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La Revista

ALICIA EGUREN-Revolucionaria Desobediente

Su vida fue intensa y apasionada. Peronista desde la cuna, fue consecuente con su tiempo y se nutrió de la experiencia cubana para abrazar la causa setentista.

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Eguren

Por Roxana Sandá. La imagen es poderosa. Una filósofa universitaria veinteañera se cruza con uno de los referentes políticos de la época. El ardor del debate en el Centro Universitario Argentino, que dirige Ricardo Guardo en 1946, descubre a Alicia Graciana Eguren Vivas en una conferencia del diputado John William Cooke sobre temas de geopolítica y economía nacional. Constituye el acto iniciático y premonitorio de la pareja que aún no es pero será por prepotencia de la historia o acaso porque Alicia sigue con intensidad los devenires del que definió como el hombre de su vida.

Al principio fue la inquietud. Tras el nacimiento de Alicia, el 11 de octubre de 1925 en la provincia de Buenos Aires, sus padres, el contador Ramón Eguren y la química farmacéutica Herculina Vivas, deciden echar raíces en Boedo.

Alicia, más que su hermana menor Martha, se inclina por la complicidad paterna pero admira a su madre, rara avis con título: entre 1916 y 1920 sólo ocho de cada cien universitarios eran mujeres. La niña crece al cobijo de los debates, las discusiones sobre el rosismo y el nacionalismo católico, y junto a libros que amplifican la biblioteca de alumna brillante durante el secundario en la Escuela Normal N° 6 “Vicente López y Planes”.

“Me crié en medio de ese clima antimitrista y popular y ya a los catorce años me interesaba la política”, la cita María Seoane en su libro Bravas. “Cuando apareció Perón, mi padre y yo no necesitábamos hablar. Nos hicimos peronistas antes de que existiera la palabra.”

La escritura es casi la consecuencia de esa mirada (de ojos color miel, dirán quienes la conocieron) que lo abarca todo para transformarlo en poesía, ensayos y producción periodística. Hasta que una patota de la ESMA se la llevó el 26 de enero de 1977, de día y en pleno Boedo, “la Flaca” siguió escribiendo poemas y precisando apuntes en borradores de futuros documentos. “Enérgica, de fuerte carácter, se entregaba a la lucha con pasión, dándolo todo sin pedir nada”,recuerda Norberto Galasso. “Si algo pudo criticársele alguna vez fue, precisamente, pecar de voluntarismo y orillar posiciones de ultraizquierda que su compañero, John William Cooke, se esforzaba por contener.” En vano, podría agregarse. Su vida entera será un acto de rebeldía militante que la impulsa en las protestas escolares cuando se une a la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios; en su decisión de militar y graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras contra la voluntad de su familia, y en los talleres de escritura que dicta en barrios populares. No le importa lo que otras y otros piensen de su andar, sus decires y sus rumbos. Aunque desde 1955 hasta el vuelo de la muerte que la arrojó al Río de la Plata, el tiempo de la historia nunca haya dejado de apremiarla.

EL AMOR Y LAS REJAS

“Anarquista virulenta de excelente oratoria. Hablaba y echaba fuego. Sin quererlo o sin saberlo, ella recogía y actuaba los aspectos más contestatarios del peronismo”, la describe Emilio Corbière. “Yo la vi por primera vez en un acto en

el Sindicato de Alimentación, posiblemente en el 68. Desde arriba del escenario lanzaba rayos. No se sabía si estaba diciendo un discurso o maldiciendo a Satanás.” Cuatro libros de poesía y una obra de teatro distan desde 1949 hasta su casamiento, en 1953, con el diplomático Pedro Catella. Viajan a Londres, ella como segunda secretaria, y tienen a un único hijo que llevará el nombre del padre. La pareja se separa al poco tiempo, y Alicia retoma en Buenos Aires la actividad política hasta los bombardeos del 55. Seoane describe que “lloró sin consuelo y maldijo con la rabia de los vencidos aquel mediodía del 16 de junio de 1955, cuando las bombas de la aviación naval llovieron sobre Plaza de Mayo, mutilaron los cuerpos de hombres, mujeres y niños y abrieron un abismo de sangre en la historia argentina”. Cooke será la brújula insurrecta para seguir resistiendo. “El 16 de junio, a partir de la masacre en la Plaza de Mayo, lo busqué para ponerme a su disposición. Estaba segura de que él era hombre de pelea. Lo encontré gracias a José María Rosa. Él estaba prófugo ya que se había pedido su captura porque era delegado de Juan Domingo Perón, hasta que lo descubren y lo llevan a Ushuaia.” Tres meses después ocurren el derrocamiento de Perón y las sucesivas detenciones de la pareja. Alicia termina en la cárcel de mujeres de Olmos. En 1957, Cooke protagoniza una fuga espectacular a Chile y Alicia viaja a Caracas para presentarle al General un informe de la situación argentina. A su regreso se casan, y John, de nuevo en prisión, le escribe a Perón: “Nuestro matrimonio sigue el ‘factótum’ de nuestra extraña relación: nuevamente estamos presos, después de una luna de miel de exactamente siete días. Estamos acostumbrados a la persecución. Así que esto no nos hace mella”.

EL AMOR Y LA LUCHA

Enero de 1959. Cooke apoya la ocupación del frigorífico Lisandro de la Torre y la huelga general, pero deja de ser el delegado de Perón. En Cuba triunfa la Revolución, hecho potente y posible para ese peronismo que ambos anhelan como futuro de una clase obrera capaz de reconstruirse a sí misma. Abrazan la causa, se incorporan en las milicias, Alicia instruye en escuelas de formación. Fidel es su jefe. Y el Che, su amigo. “Yo comprendía su pedagogía en carne viva”, dirá ella. Y mientras tanto profetiza “Perón vuelve”. En octubre de 1963, Alicia y John están en Buenos Aires creando la Acción Revolucionaria Peronista para conformar una vanguardia con sectores obreros que motorice la insurrección popular. En 1967 regresan a Cuba encabezando la delegación argentina que participa de la Conferencia Tricontinental. John muere el 19 de septiembre de 1968, a los 48 años, y Alicia exorciza el dolor con una militancia desbordante que manifiesta en su “Carta abierta al General Perón”, del 4 de octubre de 1971. “Considere, General, que mi lealtad, que ha sido jamás enturbiada, es la lealtad a la revolución. Por ella combatirá un pueblo.” Se identifica con la idea de alternativa independiente de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), y más adelante estrecha vínculos con el Partido Revolucionario de los Trabajadores, el Peronismo de Base y el Frente Revolucionario Peronista. Entiende como pocos el valor de esa izquierda peronista compuesta por jóvenes. “Hay un peronismo revolucionario, en desarrollo, al cual se suman nuevas generaciones de muchachos y muchachas que se acercan al movimiento por su identificación fundamental con la lucha del movimiento obrero, contra el sistema y contra sus burocracias.”

Ana María Martí, ex detenida-desaparecida en la ESMA, la menciona en su testimonio. Había sido la primera persona que conoció detenida en Capucha. Dice que la escuchaba repetir: “Dios mío, esto es un genocidio”. En la letanía delirante de la tortura, Alicia Eguren estaba construyendo una vez más la narración de un país inminente y silenciado. En un poema que lleva su nombre, Alfredo Carlino la recuerda: “No pudieron perdonarte la desobediencia y el grito,/ el cantar y la bandera./ Ibas en las entrañas mismas del combate de un pueblo desaliñado en las creencias”.

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