinas y hace apenas seis años que corre. “Valió la pena tanto esfuerzo y sacrificio. Dejé muchas cosas de lado. Me olvidé de cumpleaños, salidas y amigos. Me gustaría correr al menos 100 metros junto a Genzebe Dibaba (etíope elegida la mejor atleta del mundo en 2015) y sacarme una foto”, dijo todavía incrédula.

La Villa más deseada será la casa donde descansen los sueños de medalla. En 2012, 3.600 millones de personas en todo el planeta siguieron la transmisión al menos un minuto por televisión, más de la mitad de la población mundial. Los ojos estarán posados por primera vez sobre Sudámerica, que ya se ganó un lugar en la historia.

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