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La Revista

246 años de Manuel Belgrano

Fue mucho más que el creador de la bandera argentina. Inteligente, culto, generoso y valiente, dejó todo para ayudar a un país en formación. El 3 de junio se cumplen 246 años de su nacimiento.

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Podía haber tenido una vida tranquila, ya que había nacido en una familia de criollos acomodados, que lo envió a Europa a estudiar abogacía. Pero su fuego interno lo llevó por caminos arriesgados, desde los que dejó una huella indeleble en la historia de la Patria.

Sus primeros años como abogado los dedicó a trabajar en el Consulado, enfocado en la creación de escuelas de oficios. Pero la primera invasión inglesa, en 1806, lo impulsó a sumarse a las milicias para defender la ciudad. Desde entonces estuvo vinculado al devenir político de nuestro país en formación y, cuando todo estuvo dado para la Revolución de Mayo, intervino como vocal. El 16 de octubre de ese mismo año partió hacia el norte, en la Campaña del Paraguay, con la misión de tomar Asunción, que no reconocía la autoridad de la Junta. No lo logró porque el ejército paraguayo era mucho más numeroso, entonces debió replegarse y pidió un armisticio. Por esto fue enjuiciado pero nadie se presentó a declarar en su contra.

Si bien el Primer Triunvirato defendía a las Provincias Unidas a la espera de que Fernando VII fuera liberado por Napoleón, Manuel Belgrano consideraba absurdo que sus soldados usaran distintivos españoles. A comienzos de 1812 persuadió a la autoridad para la creación de una escarapela nacional, que le dio a sus tropas el 23 de febrero de ese año. Cuatro días después llamó “Independencia” a una nueva batería militar y le otorgó el honor de ser la primera en llevar una bandera con los colores celeste y blanco, tomados de la escarapela.

En agosto encabezó una de las más inteligentes estrategias militares de la Independencia argentina: el éxodo jujeño. Nada detenía el avance del ejército español hacia el sur, por lo que decidió aniquilarlos al dejarles un terreno arrasado y, de ese modo, impedirles conseguir comida, caballos y armamento. La población de Jujuy acató la orden de abandonar sus tierras con todos sus bienes y quemar lo que dejaban atrás. Por el Camino de las Postas, llegaron hasta Tucumán. Atrás, el ejército arriaba el ganado y prendía fuego las cosechas y los campos. Cuando Belgrano derrotó al realista Juan Pio de Tristán en la Batalla de Tucumán, lo obligó a retroceder hacia el norte y consiguió reforzar la seguridad de Buenos Aires.

La Asamblea del año XIII lo premió con una gran suma y Belgrano las donó para la creación de cuatro escuelas para la región norte. Ocho años después, el patriota moriría en la pobreza y su muerte pasaba casi inadvertida.

“Hay desnaturalizados que viven entre nosotros y no pierden arbitrios para que nuestros sagrados derechos de libertad, propiedad y seguridad sean ultrajados y volváis a la esclavitud”, dijo sobre las oligarquías locales alguna vez, sin imaginar que esa “grieta” se mantendría hasta nuestros días.

 

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