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La Revista

ALICIA EGUREN O LA VIDA EN VERDE

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Por María Seoane. Directora de Contenidos Editoriales

Muchos creyeron que ella existió por la luz que proyectaba su gran amor, John William Cooke. Que la potencia de ese intelectual tremendo, que pensó el poder y la revolución desde el peronismo quizá como ninguno, como un Gramsci criollo, iluminaba a Alicia Graciana Eguren Vivas y la proyectaba a la política. No fue así aunque también fue así. Como mujer rompió los moldes de la época, se entregó a los cambios culturales –en plazas y alcobas– detonados en los años 60 y 70 del siglo XX y, también, se enroló en el peronismo pero partió hacia los movimientos revolucionarios paridos en el corazón de Latinoamérica. Y fue una madre inconstante; una amante fiel que apostó al amor libre; una doctora en Filosofía y escritora sin más rastros visibles que libros de poesía olvidados y apuntes militantes; una guerrillera seductora, apasionada, bella y potente, compañera y esposa de Cooke y lugarteniente política de Ernesto “Che” Guevara en Cuba y después de su muerte, como continuadora de sus pasiones revolucionarias en la Argentina. Capaz de tener amantes sin traicionar a Cooke. Su pareja con él fue libre y profunda. La relación entre Alicia y John fue “de herejes”, de “excéntricos” y se consolidó en la clandestinidad. Alicia había nacido el 11 de octubre de 1925 en el seno de una familia de profesionales que adhería a un nacionalismo de raíz rosista y católico. Ella fue nacionalista en los años 50; profesora de Filosofía y de Letras, editora de revistas. Y escritora. Casada con Pedro Catella, cónsul de Perón en 1948 en Londres, Alicia devino la diplomática más joven de la historia: tenía 23 años cuando tuvo a su único hijo Pedro Gustavo. Cuando en 1955 se emparejaron con Cooke, ambos huían hacia la clandestinidad producto de la persecución luego del derrocamiento de Perón. Exilio, revolución, amor, pensamiento. Creencias en que el peronismo sería revolucionario o no sería. Así se soldó la vida de esta pareja tremenda de la historia nacional. Cooke fue detenido en octubre de 1955. Hasta fines de 1957 deambuló por distintas cárceles del país, cuando se produjo la espectacular fuga a Chile desde Río Gallegos, provincia de Santa Cruz. En aquel tiempo, también Alicia conoció la cárcel. En noviembre de 1956, Perón designó a Cooke como su delegado y “heredero”. Alicia y John compartieron la resistencia y todos los avatares del peronismo en el llano. El pacto Perón-Frondizi los alejó del líder exiliado. Cuba fue el nuevo faro revolucionario de América. Allí viajaron, a trabajar con el Che. Cooke escribió los mejores textos de su pensamiento político en esa clandestinidad obligada hasta su muerte en 1968. A partir de entonces, Alicia publicó todos los escritos de Cooke y tomó un derrotero más radical. Se identificó con las Fuerzas Armadas Peronistas, el Peronismo de Base, con el Movimiento Revolucionario 17 de Octubre y el Frente Revolucionario Peronista, grupos que, a diferencia de Montoneros, asumían definiciones marxistas. Siguió vinculada al movimiento obrero a través de la CGT de los Argentinos. Y a las guerrillas peronistas de Montoneros y FAP y guevarista del PRT-ERP más tarde, pero fue crítica del militarismo que debilitaba la lucha política que prefería. Alicia, esa mujer sola pero multitudinaria, tomó una decisión tremenda a fines de 1975. Madre y militante, llevó a su hijo a Cuba para protegerlo pero regresó en vísperas del golpe militar de 1976 para continuar la lucha contra la dictadura a pesar de saber que su vida estaría para siempre en riesgo. Fue secuestrada en enero de 1977, llevada a la Escuela de Mecánica de la Armada, torturada, engrillada y luego asesinada en un vuelo de la muerte en abril de ese año. Era una mezcla perfecta entre Simone de Beauvoir, Eva Perón y Rosa Luxemburgo, dijeron de ella. Vale recordarla para el tiempo verde por venir.

 

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